Bournemouth se queda corto contra Newcastle
Marco Rose se marchó del banquillo con sensaciones encontradas. El técnico de Bournemouth vio a un equipo valiente, dominante en muchos tramos, pero condenado por un error final que borró dos puntos de la tabla y enfrió una tarde que había empezado con ilusión y una cálida bienvenida.
“Sobre todo era cuestión de resultado, pero como entrenador también evalúas el rendimiento y en la mayoría de fases del partido fue realmente bueno”, explicó Rose, satisfecho con lo que vio más allá del marcador.
El duelo fue abierto, de ida y vuelta, con ritmo alto y espacios para ambos. Bournemouth supo golpear, generó ocasiones claras y pareció tener el choque bajo control. Hasta que el desenlace se torció.
Un gol que no parecía ni jugada a balón parado
El tanto encajado dejó especialmente molesto al técnico, no por el responsable, sino por la forma: “Para mí hoy ni siquiera fue una jugada a balón parado, porque ya habíamos despejado la situación”, apuntó. La acción, ya aparentemente neutralizada, terminó convirtiéndose en el castigo definitivo.
Rose, no obstante, se negó a señalar a nadie. Prefirió subrayar el paso adelante colectivo: “No quiero culpar a nadie porque vi muchísimas cosas positivas”. El mensaje fue claro: hay errores, pero también una base sólida sobre la que construir.
El entrenador alemán no escondió lo que significó para él su estreno en casa: “Estoy muy agradecido por la cálida bienvenida y aprecio mucho ser el entrenador de este equipo. Fue una sensación realmente bonita dirigir este partido”.
Quiso regalar una victoria a la afición. No llegó. “Como la semana pasada, nos habría gustado presentar a nuestros aficionados un triunfo, pero tendremos que esperar una semana más”, admitió.
Alex Scott, gol, despliegue y rabia contenida
En el césped, uno de los nombres propios fue Alex Scott. El centrocampista firmó el gol de Bournemouth y un encuentro de gran nivel, pero salió con la misma frustración que su entrenador.
“Creo que merecimos ganar el partido. Un error al final nos ha costado tres puntos”, resumió, sin rodeos. Bournemouth tuvo ocasiones para sentenciar. No lo hizo. Lo pagó. “Tuvimos oportunidades para ir y ganar el partido y no las aprovechamos, así que ahora toca agachar la cabeza y centrarnos en Newcastle la semana que viene”.
Scott también destacó la actuación del guardameta rival, Djordje Petrovic, clave para que el resultado no fuera otro: “Hizo unas cuantas buenas paradas, una en un córner muy pronto y algunas en la segunda parte. Probablemente fue un partido igualado, pero fuimos el mejor equipo en el día y seguramente merecimos los puntos, pero ellos aguantaron y lograron su gol al final”.
El sello Rose y la evolución tras Iraola
En lo táctico, Scott ve continuidad, pero también matices en el cambio de Andoni Iraola a Marco Rose: “Es similar, quizá algunos patrones más con balón. Es fútbol de presión alta, fútbol emocionante para los aficionados”.
El centrocampista asume que el proceso llevará tiempo: “Va a llevar unas semanas acostumbrarse. Estamos aprendiendo, es un gran entrenador y tiene un cuerpo técnico de primer nivel, así que hemos disfrutado mucho de estas semanas con él y tenemos muchas ganas de la temporada”.
Su propio gol nació de una de esas ideas: verticalidad, ruptura y llegada desde segunda línea. “Evanilson es muy bueno atacando el espacio y aguantando el balón, y para mí, como ‘ocho’, quiero marcar más goles, así que hacer ese esfuerzo extra para entrar en el área y aparecer en el marcador es importante. Ojalá pueda conseguir unos cuantos más este año”.
Un vínculo fuerte con la grada
Más allá del césped, Scott volvió a sentir el respaldo de una afición que no le ha soltado la mano ni en los momentos más complicados: “Han sido brillantes desde que llegué. Es una gran afición, un club muy familiar. Les debo mucho por cómo me han tratado cuando no estaba en el equipo y cuando volví al once. Tuve una buena temporada el año pasado. Siempre han estado conmigo y han creído en mí, así que fue genial sentir ese apoyo hoy”.
Bournemouth se marcha con la sensación de haber dejado escapar algo que ya tenía entre las manos. El rendimiento invita al optimismo. El marcador, no tanto. La próxima parada es Newcastle. La cuestión es clara: ¿convertirá el equipo de Marco Rose esas buenas sensaciones en victorias cuando la Premier ya no permita más concesiones en los minutos finales?





