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Ødegaard lidera al Arsenal en Nápoles con un gol decisivo

El Arsenal se marchaba de Nápoles con la sensación incómoda de que la noche podía torcerse. Dominio, ocasiones, 26 remates a puerta… y el marcador clavado en un 0-0 que empezaba a oler a castigo. Hasta que apareció Martin Ødegaard.

A falta de 15 minutos, el capitán recogió el balón en la frontal, midió el golpeo y soltó un disparo seco, raso, ajustado al palo. Besó el poste y se coló. Silencio en la grada local, estallido de los visitantes. 1-0 y estreno victorioso en la fase de liga de la Champions.

El capitán decisivo que quería Arteta

Mikel Arteta no dudó en señalar al responsable del giro de guion. Para el técnico, Ødegaard encarna justo lo que exige a sus hombres de ataque: que decidan partidos.

El noruego suma ya cuatro goles en cinco encuentros esta temporada, contando la Community Shield, un arranque que respalda la idea de que ha dado un salto en su juego. No se trata solo de dirigir y asociar; ahora remata, aparece en la zona caliente y condiciona marcadores.

El contraste con el curso pasado es brutal. Entonces levantó la Premier League en mayo, pero arrastró problemas físicos y solo pudo marcar un gol en 36 partidos entre todas las competiciones. Ahora, liberado y con ritmo, su peso ofensivo se dispara.

De la versión mundialista a la del Arsenal

En Nápoles, Ødegaard recordó a la versión que deslumbró en verano con Noruega, cuando, como capitán, repartió cuatro asistencias en la carrera hasta los cuartos de final del Mundial. Mando, clarividencia y, esta vez, un punto más de atrevimiento.

Sobre su gol, confesó que ni siquiera vio cómo entraba el balón. Lo golpeó, escuchó el rugido y entendió el resto. Con el bloque local hundido atrás, el espacio dentro del área se había evaporado. La solución estaba fuera: “en algún momento tenía sentido probar desde fuera del área”, explicó.

Y probó. Y decidió.

Dominio total, pólvora mojada

El Arsenal necesitó ese destello porque había convertido el área del Napoli en un campo de tiro… sin premio. Las 26 ocasiones firmadas suponen un récord del club en un partido a domicilio de Champions, una estadística que refleja el asedio, pero también la falta de puntería.

Bukayo Saka tuvo una ocasión clarísima en la primera parte y la desperdició. Más tarde, un cabezazo a bocajarro de Mikel Merino se fue demasiado centrado, directo a las manos de Alex Meret. El guardameta del Napoli, que acabaría sustituido al descanso por una lesión en el muslo, resistió mientras pudo.

El conjunto de Arteta movió la pelota con ritmo, atacó por dentro y por fuera, generó superioridades y hundió al rival en su área. Faltaba el golpe definitivo. La sensación de déjà vu —dominio sin gol, castigo al final— rondaba la mente de más de uno.

Hasta que el capitán tomó la responsabilidad.

Un mensaje para Europa

“Jugamos un fútbol brillante y deberíamos haber marcado muchos más goles, pero llegamos al objetivo al final”, resumió Ødegaard tras el encuentro. No sonaba a excusa, sino a advertencia: si este Arsenal afina la puntería, el volumen de ocasiones promete noches mucho más amplias en el marcador.

El 1-0 en Nápoles no es un simple resultado corto. Es una declaración de intenciones en el inicio de una Champions que el club afronta con una obsesión clara: ir un paso más allá de la final perdida la temporada pasada.

Con un capitán que ha pasado de sufrir para marcar a vivir del gol decisivo, la pregunta ya no es si el Arsenal puede competir en Europa. La cuestión es hasta dónde piensa llevar este nuevo liderazgo de Martin Ødegaard.