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Lionel Messi se despide de la selección argentina

Lionel Messi se prepara para decir adiós. Esta vez de verdad. El 6 de octubre, en el Monumental, el capitán jugará su último partido con la camiseta de la selección argentina, un amistoso frente a Benín que se anuncia más como ceremonia que como simple encuentro de la fecha FIFA.

Tiene 39 años, viene de brillar en su sexto Mundial y ya había anunciado su retiro de la Albiceleste. Pero Lionel Scaloni le abrió una última puerta: una convocatoria especial, pensada exclusivamente como homenaje. Una noche para detener el tiempo.

Una despedida hecha a medida

El amistoso ante Benín será el cierre formal de más de dos décadas de servicio a la selección. No habrá puntos en juego, pero sí algo mucho más pesado: el final de una era que cambió la historia del fútbol argentino y mundial.

La Asociación del Fútbol Argentino ha preparado una camiseta conmemorativa diseñada especialmente para él. No es un simple detalle de marketing: es un símbolo de todo lo que representó Messi para la selección. El propio jugador la mostró en sus redes sociales, con un video que enfoca la espalda de esa casaca única. Junto a las imágenes, un mensaje corto, directo, casi definitivo: “Un último partido… Una camiseta para toda la vida”.

La frase encaja con el momento. Ya no se trata de qué más puede ganar, sino de cómo se despide.

Números que parecen irrepetibles

Las cifras de Messi con Argentina desafían cualquier parámetro. Suma 207 partidos con la selección mayor. Nadie jugó tanto. Nadie marcó tanto. Nadie asistió tanto.

Sus 125 goles lo convierten en el máximo artillero histórico del país. A eso se agregan 68 asistencias, otra marca absoluta con la Albiceleste. No son solo números: son finales destrabadas, eliminatorias sufridas, Copas América resueltas, Mundiales soñados y, por fin, conquistados.

Detrás de esas estadísticas hay más de veinte años de viajes, concentraciones, críticas, ovaciones y un vínculo con la camiseta que pasó de la exigencia extrema al amor incondicional.

Un palmarés que cambió la historia

Durante mucho tiempo, el gran reproche hacia Messi fue su falta de títulos con la selección mayor. Ese discurso se derrumbó con estruendo.

Primero llegó el oro olímpico en los Juegos de 2008, una señal temprana de lo que podía construir con Argentina. Mucho después, ya como líder absoluto, encadenó la Copa América 2021, la Copa América 2024 y la Finalissima 2022, títulos que lo instalaron definitivamente en el altar del fútbol argentino.

Pero el punto de no retorno se dio en Qatar 2022. Allí, Messi se convirtió en el eje total del campeón del mundo, el faro de una selección que recuperó su mística. Esa Copa del Mundo selló su legado. Lo que ocurra el 6 de octubre no cambiará nada de lo que ya es: el final será apenas la última página de una carrera internacional que ya está escrita en mayúsculas.

Una última ventana antes del adiós

Antes de la gran noche frente a Benín, Argentina tiene una agenda cargada en esta ventana internacional. El equipo de Scaloni abrirá la serie de amistosos el 30 de septiembre ante Bolivia, en el estadio Mario Alberto Kempes, en Córdoba.

Luego, la selección se mudará a Buenos Aires para enfrentar a Burkina Faso el 3 de octubre. Y, finalmente, el Monumental se vestirá de ceremonia para los dos últimos partidos de la ventana, incluido el choque ante Benín que marcará el adiós de Messi.

Serán días de rotación, pruebas y ajustes para Scaloni, pero todo quedará inevitablemente envuelto por la misma pregunta: ¿cómo se juega sabiendo que el 10 está a un paso de despedirse para siempre de la selección?

El Monumental, escenario de una última ovación

El Monumental, tantas veces testigo de noches decisivas, se prepara para un rol distinto: no será el estadio de la presión, sino el de la gratitud. Habrá lágrimas, banderas, celulares en alto y un rugido que buscará retenerlo un poco más, aunque todos sepan que la decisión ya está tomada.

El 6 de octubre no se definirá un título ni una clasificación. Se definirá algo más íntimo: el cierre del vínculo competitivo entre Messi y la camiseta que lo vio crecer, sufrir, explotar y coronarse campeón del mundo.

Después de esa noche, Argentina tendrá que aprender a vivir sin él. La pregunta ya no es qué más puede darle Messi a la selección. La verdadera incógnita es otra: ¿cómo se escribe el próximo capítulo sin el jugador que lo cambió todo?