Mundial 2026: Inicio de la Copa en Norteamérica
El Mundial más grande de la historia ya está aquí. Norteamérica se convierte desde este jueves en el epicentro del fútbol mundial, con un torneo de 48 selecciones, tres países anfitriones y una agenda que mezcla espectáculo, negocio, seguridad extrema y pasión desbordada.
Tres países, tres ceremonias, un mismo rugido
México, Estados Unidos y Canadá comparten algo más que la organización. Comparten el arranque de una Copa del Mundo que se inaugura, literalmente, por triplicado.
El primer gran acto se vive en el Estadio Azteca. Antes de que México y Sudáfrica abran el fuego del Grupo A este jueves a las 14:00 hora local (15:00 ET), el coloso de Ciudad de México se convierte en escenario musical. Shakira y Burna Boy interpretan “Dai Dai”, la canción oficial del torneo, arropados por un cartel que refleja la apuesta de FIFA por un álbum completo de Mundial: Alejandro Fernández, Belinda, Danny Ocean, J Balvin, Lila Downs, Los Ángeles Azules, Maná y Tyla, entre otros nombres.
El show arranca a las 11:30 hora local (13:30 ET). Fútbol y pop latino, en la misma grada en la que México buscará arrancar con ventaja en su casa ante una Sudáfrica que inevitablemente remite al 11 de junio de 2010. Aquel día, en Johannesburgo, el empate 1-1 abrió otro Mundial. Mismo duelo, misma fecha, ahora con el Azteca como escenario y la sensación de que la historia se dobla sobre sí misma.
La fiesta se traslada el viernes al norte. Toronto se viste de anfitriona en un BMO Field transformado para la ocasión: de 28.000 a 45.000 asientos para recibir el debut de Canadá en un Mundial en casa, ante Bosnia y Herzegovina, en el primer partido del Grupo B (15:00 ET). Noventa minutos antes del inicio, a las 13:30 ET, el público canadiense tendrá su propia ceremonia, con Alanis Morissette, Alessia Cara, Jessie Reyez, Michael Bublé y otros artistas como carta de presentación del país.
Ese mismo viernes, la tercera pata del trípode: Los Ángeles. El SoFi Stadium acoge el estreno de la selección de Estados Unidos frente a Paraguay, a las 18:00 hora local (21:00 ET), con una ceremonia previa fijada para las 16:30 (19:30 ET). Katy Perry, Future, Anitta, LISA, Rema y Tyla encabezan un cartel que FIFA presenta como reflejo de la diversidad cultural del país y de la fuerza de sus diásporas, en palabras de su presidente Gianni Infantino.
Tres ciudades, tres himnos al espectáculo. El balón, eso sí, tendrá la última palabra.
El balón echa a rodar: ecos de 2010 y estrenos históricos
Tras los fuegos artificiales, llega lo que cuenta. México–Sudáfrica abre el Grupo A el jueves, con la memoria anclada en aquel 1-1 de 2010. Esta vez, el Tri juega en su templo, con un Azteca lleno y la responsabilidad de marcar el tono de un grupo que también arranca con un duelo nocturno: Corea del Sur contra Czechia, a las 21:00 hora local (23:00 ET) en el Estadio Akron de Zapopan, a las afueras de Guadalajara.
El viernes, Canadá vive su propio momento fundacional. Primera vez que disputa un partido de Copa del Mundo en su propio país. Bosnia y Herzegovina será el rival en Toronto, en un encuentro que trasciende lo deportivo para una generación que ha crecido viendo Mundiales por televisión y ahora los tiene a la vuelta de la esquina.
En Estados Unidos, el regreso al escenario mundialista en casa llega cargado de memoria. La última vez que la selección masculina jugó un partido de Mundial como local fue el 4 de julio de 1994, derrota 1-0 ante Brasil en octavos de final. Esta vez, el rival es Paraguay, en Los Ángeles, y la USMNT salta al césped con equipaciones nuevas inspiradas en camisetas históricas, incluidas las franjas de hace 32 años, según Nike. Un guiño al pasado para un equipo que quiere dar un salto en el presente.
Seguridad máxima: 39 días bajo la lupa
El espectáculo llega acompañado de un despliegue de seguridad sin precedentes en territorio estadounidense. El FBI ha movilizado equipos tácticos a Atlanta, Boston, Dallas, Houston, Kansas City, Los Ángeles, Miami, Nueva York, Nueva Jersey, Filadelfia, el área de la Bahía de San Francisco y Seattle, según anunció el director de la agencia, Kash Patel.
Se trata de unidades de respuesta a crisis destinadas a apoyar el enorme operativo para proteger a jugadores, aficionados y visitantes. En sedes como Gillette Stadium, en Foxborough (Massachusetts), las autoridades ya avisan: convendrá llegar con más de una hora de antelación para superar los controles, según recogió CBS Boston.
Marlo Graham, agente especial al frente de la oficina del FBI en Atlanta, explicó a CBS Atlanta que la preparación no difiere de otros grandes eventos, salvo en un detalle clave: el Mundial se extiende durante 39 días. Las unidades tácticas llevan meses entrenando junto a equipos de otras agencias.
A este entramado se suma el papel de los agentes de Immigration and Customs Enforcement. El responsable de la política fronteriza de la Casa Blanca, Tom Homan, señaló a CBS News que la “prioridad principal” de ICE durante el torneo será la seguridad nacional, no la aplicación de la normativa migratoria.
