Portsmouth y Charlton empatan en un partido sin goles
No fue un espectáculo para el recuerdo. El partido nació con una idea clara sobre el césped: el primer gol, si llegaba, iba a decidirlo casi todo. Y quizá por eso, por ese miedo a equivocarse, quedaron al desnudo las carencias ofensivas tanto de Portsmouth como de Charlton.
Charlton aceptó sin complejos el papel de equipo sin balón. Cedió la iniciativa, se replegó con paciencia y esperó su momento al contragolpe. El plan tenía lógica: Pompey ha sufrido toda la temporada defendiendo las transiciones rápidas y los visitantes quisieron hurgar en esa herida. Aun así, no deja de ser llamativo ver a un conjunto que viaja fuera de casa y se encuentra con un rival que tampoco parece obsesionado con mandar con la pelota.
El ambiente se calentó pronto alrededor de Milli Alli. El atacante, que dejó buenos recuerdos durante su etapa cedido en Fratton Park, fue recibido con silbidos y reproches desde la grada visitante. Castigo duro para un jugador que, más allá del ruido, firmó una actuación correcta. Lo que nadie entiende, ni siquiera él, es cómo desperdició la volea en el segundo palo en la primera parte: era la ocasión que podía haber roto un encuentro tan cerrado.
En el otro área, Portsmouth ofreció una cara mucho más firme atrás. Conor Shaughnessy y Benji Arthur sostuvieron la línea defensiva con autoridad, atentos en los duelos y sobrios en cada cruce. Dieron seguridad, apagaron casi todo lo que llegó cerca de su portería y sujetaron un partido que, por momentos, se jugó sobre el alambre.
Pero la solidez defensiva no alcanza para mirar hacia arriba en la clasificación. Si Pompey quiere realmente escalar posiciones, tendrá que conservar ese bloque duro atrás y, al mismo tiempo, encontrar algo más de chispa, imaginación y colmillo en ataque. La base está. Falta el gol. Y el tiempo, en esta liga, no suele esperar a nadie.






