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Alexander Isak: de la decepción a la esperanza en Anfield

Alexander Isak no dudó. Cuando el Liverpool llamó el pasado verano, el delantero sueco lo tuvo claro: había que decir que sí.

“Fue una decisión fácil”, resume ahora. Y lo dice alguien que llegó sobre el filo del cierre del mercado, en septiembre de 2025, por 125 millones de libras, un traspaso récord en el fútbol británico. Presión máxima, aterrizaje tardío y un contexto agitado.

Un fichaje enorme, un inicio cuesta arriba

Isak desembarcó en Anfield sin pretemporada con su nuevo equipo. Mientras se resolvía su futuro, se entrenó con su antiguo club, la Real Sociedad, tras sentirse decepcionado con lo ocurrido en el Newcastle, donde, según él, se rompieron promesas.

El resultado se vio pronto: le costó encontrar el gol. El punta sueco nunca terminó de arrancar en su primera campaña con el Liverpool. Y cuando empezaba a ganar ritmo, una fractura en la pierna le cortó en seco. De diciembre a abril, fuera. Meses de gimnasio, soledad y paciencia.

Preguntado si en algún momento se arrepintió de haber cambiado Newcastle por Anfield, Isak es tajante: “No, nunca. Nunca pensaría así”. No hay marcha atrás en su discurso.

Reconoce, eso sí, el golpe que supuso la lesión: “Fue duro. Cualquiera que haya tenido una lesión larga lo sabe. Pero cuando estás en un buen lugar y te sientes bien, no tiendes a mirar atrás porque no te aporta nada”.

Ahora solo mira hacia delante. Se le nota. Con 26 años, ya ha igualado en apenas cuatro jornadas de esta Premier League los tres goles que firmó en todo el curso pasado. El contraste es evidente. Y el delantero se siente “muy optimista y emocionado por la temporada y por lo que puede traer para nosotros”.

El Mundial, un respiro en medio de la tormenta

El verano le dio algo que necesitaba: fútbol. Isak debutó en un Mundial con Suecia después de haber disputado solo 1.032 minutos en 22 partidos con el Liverpool el año anterior.

Marcó un gol y repartió tres asistencias con la selección de Graham Potter antes de caer en octavos de final ante Francia. Más que números, fue un punto de inflexión.

“Jugar un Mundial con tu país es un sueño para la mayoría”, explica. “Con las lesiones del año pasado, el Mundial fue perfecto. Tuve ese periodo para jugar y ganar ritmo y forma”.

Volvió a Liverpool con otro tono, con sensaciones distintas: “Fue una experiencia enorme, perfecta para hacerlo y regresar aquí a la pretemporada y empezar la temporada”.

Iraola, presión alta y un nueve que también defiende

El nuevo Liverpool tiene acento vasco. Andoni Iraola llegó en verano para sustituir a Arne Slot y lo hizo con una idea muy clara: un equipo agresivo, que viva en campo rival, que corra. De momento, los datos le respaldan: es el conjunto con más sprints de la Premier League.

En ese contexto, Isak no solo es el goleador de referencia. También es el primer defensor.

“Iraola me pide formar parte de la defensa, pero hacerlo en posiciones en las que, cuando robemos, podamos contraatacar rápido y llevar el balón hacia la línea ofensiva”, detalla el sueco.

El mensaje del técnico es sencillo, casi crudo: “Me dijo ‘marca goles’, pero quiere que defienda. La forma en que defendemos es para marcar goles, así que defender, al final, es un arma ofensiva”.

El plan encaja con lo que Isak siente que necesita el equipo: “Creo que es lo que el equipo requiere. No se trata solo de darme el balón a mí, sino de llevarlo hacia delante y a todos los jugadores ofensivos rápido. Creo que eso beneficiará al equipo. Si lo conseguimos, deberíamos marcar más goles”.

Goles, títulos y cero obsesión con las cifras

Con 60 goles en la Premier League a sus espaldas, Isak sabe lo que es vivir un año desatado. Su mejor temporada llegó con el Newcastle en 2024-25, cuando firmó 23 tantos en el campeonato.

Ahora, el reto es otro: transformar su impacto individual en títulos en Anfield. La exigencia del entorno no admite matices.

“Todo el mundo sabe que el éxito para este club es ganar trofeos”, subraya. No habla de cifras personales, ni de metas de goles. No le interesa ese juego. “Quiero marcar en cada partido. Cada uno es diferente. A algunos les gusta fijarse objetivos y a otros no. Yo soy de los que no”.

El sueco no pone números. Prefiere poner carácter. Y, esta vez, con una pretemporada completa, un cuerpo técnico que le exige correr hacia atrás para poder volar hacia delante y un Liverpool que ha pisado el acelerador desde agosto, la pregunta ya no es si valió la pena aquel fichaje récord.

La verdadera incógnita es cuántas noches grandes está dispuesto a escribir Isak con la camiseta roja.