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El susto de Hany y el autogol que marcó a Egipto

En el AT&T Stadium de Arlington, el silencio cayó de golpe en el minuto 48. Mohamed Hany, lateral de Egipto, yacía inmóvil sobre el césped. Durante unos segundos, que se hicieron eternos, no se movió. Jugadores mirando al banquillo, aficionados conteniendo la respiración. Mundial, ronda de 32, Australia enfrente, y de pronto todo se redujo a un solo jugador tendido boca arriba.

Hany terminó incorporándose por sus propios medios. Caminó hacia la banda, aún aturdido, para recibir atención médica inmediata. El cuerpo técnico egipcio evaluó la situación con rapidez: charla breve, comprobaciones de rigor y, tras aproximadamente un minuto en la banda, el defensa pidió volver. No quería que su Mundial se frenara ahí.

Regresó al campo. Pero el partido, implacable, no le dio tregua.

Poco después, en una acción aérea dentro del área, llegó el golpe más cruel. Centro al corazón de la zona de peligro, Hany se elevó para despejar, midió mal el balón y su cabezazo terminó en su propia portería. Gol para Australia. Autogol para Egipto. Y el segundo tanto en propia puerta de Hany en este torneo.

No hizo falta que nadie le explicara nada. El gesto del defensa lo decía todo: incredulidad, rabia, esa mezcla de frustración que solo entiende quien ha vivido un error decisivo en un escenario global. En un Mundial de 48 selecciones, con 32 equipos ya en formato de eliminación directa, cada detalle pesa. Y un desvío desafortunado puede cambiar el rumbo de una eliminatoria.

Un Mundial gigante, un margen mínimo

La edición de 2026, repartida entre Estados Unidos, México y Canadá, ha llevado el formato al límite: 48 selecciones, 16 sedes, un calendario comprimido y un cuadro de eliminación directa que no perdona. Desde que comenzó la fase de cruces, cada partido es una final.

El duelo entre Australia y Egipto en Arlington se encuadra en una ronda de 32 que ya ha dejado fuera a potencias históricas y ha impulsado a selecciones menos habituales en estas alturas. Canadá superó a South Africa en Inglewood, Paraguay dejó en el camino a Germany en Foxborough, Morocco eliminó a Netherlands en Monterrey y Brazil pasó por encima de Japan en Houston. El Mundial se ha convertido en una sucesión de golpes de efecto.

Egipto llegó a Texas con la ilusión de dar otro. Enfrente, una Australia correosa, acostumbrada a sufrir en este tipo de citas. En ese contexto, la acción de Hany pesa todavía más: en un torneo en el que la mínima ventaja se defiende como un tesoro, un autogol puede marcar la frontera entre seguir soñando o hacer las maletas.

El cuadro se afila

Mientras Egipto lucha por recomponerse dentro del partido, el resto del torneo avanza a toda velocidad. Norway dejó fuera a Ivory Coast también en el AT&T Stadium, Mexico eliminó a Ecuador en el Estadio Azteca y France se impuso a Sweden en el MetLife Stadium. United States derrotó a Bosnia and Herzegovina en Santa Clara, Belgium tumbó a Senegal en Seattle y England superó a DR Congo en Atlanta. Spain se deshizo de Austria en Inglewood, Portugal eliminó a Croatia en Toronto y Switzerland dejó fuera a Algeria en Vancouver.

Argentina se mide a Cape Verde en Miami Gardens, Colombia se enfrenta a Ghana en Kansas City, y de esos cruces saldrán los rivales para las siguientes rondas. El camino está trazado: Paraguay contra France en Philadelphia, Canada frente a Morocco en Houston, Brazil ante Norway en East Rutherford, Mexico contra England en Ciudad de México, Portugal frente a Spain en Arlington, USA ante Belgium en Seattle. Y, en la parte del cuadro que mira con atención Australia y Egipto, el cruce del 7 de julio en Atlanta: Argentina o Cape Verde contra el ganador del duelo de Arlington.

Todo se compacta, todo se decide en noventa minutos. Sin red.

Un Mundial que no espera a nadie

Para Hany, la noche en Texas quedará marcada por dos imágenes opuestas: la caída que heló el estadio y el cabezazo que silenció a su propia afición. De la preocupación por su estado físico al golpe psicológico del autogol en cuestión de minutos.

En un Mundial tan grande, con tantas historias cruzadas, algunas se escriben en la gloria y otras en el filo del error. La de Mohamed Hany, en esta ronda de 32, mezcla las dos: el susto, la valentía de volver y la dureza de ver su nombre asociado a dos goles en propia puerta en el mismo torneo.

El calendario ya mira hacia las siguientes citas, hacia las noches de cuartos, semifinales y final. La pregunta es otra: ¿cómo se recompone un jugador de un golpe así cuando el mundo entero está mirando?

El susto de Hany y el autogol que marcó a Egipto