Neil McCann y su ambición por la semifinal en Hampden
Neil McCann no se esconde: quiere que su Kilmarnock ataque, gane y, si puede, se gane un viaje a Hampden. El técnico deja claro el plan para el duelo de copa: cada partido se prepara para ganarlo y el formato a eliminación directa le da un filo distinto a la noche.
“Planteamos el equipo para ganar cada partido y queremos ser agresivos”, insiste. La copa, reconoce, cambia el pulso. Un error te manda a casa. Un acierto te acerca a Glasgow.
Hampden en la mira
McCann no habla solo de objetivos deportivos. Habla de gente. De los que pagan entrada y de los que sostienen el club desde arriba.
Quiere regalarle a la afición y al propietario Billy Bowie una semifinal en Hampden. Lo describe casi como un pequeño sueño compartido: “Hemos tenido un apoyo maravilloso desde que llegamos al club y siento que los chicos tienen muchísimo que ofrecer esta temporada. Llegar a semifinales sería mágico para nuestros aficionados, mágico para Billy Bowie y para toda la directiva”.
Hace una pausa y baja al corazón del vestuario: “Pero, para mí, ahora mismo sería mágico sobre todo para los chicos de abajo, en el vestuario, porque trabajan durísimo cada día para encontrar ese ritmo que les permita sumar los puntos que sabemos que son capaces de conseguir”.
El hueco que deja el Old Firm
El sorteo también alimenta la ilusión. El cruce entre los dos gigantes de Glasgow en cuartos abre una rendija para el resto.
McCann lo ve con realismo, pero también con ambición: son “los dos grandes” de la competición, con más recursos y experiencia ganadora que nadie. Cuando se cruzan, uno de ellos desaparece del camino. Y ahí, explica, el resto puede empezar a trazar una ruta hacia las últimas rondas. Una ventana, pequeña pero real.
Un punto de partida en liga
El contexto liguero no ayuda a la calma. El inicio ha sido flojo y la grada lo ha hecho notar. Sin embargo, el primer partido sin encajar de la temporada, logrado el fin de semana pasado, le da a McCann algo a lo que agarrarse.
Lo define como “un buen punto de partida”. Más que el resultado, le convence la estructura: “Sentí que estructuralmente estábamos en un buen lugar. Creo que seguimos siendo peligrosos, aunque nos faltó ese último toque de brillo”.
No fue una exhibición, pero sí una base. Y Kilmarnock necesitaba una.
Estabilizar antes de soñar
McCann entiende la frustración de los seguidores. La tabla no miente. Pero recuerda cuál era la misión cuando él y Billy Dodds llegaron al club: estabilizar, calmar el vestuario y evitar el descenso.
Ese fue el primer mandato. Sobrevivir.
Desde entonces, el club ha tenido que reajustar sus expectativas. Parte del presupuesto se ha desviado a instalaciones de entrenamiento, una apuesta a largo plazo para blindar el futuro de la entidad. Menos gasto inmediato en plantilla, más inversión en estructura. Una decisión que se nota en el césped, y también en la paciencia de la grada.
Entre el espectáculo y los resultados
Hay, sin embargo, una línea roja para McCann: el equipo debe entretener. Habla de un “objetivo claro”: ofrecer un fútbol atractivo a la afición.
Dice que el cuerpo técnico ha trabajado duro en esa idea, pero reconoce que los marcadores no han estado al nivel de lo que ellos mismos esperan. La hinchada, admite, tiene motivos para estar decepcionada.
El empate del sábado no cambia el mundo. Es solo un punto. McCann lo repite para no engañarse ni engañar a nadie. Pero ve algo más allá del resultado: una actuación de la que se puede tirar para construir.
Ahora falta lo más difícil: transformar sensaciones en victorias, ambición en realidad y un simple “buen punto de partida” en una noche de semifinal en Hampden.





