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Rayan Cherki brilla en Selhurst Park y desata la creatividad en City

Durante una primera parte espesa y llena de frustración para City, el partido pedía a gritos a alguien que lo desatascara. Rayan Cherki aceptó el reto y convirtió Selhurst Park en su propio patio de recreo. A los 23 años, se marchó ovacionado a ocho minutos del final con una hoja de servicios que habla por sí sola: tres tiros a puerta, tres pases clave, tres regates completados y 29 conducciones de balón, recorriendo 2,2 kilómetros. Mucho más que números: fue el dueño absoluto del encuentro.

Crystal Palace jamás encontró antídoto para su talento, especialmente en la jugada de su primer gol. Cherki recibió un pase de Phil Foden al borde del área y, a partir de ahí, todo fue puro instinto. Amagó, recortó, se escurrió entre tres rivales con el balón pegado al pie y, cuando parecía que perdía el equilibrio, sorprendió a Dean Henderson con un toque sutil, casi un punterazo artístico, que se coló en la portería. Una acción que congeló a la defensa y encendió al resto del equipo.

El segundo tanto llevó una dosis de fortuna, sí, pero también la misma determinación. Cherki se perfiló a unos 20 metros de la portería y armó el disparo. El balón golpeó con fuerza en Chris Richards y se desvió de forma decisiva camino de la red. Antes, él ya se había fabricado el espacio, había decidido arriesgar. En apenas cinco minutos, convirtió un partido cerrado en un trámite y sentenció el duelo.

En el plató de televisión, la actuación dejó sin palabras a Jamie Redknapp, excentrocampista de Liverpool y de la selección inglesa, que no dudó en elevar el nivel de la comparación. “Rayan Cherki pintó una obra maestra”, dijo en Sky Sports. Definió su primer gol como “increíble” y subrayó que fue “la diferencia” por el momento en el que llegaron los tantos y el impacto que tuvo en el juego. Redknapp lo calificó directamente de “genio” por lo que es capaz de hacer con el balón, y lo situó en una categoría reservada a muy pocos futbolistas de la Premier League.

Para explicarse, tiró de referentes. Mencionó a Eden Hazard, por ese centro de gravedad bajo y esa capacidad para esconder la pelota y sacarla disparada hacia la esquina. Y recordó a Georgi Kinkladze, ídolo de otra época en Manchester City, capaz de regatear rivales “en una cabina telefónica”. A ojos de Redknapp, Cherki se mueve en ese mismo territorio de fantasía. Un “jugador hermoso”, dijo, para el que hay que hacer una excepción dentro de la estructura rígida que tanto aprecia Enzo Maresca: con él, hay que aceptar su libertad.

Libertad y Estilo de Juego

La palabra se repite: libertad. Como Guardiola, Maresca quiere que City someta a los rivales a través de la posesión, pero su libreto abre más el campo, apuesta por la amplitud real y por los duelos individuales. No va a reprochar a Cherki una conducción interminable ni un pase arriesgado. Ya vivió el francés el otro lado de la moneda cuando, la temporada pasada, un centro de rabona que acabó en asistencia para Foden ante Sunderland provocó la bronca pública de Guardiola.

Con libertad, Cherki se convierte en un finalizador de partidos, en un futbolista que decide. No siempre le saldrá, es evidente, pero City necesita precisamente eso ante rivales que se encierran en bloque bajo y se resignan a aguantar el chaparrón. Es el tipo de jugador que abre puertas donde el resto solo ve muros.

Su primera temporada en City ya fue notable, pero dejó la sensación de que podía haber dado todavía más. Guardiola lo dosificó al máximo: solo 19 titularidades en Premier League y apenas cuatro en la Champions League. Aun así, Cherki cerró el curso con 25 goles y asistencias combinados, una cifra impresionante teniendo en cuenta la rotación constante y las exigencias posicionales del técnico catalán.

El precio de jugar con Guardiola fue la camisa de fuerza táctica. El canterano de Lyon debía permanecer abierto, clavado a la banda o en una zona concreta del campo. Si se metía por dentro demasiado pronto o perdía la pelota en una zona “prohibida”, se rompía el mecanismo de pases que el entrenador había diseñado al milímetro. Guardiola lo explicó a su manera tras aquel partido ante Sunderland: dijo que había aprendido de Lionel Messi a no equivocarse en las cosas simples, y que eso era lo que exigía. Con esa mentalidad, Cherki nunca iba a ser el arquitecto principal del equipo.

Maresca ha roto ese molde desde el primer día. Su primera decisión de calado fue mover a Cherki al carril central, por detrás de Erling Haaland. Desde ahí, le pide que invente entre líneas, que reciba rodeado de rivales y que se convierta en el motor creativo del equipo. Justo lo contrario de lo que quería Guardiola, que prefería limitar sus toques para conservar una estructura rígida.

Eso no significa carta blanca absoluta. Cherki debe trabajar sin descanso cuando el equipo no tiene la pelota, y ante Palace cumplió con nota en su vigilancia sobre Adam Wharton. La diferencia está en la recompensa: Maresca le paga ese esfuerzo con confianza total en los últimos metros. Le entrega las llaves del último tercio, le permite equivocarse si el riesgo merece la pena.

El italiano no está solo en esta corriente. Otros entrenadores de la élite europea han decidido devolver el poder a los talentos más imprevisibles. Khvicha Kvaratskhelia, Michael Olise y Lamine Yamal viven en contextos similares. Luis Enrique ha diseñado en Paris Saint-Germain un sistema fluido que busca aislar a Kvaratskhelia en uno contra uno, y le da libertad para moverse por dentro cuando Nuno Mendes se lanza al ataque desde el lateral izquierdo.

En Alemania, Vincent Kompany adopta un enfoque parecido con Olise en Bayern Munich, mientras Hansi Flick permite a Yamal interpretar los espacios con naturalidad dentro de un Barcelona muy vertical. Junto a Cherki, todos ellos representan el regreso de la individualidad como valor central, impulsados por entrenadores que han decidido proteger al jugador diferente en lugar de limarlo.

Guardiola siempre ha perseguido el control absoluto, y su filosofía ha sido devastadoramente efectiva en Barcelona, Bayern y City. El problema llegó cuando el resto del continente intentó copiar el modelo sin tener ni a los mismos jugadores ni a los mismos entrenadores. En esa ola de imitaciones, muchos espíritus libres fueron desapareciendo del primer plano.

La exhibición de Cherki en Selhurst Park apunta justo en la dirección contraria. Recuerda que el fútbol, cuando se atreve a ser arte y no solo engranaje, emociona de otra manera. Y deja una pregunta sobre la mesa para el resto de la temporada: ¿cuántos títulos puede ganar City si decide abrazar, de verdad, al genio que ha puesto en el centro de su pizarra?