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La odisea de Sabah en Old Trafford: una historia de valentía

En el fútbol, como en la vida, hay jugadas que parten una historia en dos. Para Joy-Lance Mickels llegó en el minuto 39, bajo los focos de Old Trafford, con el marcador en contra y el silencio contenido de los 500 aficionados de Sabah que habían cruzado el continente para estar allí.

Kaheem Parris levantó la cabeza, dibujó un balón alto y tenso hacia el segundo palo de la portería de Manchester United. Allí, solo, sin marca y a un par de metros del gol, esperaba Mickels. Era la ocasión perfecta, el tipo de oportunidad con la que sueña un delantero centro cuando se imagina jugando la Champions League en este estadio. Pero cuando el balón cayó, el remate fue un latigazo nervioso. El cabezazo se abrió hacia fuera. Saque de puerta.

En el banquillo visitante, resignación. En la grada azerbaiyana, manos a la cabeza. Y la sensación inmediata de que Sabah acababa de dejar escapar su billete de vuelta al partido, quizá a una de las noches más memorables de su corta historia. La impresión no engañó: United se asentó, aceleró y acabó firmando un 4-0 que sonó a lógica implacable.

La odisea de Sabah llega a Old Trafford

Para entender lo que significaba esta noche para el campeón de Azerbaiyán hay que remontarse al 7 de julio, cuando el viaje empezó en la fase previa de la Champions League, el mismo día en que Argentina eliminaba a Egipto en los cuartos de final del Mundial. Desde entonces, cuatro rondas a doble partido, cuatro eliminatorias superadas, cuatro nombres tachados: The New Saints, Kuopio, Aarhus y Hapoel Be’er Sheva. Todo para acabar desembocando en Old Trafford, en el partido más grande de los nueve años de vida del club.

Sabah nació en Masazir, una localidad de unos 19.000 habitantes a unos 40 kilómetros de Bakú. En septiembre de 2017, el promotor inmobiliario Yagub Huseynov decidió fundar un club. Siete años después, ese proyecto levantado casi desde cero llegaba a la fase de grupos de la máxima competición de clubes de Europa como vigente campeón de liga y copa, después del doblete firmado la temporada pasada bajo la dirección de Valdas Dambrauskas.

El técnico lituano se ha convertido en una figura casi de culto. Su historia ya había sido contada en la previa: los 725 libras que ganó en 2002 en el concurso televisivo Six Zeros – A Million, la versión de su país de Who Wants to Be a Millionaire?, los invirtió como capital inicial para perseguir su carrera como entrenador. De ese plató a Old Trafford, con un equipo que aún está aprendiendo a caminar en la élite.

Carrick no se guardó nada

El paseo previo sobre el césped fue el primer impacto. Algunos jugadores de Sabah se detuvieron, miraron hacia arriba, giraron sobre sí mismos. La escala del escenario imponía. El once que presentó Michael Carrick lo confirmó: ni rastro de concesiones. Youri Tielemans, Kobbie Mainoo, Matheus Cunha, Bruno Fernandes y Bryan Mbeumo formaban cinco sextas partes de su frente ofensivo de gala. Marcus Rashford descansaba, pero solo para dejar sitio a Benjamin Sesko, titular por primera vez en la temporada.

En el otro área, la referencia era Mickels, internacional por Ruanda este año, autor de 19 goles en la campaña que dio a Sabah el primer título de la Misli Premyer League. Confeso seguidor de United, se plantó en Old Trafford con el sueño de marcar. Antes de que los nervios le traicionaran en esa acción clave, él y sus compañeros podían mirarse con orgullo: 27 minutos sin encajar, presionando alto, ejecutando el plan agresivo de Dambrauskas y reduciendo al mínimo las llegadas claras del conjunto inglés.

Sabah no solo corría, también amenazaba. Ivan Lepinjica, elegante en el rol de mediocentro, se movía con calma entre líneas. Parris, desde la derecha, atacaba con velocidad cada espacio. Faltaba filo en el último toque, la diferencia que sí apareció en el área contraria.

