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Rayan Cherki brilla en el Etihad con un doblete

El espectáculo Rayan Cherki ya tiene sede fija: el Etihad. Y la entrada, visto lo visto, garantiza entretenimiento. Enzo Maresca, apóstol del control posicional casi obsesivo, ha encontrado en el francés la excepción que confirma su propia regla. A Cherki no se le encorseta. Se le suelta. Y ante Crystal Palace, cuando el partido aún estaba vivo, su libertad creativa terminó por arrancarle el alma al encuentro en la segunda parte.

Cherki, del autoexamen brutal a la obra de arte

El inicio de su segundo año en Inglaterra roza lo sobresaliente. La semana pasada, ante Bournemouth, salió desde el banquillo con el marcador 1-0 en contra y firmó dos asistencias para encender la remontada de Manchester City. Esta vez fue todavía más allá: dos goles, liderazgo con balón y una sensación permanente de que algo distinto iba a pasar cada vez que lo tocaba.

El primero fue de videojuego. Cherki arrancó desde la izquierda, se coló entre piernas, fintó, volvió a amagar y, cuando parecía que se quedaba sin ángulo ni espacio, sacó el exterior de su zurda para empujar la pelota con un toque sutilísimo. No fue un disparo violento, fue un gesto técnico, casi un guiño. De esos que dejan la duda en la grada: ¿hemos visto antes algo así?

Lo más llamativo llegó después, con el partido ya resuelto y las alabanzas cayendo a su alrededor. Cherki escuchó, sonrió, se encogió de hombros y soltó una autocrítica brutal sobre su propia primera parte: “tan de mierda”. Ni rastro de complacencia. Maresca, sin embargo, vio otra cosa.

“Su actuación para mí fue muy buena, no por los dos goles, sino por cómo trabajó sin balón”, explicó el técnico de City. “Tiene que presionar. Su partido fue completo. Ama el fútbol. Sabemos lo bueno que es. Sabemos la calidad que tiene”.

Haaland se suma, Foden dirige, City responde al golpe de la Community Shield

Cherki no fue el único que brilló. Phil Foden manejó los ritmos con la autoridad de un veterano y Erling Haaland, ya en marcha esta temporada, firmó un doblete contundente. El noruego necesitaba una tarde así tras el tropiezo en la Community Shield. Su respuesta fue la de siempre: goles y presencia intimidante.

Maresca lo reconoció sin rodeos. “Sufrimos los primeros cinco, diez minutos, porque presionábamos de forma equivocada”, admitió. “Después de eso tuvimos el control”.

El contexto no es sencillo. El técnico italiano afronta el reto de reconstruir un centro del campo sin Rodri ni Bernardo Silva. Ayyoub Bouaddi ya ha llegado desde Lille por 86 millones de libras, cifra impactante para un mediocentro de 18 años que deslumbró con Marruecos en el Mundial. Y aún hay hueco para otro. El objetivo prioritario antes del cierre del mercado del martes tiene nombre y apellido: Enzo Fernández, decidido a salir de Chelsea.

Pese a las bajas, nadie se atreve a decir que City anda corto de centrocampistas. Maresca, fiel a su naturaleza de ajustador permanente, volvió a mover piezas. Dio por terminado el experimento de Marc Guéhi en la medular y lo devolvió al eje de la defensa ante su antiguo club. El fichaje de 116 millones, Elliot Anderson, actuó como único pivote; Nico O’Reilly se soltó más arriba en un 4-1-4-1 muy agresivo, y Josko Gvardiol se metió por dentro desde el lateral izquierdo, al estilo de lo que hizo Marc Cucurella en el Chelsea de Maresca.

Hay matices nuevos sobre el molde de Guardiola, pero ciertas constantes permanecen intactas. Una de ellas: si centras bien al área, Haaland aparece. Minuto 17, Antoine Semenyo gana línea de fondo por la izquierda y pone un envío tenso. El noruego se separa medio metro de su marca y firma un cabezazo bombeado, perfecto, por encima de Dean Henderson. Gol de manual. Defensivamente, un desastre para un Palace que ya venía tocado por un verano inestable.