Todo ello llega tras más de un año de endurecimiento de las condiciones de entrada a Estados Unidos por parte de la administración Trump, un contexto que ha alimentado temores sobre el impacto en el Mundial. El caso del árbitro somalí Omar Abdulkadir Artan lo ilustra: estaba designado para dirigir partidos de la Copa del Mundo y fue rechazado en la frontera el pasado fin de semana por “motivos de verificación”, según explicó Customs and Border Protection en un comunicado. FIFA confirmó que se le denegó la entrada, sin detallar las razones.
Qué se puede llevar al estadio: calor, polémica y rectificación
El reglamento de FIFA para los estadios es claro y estricto. Bolsas no transparentes, objetos peligrosos, armas, protecciones corporales, cascos, paraguas, cochecitos de bebé y sillas quedan fuera de los recintos mundialistas.
El conflicto surgió con el agua. La normativa inicial prohibía “botellas, vasos, frascos, latas o cualquier otro tipo de recipiente cerrado o con tapa que pueda ser arrojado o causar lesiones”, así como botellas de agua de marca. Con partidos en pleno verano y episodios de calor extremo, la reacción de los aficionados fue inmediata.
El grupo de seguidores ingleses Free Lions lo resumió en X con un dardo: “¿Qué será lo próximo? ¿Prohibir la crema solar y obligar a los aficionados a comprarla en el estadio? Naturalmente, el primer pensamiento de los hinchas es que esto es solo otro intento de sacar dinero.”
La presión surtió efecto. El director de operaciones del Mundial 2026, Heimo Schirgi, aclaró después en redes sociales que se permitirá la entrada de una botella de agua blanda, de plástico, desechable y sellada de fábrica, de hasta 20 onzas, por espectador en los estadios de Estados Unidos y Canadá. Las botellas rígidas reutilizables siguen vetadas.
Dentro de los recintos, el negocio líquido tiene dueño: todas las bebidas —agua, refrescos y zumos— serán suministradas en exclusiva por Coca-Cola, patrocinador histórico de FIFA, según informó Associated Press.
El Mundial más caro para el aficionado… y aun así, lleno
El aumento del número de sedes —16 estadios repartidos por el continente— multiplica las oportunidades de ver un partido en directo. Pero no todos pueden permitírselo. Para muchos, este Mundial también será recordado por los precios.
“Es una cifra absolutamente demoledora en lo que respecta al precio de las entradas para entrar a un partido”, lamenta Phil Labas, capitán del capítulo de Chicago de American Outlaws, un grupo de 30.000 aficionados al fútbol en Estados Unidos. Las entradas de la fase de grupos se han disparado hasta varios cientos, e incluso miles de dólares, en algunos encuentros.
Labas, que asegura haber asistido a casi todos los eventos de U.S. Soccer en los últimos cuatro años, admite que este Mundial en casa ha empujado a los Outlaws a las alturas del estadio. “Estamos en la sección 300. Somos el anillo superior, en una esquina… Es una auténtica desgracia”, describe.
Aun así, el compromiso no se negocia. “Nos escucharéis, nos veréis si la cámara sube, pero estaremos allí”, promete. Más lejos del césped, pero dentro del ruido.
Favoritos, sorpresas y una apuesta naranja
Mientras los aficionados hacen cuentas, las casas de apuestas afinan cuotas. Se espera que este Mundial se convierta en uno de los mayores eventos de juego de la historia, y los analistas ya han lanzado sus pronósticos.
El economista alemán Joachim Klement, que ha acertado a los tres últimos campeones del mundo, apuesta esta vez por una selección que no figura en la primera línea de favoritismo de las casas: Países Bajos. En declaraciones a CBS News, explicó que sitúa a la Oranje por delante de gigantes como Francia, España, Inglaterra o Brasil porque la considera una de esas “selecciones que rinden por encima de lo esperado de forma constante”.
Países Bajos ha jugado tres finales de Copa del Mundo —1974, 1978 y 2010— sin levantar el trofeo. Klement ve en este grupo una plantilla sin una megaestrella tipo Lionel Messi, pero muy equilibrada. “No hay un punto débil real”, sostiene. Y subraya un principio clásico: el ataque gana partidos, la defensa gana torneos. En su opinión, la zaga neerlandesa le da al equipo una plataforma ideal para competir a largo plazo.
Respecto a Estados Unidos, su análisis mezcla ilusión y realidad. En el Grupo D, con Paraguay, Australia y Turquía, la USMNT se encuentra ante un cuadro parejo, con opciones claras de superar la fase de grupos y, si el cruce acompaña, alcanzar al menos los cuartos de final. El techo deportivo no es el único condicionante. El propio Klement recuerda que el fútbol compite en Estados Unidos con una constelación de deportes por el talento y la atención del público. En Europa o en Latinoamérica, el fútbol manda; en Norteamérica, todavía pelea por ese lugar.
La mayor Copa del Mundo de la historia arranca entre ceremonias multitudinarias, controles exhaustivos, botellas revisadas en los accesos y entradas que duelen al bolsillo. El resto lo decidirán 48 selecciones, 39 días y un continente entero convertido en escenario. El ruido ya está aquí. Falta saber quién se atreverá a silenciarlo con una copa entre las manos.






