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Mbappé: entre el ruido de Madrid y el éxito en la selección

Desde lejos podría parecer una historia sencilla: una superestrella que deja Paris Saint-Germain para cumplir el sueño de jugar en Real Madrid. Pero desde que Kylian Mbappé aterrizó en el Bernabéu en 2024, el relato se ha ido torciendo. Y rápido.

Los números son demoledores: 86 goles en 103 partidos. Una producción de videojuego. Sin embargo, en Madrid casi nadie habla de eso. Hablan de otra cosa: de que desde su llegada el club no ha levantado ni un solo gran título. El vacío en las vitrinas ha convertido a los pesos pesados del vestuario en dianas permanentes. Mbappé, por perfil, salario y cartel, es el pararrayos principal.

En este contexto, el francés vive con una condena silenciosa: no puede tener un partido discreto. Cada actuación que no sea decisiva se convierte en munición para la crítica.

Una temporada que se rompe por la mitad

El inicio de la campaña 2025-26 parecía confirmar que Mbappé iba a cambiar el destino del club. Primer tramo del curso: cifras descomunales, sensación de imparable, goles que caían semana tras semana. Pero el guion se quebró tras el invierno.

Entre molestias físicas y una evidente bajada de impacto, el delantero solo vio puerta cuatro veces entre mediados de febrero y el final de la temporada. Justo cuando Real Madrid más le necesitaba, el equipo se deshilachó: se descolgó en la Liga frente a un Barcelona lanzado y cayó en cuartos de final de la Champions ante Bayern Munich. Mbappé superó la barrera de los 40 goles, sí. Pero sus registros quedaron empequeñecidos por el fracaso colectivo.

La presión, ya de por sí asfixiante, se convirtió en algo más oscuro. El ambiente se volvió irrespirable.

Choque en Valdebebas y vacaciones en el peor momento

El punto de ebullición llegó en la recta final. Según desveló The Athletic, Mbappé protagonizó una bronca fea con un miembro del cuerpo técnico antes del partido ante Real Betis a finales de abril. Un simple fuera de juego señalado en un partidillo de entrenamiento encendió la mecha: el delantero respondió con una andanada de insultos. Más que un incidente aislado, fue el espejo de un vestuario y un club sumidos en la toxicidad.

Ese mismo encuentro ante Betis dejó otra mala noticia: lesión en los isquiotibiales. Hasta ahí, nada fuera de lo habitual en una temporada cargada. Lo que vino después, sí. En lugar de recuperarse en Valdebebas, Mbappé aprovechó unos días libres para irse de vacaciones a Cerdeña con su pareja, la actriz española Ester Expósito. Las imágenes en un yate coincidieron con un partido de Liga ante Espanyol.

La reacción fue inmediata. Internamente se levantaron cejas. Fuera, se desató una tormenta. Mientras Álvaro Arbeloa salía en su defensa, una petición viral bajo el lema “Mbappé out” arrasó en internet: 12 millones de firmas en menos de 24 horas, más de 70 millones al final. Una cifra tan descomunal como reveladora del clima que rodea al francés en España.

Mbappé se perdió el Clásico en el que Real Madrid entregó, en la práctica, la Liga a Barça. Oficialmente, seguía sin estar en condiciones y se excusó de entrenar con los teóricos suplentes por “molestias”. No reapareció hasta mediados de mayo, en el banquillo ante Real Oviedo.

La explosión pública: “Estoy al 100%”

Ahí el conflicto dejó de ser solo interno. Tras entrar desde el banquillo, Mbappé hizo algo que rara vez hace: se paró a hablar con los medios. Y lo hizo para lanzar un mensaje claro. Aseguró que estaba “al 100%” y reveló que no había sido titular porque Arbeloa le había comunicado que ahora era el “cuarto delantero” del equipo.

Las palabras estallaron en el club. Arbeloa tuvo que salir al día siguiente a desmentirle en rueda de prensa, acorralado por las preguntas sobre el caso: “Debió de entenderme mal, en ningún momento dije que fuera el cuarto delantero. Un jugador que hace cuatro días no estaba ni para ir al banquillo no podía ser titular hoy”.

The Athletic ya hablaba entonces de una “creciente decepción” con Mbappé “del vestuario a la directiva”. Desde el entorno del jugador, la respuesta llegó en forma de comunicado: una parte de las críticas, defendían, se basaba en una “sobrerinterpretación” de una fase de recuperación “estrictamente supervisada por el club” y no reflejaba “la realidad del compromiso y del trabajo diario” del delantero.

Mientras tanto, el ciclo de desgaste seguía girando.

Norteamérica, el refugio perfecto

Tras un curso tan envenenado, el Mundial ha sido para Mbappé algo más que un torneo: un escape. En Norteamérica, lejos del eco atronador de la prensa madrileña, ha vuelto a ser el de siempre. El delantero que decide partidos, que huele la sangre y no perdona.