Palace muestra brotes… y sus grietas

Crystal Palace se plantó con el sistema habitual, un 3-4-2-1 que Pierre Sage ha decidido mantener tras la etapa de Oliver Glasner. La estructura era conocida, los nombres no tanto. Varias piezas clave han salido, otras faltaban.

Jørgen Strand Larsen fue la referencia ofensiva ante la ausencia de Jean-Philippe Mateta, que puede estar fuera unas cuatro semanas y sigue con el futuro en el aire. Ismaïla Sarr, decidido a marcharse a Galatasaray, ni entró en la convocatoria. Daniel Muñoz se quedó en el banquillo entre rumores de interés de Nottingham Forest. La defensa, además, ya no cuenta con Maxence Lacroix, traspasado a Chelsea. Las fragilidades eran casi inevitables.

Y aun así, Palace tuvo su tramo. Sage quiere un equipo que muerda arriba, que no se encierre. Adam Wharton, reciente objeto de un intento fallido de City para ficharlo, arrancó el partido con un pase filtrado delicioso para Eddie Nketiah, que obligó a Gianluigi Donnarumma a intervenir en el minuto 2. Daichi Kamada rozó el gol poco después y Tyrick Mitchell desperdició un cabezazo claro tras otra acción brillante de Wharton.

“Visteis cómo queremos jugar hasta el minuto 65”, reivindicó Sage. “Confiamos en nuestro proceso”.

El problema fue el de siempre para los equipos que quieren tú a tú en el Etihad: faltó filo. Nketiah volvió a fallar ya en la segunda parte. Y cuando tú perdonas y al otro lado están Foden, Cherki y Haaland, el castigo suele ser rápido.

El momento en que Cherki decidió el partido

City empezó a apretar. O’Reilly y Foden mordieron a Kamada en la salida. Foden avanzó, levantó la cabeza y encontró a Cherki. A partir de ahí, el francés convirtió el ataque en un solo de improvisación.

Recibió en la izquierda, encaró hacia dentro, cada paso elevaba la sensación de peligro. Un regate, otro, un giro más. Defensores de Palace descolocados, sin referencias. Cherki flotó ante Jaydee Canvot, se impuso al cuerpo de Chris Richards y, por un instante, pareció que se quedaba sin espacio, con el balón atrapado bajo sus botas. Entonces utilizó el cuerpo de Takehiro Tomiyasu como pantalla, se asomó justo lo necesario y ejecutó ese toque final, más caricia que disparo. Henderson se quedó clavado mientras la pelota cruzaba la línea casi a cámara lenta.

El golpe no tumbó del todo a Palace. La reacción fue inmediata. Yéremy Pino lanzó una falta directa, el balón se estrelló en la madera, rebotó en Donnarumma y terminó dentro para el 2-1, adjudicado como gol en propia puerta del italiano. Un pequeño premio a la valentía del conjunto de Sage.

Pero Cherki ya estaba desatado. En el minuto 59, cazó un balón a unos 20 metros del arco y soltó un disparo seco. El tiro tocó en Richards, descolocó a Henderson y se convirtió en su segundo gol de la tarde. No hubo celebración exagerada. Solo la sensación de que el partido ya le pertenecía.

Debut de Bouaddi y el instinto asesino de Haaland

Maresca aprovechó la ventaja para introducir a Bouaddi, que debutó sustituyendo a Anderson. Detalle significativo: con 18 años y un precio descomunal a sus espaldas, el marroquí entra en una zona del campo donde la exigencia táctica de Maresca es máxima. No será un proceso suave, pero el mensaje es claro: City piensa en hoy, y también en mañana.

El equipo no levantó el pie. Foden, que dejó una actuación para tomar nota en la tribuna donde se encontraba Thomas Tuchel, filtró otro pase perfecto para Haaland. El noruego, que ha marcado en sus seis partidos de liga contra Crystal Palace, encaró, eligió el palo y definió sin contemplaciones. Nunca pareció que fuera a fallar.

Maresca salió del césped con algo más que tres puntos. Salió con la confirmación de que su City post-Pep ya empieza a encontrar una voz propia. Y, sobre todo, con la certeza de que, mientras tenga a Cherki con esta libertad y a Haaland con este instinto, el margen de error se reduce para todos los demás.