Gales Deaf: Renacimiento y Desafíos en el Fútbol
En Llandarcy, el viernes 11 de septiembre, no es solo Gales contra Inglaterra. Es la siguiente página de una historia que se niega a quedarse en silencio: la de la selección masculina de Gales Deaf.
De la ilusión al golpe en Turquía
El equipo renació en 2023. Regresó al mapa con fuerza: empate ante Inglaterra y victorias frente a Escocia e Irlanda en sus tres primeros partidos. Un arranque que olía a despegue definitivo.
Pero el impulso se frenó en seco en 2024. La selección viajó a Turquía cargada de ilusión para disputar el EuroDeaf Championships y volvió con un duro baño de realidad: cuatro derrotas en cuatro partidos de la fase de grupos. Sin puntos. Sin consuelo.
Ese torneo lo cambió todo. La Wales Deaf Football Association (WDFA) revisó su estructura interna, remodeló el cuerpo técnico y apostó por un nuevo seleccionador: James Taylor, exdelantero de la propia Gales Deaf.
James Taylor, el delantero que aprendió a escuchar de otra forma
Taylor conoce bien los vaivenes del fútbol. Y no solo desde el banquillo. Fue un jugador experimentado en las ligas galesas, con un sueño claro: ser profesional. Pero la sordera total en su oído izquierdo le cerró puertas.
“Probablemente fue una de las razones que me frenó en el mundo profesional, porque cualquier cosa que venía por el lado izquierdo no la oía”, explicó. Aun así, estuvo muy cerca.
Su historia arranca en el fútbol base, en el equipo local Afan Lido. De los ocho a los 16 años, formó parte de un grupo que lo ganó prácticamente todo. Un gol suyo con el equipo sub-16 ante Swansea City llamó la atención de los ojeadores. De ahí, dos años en el programa de formación juvenil del club, en el viejo Vetch Field.
Su entrenador en aquella etapa era un nombre mayúsculo del fútbol galés: Alan Curtis, al que Taylor define como “una leyenda y un caballero”. En casa, todo encajaba. Su padre era un gran aficionado de Swansea City. El propio Taylor recuerda que nació por la mañana y, esa misma tarde, su padre ya estaba en la North Bank viendo a los Swans. Su ídolo, precisamente, era Curtis. Acabar compartiendo minibus con él en desplazamientos a lugares como Cheltenham o Bristol era un orgullo familiar. Y una anécdota: su padre, encantado, no dejó de hablarle durante los trayectos.
Taylor llegó a debutar con el primer equipo de Swansea, en un partido de West Wales Senior Cup ante Haverfordwest en la temporada 1997-98. Pero cuando parecía que el siguiente paso estaba cerca, una grave lesión de tobillo arruinó su segundo año. El club le comunicó que no le ofrecería contrato profesional.
Le prometieron que, si seguía marcando goles en otros equipos, lo seguirían de cerca. Esos goles, admite, se fueron apagando. Regresó a Afan Lido y más tarde pasó por Port Talbot, Neath y Goytre. El sueño profesional se diluyó, pero el fútbol no.
Hasta que, con 43 años, llegó una recompensa inesperada: su primera de tres internacionalidades con la selección masculina de Gales Deaf.
Un 7-1 que duele… y marca el camino
En febrero de 2026, Taylor se sentó por primera vez en el banquillo como seleccionador. El estreno no podía ser más exigente: Inglaterra, en la sede de la federación inglesa, St George’s Park.
La lección fue dura. Gales cayó por 7-1. “Dolió, y creo que duele más como entrenador. Pero nos dio una referencia clara de dónde estamos como grupo”, admitió.
Ese golpe sirvió como punto de partida para la reconstrucción. En junio, el cuerpo técnico organizó un día de captación de talento en Dragon Park, en Newport. Más de 20 jugadores nuevos acudieron a la llamada.
Taylor salió satisfecho: buena asistencia, caras nuevas, algunos regresos y, sobre todo, un nivel de compromiso que le convenció. Valoró el nivel futbolístico, la capacidad de los jugadores para asimilar conceptos y su actitud. Para él, eran señales de que había materia prima para crecer.
Australia, Italia y la necesidad de competir
El horizonte está claro. Gales, como Inglaterra, quiere estar en la primera Copa del Mundo de la Deaf International Football Association, prevista en Australia en noviembre de 2027. Y, seis meses después, en el European Deaf Football Championships de 2028 en Italia.
Para llegar preparados, Taylor lo tiene clarísimo: el equipo necesita partidos, no solo concentraciones. “No vamos a estar solo de campamento en campamento… Solo en un partido puedes ver de verdad el desarrollo de los chicos y del grupo”, subraya.
En esa línea, Gales disputó recientemente un amistoso ante Newport Corinthians, equipo de la tercera categoría del fútbol galés. Perdieron 6-4, pero el resultado no fue lo único relevante. Lo que más llamó la atención al cuerpo técnico fue la diferencia de ritmo. Los jugadores de Gales no tenían todavía los minutos en las piernas que sí acumulaba un equipo como Newport Corries tras una buena pretemporada.
Taylor sabe que el siguiente examen, este viernes en Llandarcy ante Inglaterra (19:30 BST), será otro salto de nivel. Y no lo esconde: “Necesitamos empezar a hacer ruido, a hacer olas”.
“No estoy aquí para las redes sociales”
El mensaje del seleccionador va directo al vestuario. No quiere adornos, quiere compromiso. “No he asumido este cargo para llenar las redes sociales. Mi objetivo es hacer de Gales una fuerza en el fútbol para personas sordas”, sentencia.
Taylor solo quiere futbolistas entregados al 100% a la selección. No acusa a nadie del pasado, pero sí deja claro que la competencia que está entrando en el equipo debe servir como acicate. Para ganarse un sitio con Gales. Y para crecer en sus propias trayectorias.
Su idea es sencilla, casi obsesiva: ayudar a que cada jugador alcance su mejor versión sobre el césped.
El viernes, en Llandarcy, el marcador dirá una cosa. Pero para James Taylor, la verdadera pregunta será otra: ¿hasta dónde puede llegar este equipo si, por fin, encuentra su propia voz en el fútbol mundial?