Cunha abre la brecha, United acelera

El primer golpe serio llegó desde la banda izquierda. Patrick Dorgu levantó un centro y Matheus Cunha, atento en el área pequeña, no perdonó. Remate cercano, seco, sin concesiones. Ahí se vio la diferencia de jerarquía: donde Sabah dudaba una décima de segundo, United definía.

El reto para el campeón azerbaiyano pasaba entonces por no desmoronarse, sostener la fe y no dejar que el partido se les escapara en un vendaval. Lo consiguió durante unos minutos. Hasta que el talento de la sala de máquinas inglesa decidió que era el momento de zanjar la cuestión.

En el 42, Youri Tielemans filtró un pase que partió en dos a Sabah. El balón llegó a Bruno Fernandes, que encaró a Stas Pokatilov, capitán y guardameta kazajo, y lo batió con frialdad. Una jugada limpia, quirúrgica, que expuso la inexperiencia de los visitantes en este nivel.

El golpe fue doble. Prácticamente en la siguiente acción, Benjamin Sesko recibió, dejó atrás a Pokatilov con un gesto elegante y marcó el 3-0. Antes del descanso, el estreno de Sabah en la fase de grupos ya estaba, en la práctica, sentenciado.

La noche de Sesko y la lucha por un puesto

Para Sesko, tantas veces utilizado como revulsivo, el tanto tuvo un valor especial. Venía de marcar en el 2-2 del domingo ante Everton, entrando en el minuto 70, y ahora respondía a la primera titularidad del curso con otro gol. A sus 23 años, cada aparición sólida alimenta su argumento para seguir en el once en la próxima cita: la visita de Manchester City, el domingo, en el derbi número 199.

Mientras tanto, Sabah trataba de mantener la dignidad competitiva. Dambrauskas pedía orden desde la banda, intentaba que su equipo no se dejara arrastrar por la inercia del marcador. El daño estaba hecho, pero la experiencia seguía contando.

Un error cruel y una lección cara

La segunda parte trajo el cuarto tanto. Y llegó de la forma más dolorosa para un equipo que ya había sufrido bastante. Una acción enrevesada dentro del área acabó con Lisandro Martínez rematando a puerta tras un enredo defensivo en el que Pokatilov, prácticamente sobre su línea, pareció perder la referencia del balón. Confusión, desconcierto y castigo inmediato.

Para Sabah y su entrenador, la escena fue un golpe al orgullo. No tanto por el resultado, ya abultado, sino por la forma. Un despiste en el templo del fútbol europeo se paga al instante.

Dambrauskas lo asumió con honestidad al final: reconoció que todos se irían a casa pensando que podían haber hecho “un poco mejor”, sobre todo en el resultado. Admitió que al equipo le faltó valentía para sacar el balón desde atrás, que no fue miedo, pero sí un respeto excesivo hacia el rival. Y recordó un dato que lo resume todo: de los 16 jugadores que pisaron el césped, solo uno, Veljko Simić, había jugado antes a este nivel.

Una aventura que apenas empieza

El 4-0 no borra el contexto. Sabah, el club de una pequeña localidad a las afueras de Bakú, ha irrumpido en la Champions League con una historia improbable, construida a base de apuestas personales, inversión paciente y un grupo de futbolistas que todavía se está acostumbrando a estos escenarios.

Lo que viene ahora no es precisamente un respiro. El resto de la aventura continental los llevará a medirse con Slavia Prague, Borussia Dortmund, Viking, Barcelona, Villarreal, Napoli y Arsenal. Un calendario que asusta y seduce a partes iguales.

La ocasión fallada de Mickels en el minuto 39 quizá les persiga durante un tiempo. Pero también puede convertirse en el recordatorio perfecto de lo que exige este nivel. La pregunta es clara: ¿cuánto tardará Sabah en volver a un escenario así con la madurez suficiente para no perdonar?