Ocho goles hasta ahora, Francia lanzada hacia el título y la sensación de que el 10 ha recuperado la alegría. Tres dobletes —ante Senegal, Iraq y Suecia—, un penalti decisivo contra Paraguay y un golazo para abrir el marcador frente a Marruecos en cuartos. Incluso en el único duelo en el que no marcó, contra Noruega en la fase de grupos, dejó dos asistencias.

Su botín de ocho tantos le coloca empatado con Lionel Messi en una carrera por la Bota de Oro que roza lo irreal. Y hay más: ya suma 20 goles en Mundiales, solo uno menos que los 21 de Messi. Está a tiro de convertirse en el máximo goleador histórico del torneo, si no en esta edición, en las siguientes.

Con Francia, la historia es otra. El mismo jugador, un peso distinto.

Capitán, líder y protegido en la selección

En la selección, Mbappé se mueve con una comodidad que contrasta con la rigidez de Madrid. Didier Deschamps maneja un grupo plagado de talento, pero nadie discute quién es el faro. Mbappé es el capitán, el líder indiscutible, el que marca el tono dentro y fuera del campo.

El vestuario lo sabe y lo defiende. Antes del inicio del Mundial, Ousmane Dembélé se plantó ante la narrativa que rodeaba a su amigo: “Las críticas hacia él son muy, muy injustas. Hay gente que se pasa con Kylian. Es un jugador increíble y una muy buena persona fuera del campo. Como es Kylian Mbappé, algunos exageran. No pueden seguir yendo a por él por todo. Si se ata los cordones o si se sube las medias… es demasiado. Es un ser humano. Con Francia es muy bueno con nosotros, es un líder”.

Lucas Hernández fue en la misma línea: “Kylian es un jugador extraordinario. Cuando eres Kylian Mbappé, todo el mundo mira todo lo que haces, dentro y fuera del campo. Todas las críticas que ha habido esta temporada, las va a silenciar”.

Ese es el plan. Y, por lo visto hasta ahora en el torneo, va bien encaminado.

La mirada de España: idolatría, sospecha y algo más

Desde fuera podría pensarse que España ha dado la espalda a Mbappé. La realidad es más matizada. Su liderazgo, su ego y algunos comportamientos fuera del césped se discuten. Sus cifras y su capacidad para decidir partidos, en cambio, se reconocen sin matices. El problema es que, como superestrella global, cada gesto se amplifica.

En el análisis también se cuela otro elemento incómodo: el historial irregular del fútbol español en el trato a los jugadores negros. El contexto pesa, aunque no lo explique todo.

El periodista Guillem Balagué lo resumía así en la BBC: en España se tiende a “hacer historias a partir de lo poco” que se ve de los jugadores. El “jurado”, decía, sigue deliberando con Mbappé. Se le percibe “frío” y “distante” con la afición del Bernabéu, un contraste con el tipo de futbolista que el madridismo suele adorar, ese que corre hasta por balones imposibles, como le recordaba una vez Raúl.

Hay una certeza: si Real Madrid estuviera ganando, el relato sería muy diferente. La gran duda es si el problema está en los entrenadores, incapaces de exprimir al máximo a Mbappé, o en la propia adaptación del francés. Cuando llegó, bajo el mando de Carlo Ancelotti, se mostró humilde, consciente de dónde estaba y obediente con el plan del técnico. Después de fallar dos penaltis seguidos, ante Liverpool y Athletic Club, se vino abajo y decidió “hacerlo a su manera”. Los goles volvieron, los números con Ancelotti fueron espectaculares. Esta temporada, con Xabi Alonso primero y Arbeloa después, nada ha encajado igual.

El talento sigue ahí. El encaje, no tanto.

España en el horizonte y una misión personal

Ahora, el fútbol le coloca un escenario casi perfecto: una semifinal de Mundial contra el país en el que vive, compite y recibe críticas a diario. Mbappé llega a la cita donde más le gusta estar: en plena racha, entre los máximos goleadores del torneo y con la sensación de que cada vez que arranca algo va a pasar.

Pero no se engaña. Sabe que el margen de error es cero. “Solo hay un escenario en el que puedes relajarte y es ganando el Mundial”, avisó antes del duelo ante España. “Cuando juegas para Francia, si no ganas, te critican duramente. Tenemos un grupo muy unido que va hacia un único objetivo: la victoria. Estamos en semifinales, pero el camino sigue siendo largo y los partidos más difíciles están por delante”.

En Madrid le esperan con la libreta abierta, dispuestos a apuntar cualquier gesto. En Francia le miran como al héroe que puede conducir a otra estrella más sobre el escudo. En España, el juicio sigue abierto.

Si elimina a la campeona de Europa y mantiene este nivel cuando vuelva al Bernabéu, la pregunta ya no será cuánto se le critica. Será cuántos estarán dispuestos a pedirle perdón.