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Jim McGuinness renueva con Donegal para 2027

¿Seguiría o no seguiría? Esta semana llegó la respuesta: sí.

Jim McGuinness ha activado la opción de un cuarto año al frente de Donegal en su segunda etapa como seleccionador senior. No sorprende demasiado. Tiene cuentas pendientes con 2026.

Un verano que dejó cicatriz

El final fue extraño, casi surrealista. El día más largo del año en Croke Park, el sol en lo alto… y Donegal sin chispa. Llevó a Dublin a la prórroga, sí, pero a base de puro esfuerzo más que de energía real. El golpe de gracia lo dio Michael Murphy con un “two-pointer” tardío que forzó el tiempo extra. Un último estallido de orgullo.

Solo sirvió para retrasar lo inevitable. Los Dubs se marcharon en el marcador con cierta holgura y la cámara se clavó en Murphy. La gran incógnita: ¿volverá a pisar el césped de Jones’s Road? A sus 37 años, su futuro con Tír Chonaill sigue en el aire.

Lo que hace tan difícil de digerir esa eliminación es lo que Donegal había construido en los seis meses anteriores. Decir que su salida del campeonato rozó lo increíble no es exagerar. No hace falta ponerse en modo “GUBU” para entender el desconcierto.

La derrota en Ulster ante Down se podía aislar. Uno de esos días. Los de Mourne salieron como si tuvieran que recordar al mundo que su tradición en el juego no es menor que la de nadie. El tropiezo en Letterkenny, incluso, se interpretó como una especie de “mal menor”: evitaba un camino provincial lleno de minas. Lo importante venía después. Donegal era, como poco, segundo favorito para levantar a Sam.

Pocos discutían esa etiqueta.

De la cumbre de marzo al vértigo de junio

El título de liga, ganado con autoridad a finales de marzo, había cambiado el paisaje. Kerry, sin algunos habituales, fue desbordado en Croke Park. David Clifford quedó reducido a dos anotaciones, con un gol tardío cuando Donegal ya había recogido la escalera.

El mensaje era claro: el equipo de Jimmy quería romper el guion, escribir uno nuevo y enterrar el recuerdo de la final de All-Ireland del año anterior, cuando Donegal fue un mero espectador en el foso mientras Paudie Clifford dirigía la orquesta y Kerry tocaba todas las notas correctas.

Aquel día se cuestionó la pizarra de McGuinness. ¿Cómo podía ser superado de esa manera? Él respondió a comienzos de año, con nombre y apellido para sus críticos: solo “un All-Ireland winning manager o un top coach” tenía, a su juicio, legitimidad para poner en duda su capacidad. Jimmy salió a pelear.

En mayo, Killarney se convirtió en su campo de batalla. Donegal ganó el partido y la guerra contra el equipo de Jack O’Connor. Hubo tensión de sobra: McGuinness pareció empujar a Diarmuid O’Connor, Micheál Burns vio la roja y un hombrazo potente de David Clifford encendió la mecha.

La victoria, contundente, casi quedó en segundo plano. Lo que acaparó los titulares fue la entrevista cargada de filo con Tommy Rooney en Newstalk y la posibilidad de una sanción por su comportamiento en la banda. Al final, el CCCC entendió que el árbitro ya había gestionado los incidentes sobre el césped. McGuinness no siguió el camino de Ger Brennan hacia la “sala de no participación”.

Antes del fin de semana de Pentecostés, Donegal ya caminaba con el cartel de máximo favorito al All-Ireland. No había razones aparentes para desconfiar.

Y entonces llegaron dos fines de semana de junio que lo arrasaron todo.

Cork, Down y un depósito vacío

Nadie lo vio venir con esa crudeza. ¿“Flops of the year”? Suena duro, pero el golpe fue así de seco.

Cork, en la recta final en Ballybofey, mostró más fondo físico y mental. Donegal no se pareció en nada al equipo que había desmantelado a Kerry. Los Rebels llegaron con la convicción de que podían hacer daño. Tardaron en arrancar, pero cuando lo hicieron dejaron a los locales sin respuesta.

Parafraseando a Lady Bracknell, perder ante Down podía ser una desgracia; volver a caer en casa ya rozaba la dejadez. Mirando más a fondo, seguro que hay matices, pero el resultado fue el mismo: Donegal llegó a Croke Park sin la chispa necesaria para dar el siguiente salto.

“Nuetros jugadores se estaban quedando sin gasolina y, visto desde fuera, es un misterio”, resumió Brian McEniff al intentar explicar la campaña desde aquella final de liga. Mr Donegal football, tan desconcertado como cualquiera.

Las preguntas se acumulan. ¿Se obsesionó demasiado el equipo con mantener a raya a Kerry? ¿Les drenó demasiada adrenalina aquella batalla bronca en Killarney, energía que habría hecho más falta semanas después? El sorteo los cruzó pronto y el precio se pagó caro.

Desde el All-Ireland de 2025, el balance tiene más apuntes en el debe que en el haber. Eso le escuece a McGuinness, incluso con un título de Division 1 en el bolsillo. Donegal fue brillante ese día, como lo fue en Killarney. El desplome en otros escenarios, en cambio, resultó alarmante. En un campeonato donde el nivel de fútbol fue justamente elogiado, Donegal se quedó en la grada emocional, rumiando su incapacidad para dejar una huella de verdad.

Un último asalto con algo que demostrar

Y por eso Jimmy vuelve un año más. Con algo que probar. Con algo que ajustar.

En 2027, su mirada apuntará sobre todo a lo que pase después de mayo. La liga ya está en la vitrina, varios Ulster también. Lo que ocurra antes servirá para empujar el crecimiento de nombres como Shea Malone, Max Campbell, Turlough Carr o Conor MacCahill. El caso Michael Murphy se resolverá por sí solo con el tiempo.

Las casas de apuestas ya hablan: Donegal figura como segundo favorito para levantar el Sam Maguire en julio. Mayo demostró este año que todo se reduce a saber cuándo lanzar la carrera. Está bien tumbar a un gigante en primavera; el problema llega cuando los trofeos se entregan en pleno verano. Lección dura, pero aprendida.

En lo que podría ser su último curso como técnico intercondal, McGuinness buscará engordar la columna del crédito, frenar los desplomes y presentar un equipo que no se quede sin energía cuando el reloj y la temporada aprietan de verdad.

La presión viene incluida en el paquete. Pero Jimmy lleva demasiado tiempo en este juego como para asustarse ahora.