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Ascenso soñado de Hull y el duro despertar de Coventry

El ascenso soñado de Hull contrasta con el duro despertar de Coventry

La frase salió con una sonrisa, pero cargada de intención. «Para ser el peor equipo de la historia de la Premier League, no es un mal comienzo de los chicos», lanzó Ollie McBurnie, con un dardo ligero pero certero hacia los críticos de Hull.

Dos partidos, dos victorias. La última, un triunfo tardío en casa de Coventry, con el gol de Liam Millar, que deja a los Tigers viviendo un arranque de ensueño en su regreso a la élite. Si el estreno, derrotando a Manchester United, tuvo algo de fiesta y vértigo, lo del sábado en el CBS Arena fue otra cosa: un ejercicio de resistencia, oficio y fe ante un rival señalado como directo en la pelea por la permanencia. Tres puntos que pesan más que una simple victoria de agosto.

«No sentimos que tengamos que demostrarle nada a nadie. Nadie nos ha regalado la Premier League, nos la hemos ganado», remarcó McBurnie. «Estamos ahí por mérito, merecemos estar ahí, no tenemos nada que demostrar. Ha sido un gran comienzo».

En la grada visitante, el cántico retumbó sin complejos: «we're going to win the league». Exagerado, sí. Pero el entusiasmo es difícil de contener cuando el equipo, al que muchos daban por descendido antes de empezar, se ve segundo en la tabla tras dos jornadas.

Un arranque que desafía los pronósticos

La historia advierte: solo tres equipos descendieron habiendo ganado sus dos primeros partidos en la máxima categoría. Uno de ellos, el propio Hull en la temporada 2016-17. Los otros, Wolves en 2011-12 y West Brom en 2017-18. El recuerdo está ahí, fresco, como vacuna contra la euforia.

Aun así, el presente invita a creer. Este Hull, que muchos descartaron nada más superar a Middlesbrough en la final del play-off de Championship, parece mucho más preparado para el golpeo constante de la Premier.

En Coventry, el equipo de Sergej Jakirovic dio la sensación de estar construido para sobrevivir en este entorno. Semi Ajayi impuso su físico y su lectura en el centro de la zaga, secando a unos Sky Blues que se fueron quedando sin ideas a medida que avanzaban los minutos. Nobel Mendy y Lucas Gourna-Douath dominaron por arriba y por abajo en la medular, y McBurnie fue una molestia constante, bajando balones, chocando, desgastando.

Hull se convierte así en el primer recién ascendido que gana sus dos primeros partidos en nueve años, desde que Huddersfield sorprendiera a Crystal Palace y Newcastle. Aquellos Terriers terminaron salvándose por cuatro puntos en 2017-18. Esa, y no otra, es la referencia que mira Jakirovic: la permanencia, sin adornos.

Lo paradójico es que el plan de Hull no fue brillante durante buena parte del encuentro. Faltó chispa, faltó claridad, hasta que apareció Millar desde el banquillo para cambiarlo todo en el minuto 82. Antes, la escena simbólica la había dejado Mendy: sustituido en la hora de partido, se marchó con las manos al aire y la camiseta sobre la cabeza, mezcla de frustración y ambición herida. El mensaje era claro: nadie quiere salir del campo cuando huele que el partido se puede ganar.

Mientras tanto, Coventry acumulaba posesión —cerca del 70%— pero no encontraba el camino. Cada ataque se estrellaba contra un muro cada vez más convencido. Y cuanto más se desesperaban los locales, más crecía la sensación de que Hull saldría vivo.

«Cuanto más tiempo estuvo 0-0, más presión tenían ellos para ganar. Un empate no era un mal resultado para nosotros», admitió McBurnie. El botín, al final, fue aún mayor.

Coventry, del éxtasis al aviso serio

Para Coventry, el regreso a la Premier tras 25 años se está escribiendo con tinta mucho más amarga de lo esperado. Tanta espera, tanta ilusión acumulada… para encontrarse con dos golpes seguidos que aterrizan al club en la realidad más cruda: esto va a ser una batalla continua.

La derrota por 3-0 en el campo del campeón Arsenal entraba en lo previsible. Lo de Hull, no tanto. Este era el partido marcado en rojo cuando salieron los calendarios: en casa, ante otro recién ascendido, encajado entre la visita al campeón y el viaje al campo del subcampeón Manchester City. El día para sumar, como fuera. No sucedió.

Desde el palco, el propietario Doug King observó con gesto serio cómo el reloj corría y su equipo no encontraba respuesta al mazazo de Millar. Un gol, a falta de ocho minutos, que dejó al estadio helado y a los Sky Blues con la sensación de estar ya a contracorriente en la temporada.

El equipo fue insistente, pero plano. Siete de los once titulares ya habían estado en el 0-0 contra Hull que abrió la campaña pasada en Championship. La diferencia de contexto se notó: donde antes había soltura, ahora apareció nerviosismo. Frank Lampard lo detectó de inmediato.

«Esta temporada siempre iba a ser muy diferente a la pasada, pero noté un poco de tensión, esa calidad en el pase y jugar seguro en lugar de jugar hacia adelante», explicó. «Quizá sea aprensión. No me gusta usarlo como excusa. La semana pasada era válido por el nivel del rival, la ocasión, 25 años fuera y muchos debuts. Hoy no deberíamos usarlo».

Lampard fue directo al punto que más le incomoda: «Es un partido contra un equipo al que nos enfrentamos dos veces el año pasado y terminamos muchos puntos por encima. La Premier League da ese filo y tendremos que acostumbrarnos a ello, y rápido. La lección es no esperar nada en la Premier. Depende de cuánto quieras que esto sea un golpe mental. Quedan 36 partidos, llevamos dos. Depende de cómo quieras reaccionar a las derrotas».

El golpe invisible: la confianza

El contexto no ayuda. Coventry viene de arrasar en Championship con 97 goles en la temporada del título. Esa facilidad de cara a puerta se ha evaporado justo cuando más la necesita. La lesión en el muslo de Haji Wright, que lo mantendrá fuera varias semanas, complica todavía más el panorama ofensivo.

Aun así, los datos históricos ofrecen una rendija de esperanza: diez equipos recién ascendidos perdieron sus dos primeros partidos de Premier League y lograron salvarse, el último Aston Villa en la 2019-20. Pero el problema, ahora mismo, no es solo matemático. Es psicológico.

Ashley Williams, que ascendió con Swansea en 2011, sabe lo que significa encajar estos golpes tan pronto. «Arrasaron en Championship el año pasado y llegaron llenos de confianza a esta temporada. Pero después de dos derrotas todo se vuelve mucho más difícil», analizó en el programa Final Score de la BBC. «Como jugadores, miras la tabla y no es agradable cuando estás abajo. Ver que ya están seis puntos por detrás de Hull es un golpe fuerte. Empiezan a aparecer todas esas pequeñas dudas, así que tienen que ponerse a trabajar y resolverlo rápido, y estoy seguro de que Frank Lampard lo hará. Sin embargo, ir ahora al campo de Manchester City está lejos de ser ideal».

Coventry se asoma a ese viaje con la presión del que ya mira hacia arriba en la clasificación. Hull, en cambio, viaja sobre una ola de confianza que nadie le regaló y que ya ha empezado a cambiar la narrativa.

La pregunta, para unos y otros, es cuánto durará: ¿será este arranque el trampolín definitivo de los Tigers o el recuerdo incómodo de otro espejismo en la élite?