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West Ham celebra victoria en Championship y renueva esperanzas

Fue una noche de las que se guardan en la memoria para West Ham y para los 4.500 aficionados que se dejaron la voz lejos de casa. Jarrod Bowen, capitán y emblema del club, marcó pronto, abrió el camino y lo cerró al final, firmando el triunfo en un duelo de cinco goles en Bolton que tuvo de todo menos calma.

Con esa victoria, West Ham se subió a lo más alto de la Championship. Tercer triunfo liguero consecutivo, algo que no lograba desde diciembre de 2023. Aquella racha entonces impulsó una oferta de renovación para David Moyes que nunca llegó a firmarse y que terminó retirada antes de la marcha del técnico escocés seis meses después. Lo que vino después fue una caída prolongada que desembocó en el descenso el pasado mayo.

Esta vez el sabor era otro. Con la alegría escaseando en los últimos tiempos, la hinchada visitante decidió exprimir la noche hasta el final. Se quedaron tras el pitido definitivo, aplaudieron, cantaron, retrasaron un viaje de vuelta que para muchos no acabaría hasta bien entrada la madrugada. Entre homenajes a Bowen, cánticos de burbujas y proclamaciones de que West Ham es “massive”, también hubo un destinatario constante: David Sullivan. Ninguna de las canciones dedicadas al antiguo presidente fue precisamente amable.

Sullivan no apareció en Bolton para este duelo de Championship. Sí ha estado en todos los partidos en casa esta temporada. Incluso viajó a Watford para el 1-1 del mes pasado. Para algunos, esa presencia resulta inesperada.

Cuando el dirigente, de 77 años, dimitió como presidente en junio, alegando que quería centrarse en defenderse de las acusaciones de una investigación conjunta de BBC Panorama y The Times, muchos interpretaron que era el primer paso hacia su salida definitiva del club. Esa sensación, unida a la marcha de Karren Brady como directora general en abril, se citó como una de las claves para explicar un dato impactante: West Ham ha vendido 50.000 abonos de temporada en su primer curso fuera de la élite desde 2011.

El tirón en casa es evidente. Su media de asistencia en liga supera los 60.000 espectadores. Los 53.369 que presenciaron la victoria en la primera ronda de la EFL Cup ante Portsmouth marcaron un récord para esa fase del torneo.

Y, sin embargo, Sullivan sigue ahí. Si el complejo acuerdo anunciado el 3 de septiembre se cierra como está previsto en las próximas semanas, terminará con el 40% del club. No ha desaparecido del mapa de West Ham. Pero su peso ya no es el mismo.

Quien habla con gente dentro de la entidad describe un club muy distinto al de hace unos meses. El multimillonario checo Daniel Kretinsky, dueño de Royal Mail, es ahora el presidente. La idea es que se convierta en el máximo accionista, con un 46%. Karim Virani, nuevo director ejecutivo, ha causado buena impresión: se le reconoce voluntad de escuchar a los aficionados y de afrontar asuntos sensibles para ellos, como el escudo, modificado en 2016 con la mudanza desde el Boleyn Ground.

En el área deportiva, el director de fútbol Nils Koppen tiene peso real en las decisiones de fichajes. El mercado ya no se percibe como un juego de operaciones opacas, sino como un proceso abierto en el que participan las personas adecuadas dentro del club, sin acuerdos improvisados ni atajos.

El verano fue un terremoto. Salieron 12 futbolistas, entre ellos Crysencio Summerville y Mateus Fernandes, y finalmente llegaron nueve caras nuevas. West Ham pagó un récord de la EFL: 22 millones de libras a Celtic por el internacional belga Arne Engels. Pero dentro del club señalan otra incorporación como símbolo del nuevo rumbo: Edvin Austbo. El delantero de 21 años, elegido mejor joven de Noruega por su papel en el sorprendente título de Viking en la Eliteserien, llevaba tiempo en la agenda antes de que se cerrara su fichaje por 10 millones iniciales. No fue un impulso de última hora. Fue planificación.

Claro que, tratándose de West Ham, nada es tan simple.

La incógnita ahora se llama Amanda Staveley. El acuerdo que alcanzó en julio con la ex copresidenta Vanessa Gold activó el mecanismo de derechos de tanteo en el accionariado del club. De ahí nació el proceso que ha permitido que Kretinsky y Sullivan aumenten sus participaciones, igual que otros accionistas como Tripp Smith y Terry Brown.

Sobre el papel, si Staveley llegara a un pacto con Sullivan y con Smith, que tendrá un 11%, podría superar la mitad del capital. Pero ese movimiento también quedaría sujeto a los mismos derechos de tanteo. Nada es automático.

Sullivan, en privado, se expresa con elogios hacia Kretinsky y se muestra molesto porque todo este proceso haya distraído la atención del mercado de fichajes. Sus palabras no encajan con el perfil de alguien dispuesto a provocar otro terremoto en el London Stadium. Aun así, parte de la grada no termina de fiarse.

“Parecía que Sullivan se iba cuando dimitió, pero eso no ha pasado”, comenta Simon Lane, abonado de los Hammers procedente del norte de Gales, que se detuvo a hablar hora y media antes del inicio en Bolton. “Nadie sabe muy bien qué pensar. ¿Quiere más acciones? ¿Quiere irse? ¿Por qué haría un acuerdo con Kretinsky y luego vendería todo?

“Es difícil saber qué es lo mejor. A algunos aficionados les gusta lo que Amanda Staveley hizo en Newcastle, pero Kretinsky está poniendo a la gente adecuada y Karim está hablando con los aficionados, que es lo que queríamos. Yo soy optimista para la temporada”.

Razones no le faltan. Con Bowen, Engels y compañía, West Ham presume de una calidad que pocos rivales de Championship pueden igualar. Nuno Espírito Santo, sin embargo, conoce bien el fútbol inglés: no basta con talento.

El técnico portugués insiste en dos palabras que rara vez se han asociado a West Ham en los últimos años: estabilidad y unidad. Ve un camino. Y lo explica con claridad.

“Espero que sea mejor”, afirma. “Creo que es la creencia de todos, desde la propiedad hasta el personal, los jugadores y los aficionados, que estamos intentando mejorar y tener días mejores. Lo que veo y siento es unidad en todos los departamentos del club. Cinco mil aficionados un martes por la noche. Lo que pasó en el pasado queda atrás. Es muy importante estar unidos. No hay otra manera”.

En Bolton, ese mensaje encontró eco en la grada y en el marcador. El equipo manda en la tabla, la afición vuelve a creer y el club se reordena por dentro. Ahora falta saber si West Ham, tantas veces atrapado en sus propias turbulencias, será capaz esta vez de sostener esa unidad cuando lleguen los golpes inevitables de una temporada larga.