Hallgrimsson analiza el empate de Irlanda contra Canadá
La primera mueca de verdadero enfado en el rostro de Heimir Hallgrimsson como seleccionador de la República de Irlanda llegó en Montreal. No por el resultado final, un 1-1 digno ante Canadá, sino por esos 45 minutos iniciales que no encajaban con nada de lo que su equipo había mostrado en los últimos partidos.
El once era experimental, sí. Rotaciones, pruebas, piernas cansadas tras una temporada larga. Pero la explicación fácil no le valía al islandés.
“Fue lo contrario a todo lo que hemos hecho en los últimos partidos”, reconoció ante RTÉ Sport. Irlanda se vio superada, lenta, reactiva. Y lo pagó con un gol en propia puerta de Jake O’Brien que dejó a los visitantes por detrás al descanso.
Un primer tiempo que encendió las alarmas
Hallgrimsson no maquilló nada. Habló de un equipo “plano”, sin decisiones, esperando siempre a ver qué hacía el rival para responder después. Una Irlanda a contrapié, sin agresividad, sin colmillo.
Incluso apuntó a detalles previos al pitido inicial: notó a sus jugadores “pesados en el calentamiento”, quizá por la humedad, el calor o una carga de trabajo demasiado dura en los entrenamientos. Sea cual fuera la razón, la consecuencia fue clara: Canadá “mereció marcar” y, en palabras del propio técnico, Irlanda fue “afortunada” de irse sólo 1-0 abajo al descanso.
En el vestuario, el tono cambió. No había espacio para paños calientes. Había que ser más valientes, adelantar líneas, acelerar cada gesto. Presionar. Atacar. Asumir riesgos.
La respuesta llegó.
Ogbene castiga el rebote y cambia la cara
Tras el descanso, el equipo pareció otro. Más decidido, más agresivo, más reconocible. Con Liam Scales y Jamie McGrath en el campo, Irlanda encontró equilibrio y personalidad. El juego se estiró, las combinaciones aparecieron y, con ellas, las ocasiones.
El empate nació de un penalti fallado. Troy Parrott erró desde los once metros, pero Chiedozie Ogbene, atento, cazó el rebote y empujó el balón a la red. Un gol sencillo en la ejecución, inteligente en la preparación.
Ogbene explicó que incluso trató de imitar la carrera de Parrott desde fuera del área, preparado para cualquier desenlace. Esta vez, el instinto le premió: “Tuve un poco de suerte en el gol, pero sólo puedo controlar lo que está en mis manos”, admitió.
El tanto no sólo equilibró el marcador. Reforzó la sensación de que Irlanda, por fin, había entrado al partido.
Entre el robo y el punto justo
Con el paso de los minutos, Irlanda fue creciendo. Hallgrimsson lo reconoció sin rodeos: tan disgustado como estaba con el primer tiempo, “muy feliz” acabó con el segundo.
Con el nuevo dibujo y la entrada de piezas frescas, el equipo se soltó. Dawson Devoy y el joven Mason Melia dispusieron de las dos mejores ocasiones del encuentro para culminar la remontada. Canadá también tuvo las suyas. El técnico, honesto, no quiso vender una épica que no existió: ganarlo habría sido “un robo”.
Se quedó con el punto. “Es un buen empate”, sentenció. Y, sobre todo, se quedó con la reacción.
Un campamento de futuro, no de vacaciones
Más allá del marcador, Montreal dejó una declaración de intenciones. Devoy se estrenó como titular, convirtiéndose en el primer jugador de la League of Ireland en ser internacional absoluto desde Jack Byrne en noviembre de 2020. No fue el único guiño al fútbol doméstico.
Con el partido avanzando, Hallgrimsson siguió abriendo la puerta: debutaron Kian Leavy, de St Pat’s, y Adam Brennan, joven extremo de Shamrock Rovers, además del Portugal-based Joe Hodge. También llegaron sus primeras titularidades para los recientes debutantes Jaden Umeh y Corrie Ndaba.
El mensaje es nítido: la red se amplía y nadie queda fuera si está preparado. El seleccionador destacó que han trabajado con 21 jugadores en España y 27 en estas concentraciones. Pudo ser una gira de trámite, casi vacacional tras una temporada larga y una derrota dolorosa en Czechia. Decidieron lo contrario.
Convirtieron esos 24 días de trabajo en una inversión directa en el futuro y en la profundidad de la plantilla, con la Nations League del otoño en el horizonte.
Ilusión en la piel
En el césped, los nuevos no desentonaron. En el vestuario, el ambiente acompañó. Ogbene, uno de los referentes del grupo tras su cesión en Sheffield United, subrayó el nivel de los recién llegados y el “buen sentimiento” que dejó la concentración.
Dijo que tenía “mariposas en el estómago” pensando en el futuro de Irlanda. No son palabras menores. Llegan de alguien que vive el día a día de la élite y que ve, desde dentro, una generación que empieza a llamar a la puerta.
Montreal no fue una noche perfecta. Fue algo más útil: una sacudida, una bronca a tiempo y una reacción que permite a Hallgrimsson mirar al otoño con una pregunta clara. Si este es sólo el inicio de la renovación, ¿hasta dónde puede llegar esta Irlanda cuando deje de reaccionar y empiece a mandar desde el primer minuto?






