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Manchester City: Nueva Era Sin Pep Guardiola

Por primera vez en una década, el Manchester City se asoma a una temporada de Premier League sin Pep Guardiola en la banda. Se cierra así el capítulo más brillante de la historia del club: seis títulos de liga, una Champions League y una transformación total hasta convertirse en la referencia del fútbol inglés.

Ese vacío lo ocupa ahora Enzo Maresca. Un banquillo gigantesco, un listón todavía más alto y un vestuario repleto de talento encabezado por Erling Haaland. El italiano hereda poder, pero también una presión descomunal.

El domingo, ante el Bournemouth en el Etihad, arranca la nueva era. Y las dudas son muchas.

¿Cómo se sobrevive al “después de Guardiola”?

El City lleva diez años moldeado a imagen y semejanza de un solo entrenador. Todo: modelo de juego, estructura del club, perfiles de fichajes, jerarquías internas. De ahí que la comparación con el Manchester United tras la marcha de Sir Alex Ferguson no sea gratuita.

Maresca no aterriza como un desconocido. Fue asistente de Guardiola en la temporada del triplete y, desde entonces, ha levantado su propia reputación en Leicester y Chelsea. No es un salto al vacío, pero sí un paso delicado.

El gran atractivo de su llegada es la continuidad. El City no ha querido romper con la idea futbolística que lo llevó a la cima. Se espera un equipo reconocible con balón, con muchos automatismos heredados. Pero Maresca necesita algo más que ser guardián de un legado: debe imponer pronto su sello.

Su carácter añade picante. Tiene fama de chocar de vez en cuando con jugadores y miembros del staff. En un vestuario que viene de ser subcampeón y que exige pelear el título desde ya, cualquier fricción puede amplificarse.

El estreno competitivo no ayudó. En la Community Shield, el City fue arrollado 3-0 por el Arsenal. Un aviso temprano de que la transición no será suave.

Sin Rodri, ¿quién manda en el centro del campo?

La pérdida de Rodri golpea el corazón del proyecto. Durante años fue el metrónomo del City: pase, colocación, lectura defensiva. Este verano, además, lideró a España hasta el título mundial y se llevó el Balón de Oro del torneo. Su marcha al Barcelona deja un agujero enorme.

El club ha reaccionado con músculo financiero. Ha llegado el internacional inglés Elliot Anderson desde el Nottingham Forest por unos 116 millones de libras, una cifra que lo coloca de inmediato bajo el foco. Aporta energía, recuperación y recorrido. Es un centrocampista que pisa áreas, más box-to-box que mediocentro posicional.

El problema es evidente: no es un clon de Rodri.

El City también tiene en el radar al joven Ayyoub Bouaddi, de 18 años, procedente del Lille. Un proyecto interesante, pero todavía muy verde para asumir el rol de ancla en un aspirante al título.

La realidad es cruda: no hay hoy un mediocentro defensivo mejor que Rodri. No se puede reemplazar, solo repartir su responsabilidad entre varios jóvenes y confiar en que el engranaje no se resienta demasiado.

La gestión de partidos, la herida abierta

El título se escapó la pasada campaña por algo tan básico como gestionar ventajas. El City dejó escapar 17 puntos tras ir ganando. Demasiado para un equipo que aspira a dominar la liga año tras año.

Aquí Maresca puede marcar diferencia. Su perfil es algo más pragmático, menos obsesionado con el control absoluto a cualquier precio. Pero la teoría choca con la realidad del mercado.

Este verano han salido John Stones, Bernardo Silva y Nathan Aké, tres piezas clave en la salida de balón y en el control de los ritmos. La gran incógnita es si los refuerzos encajan con una versión más calculadora del City o si obligarán al técnico a matizar sus ideas.

Ahí se jugará buena parte del campeonato: en esos últimos veinte minutos en los que el año pasado el equipo se desmoronó demasiadas veces.

¿Alcanza con el cañón de Haaland?

Mientras el sistema se reajusta, el plan más sencillo es mirar al área y confiar en Haaland. Cuando el City carbura, casi ninguna defensa de la liga puede contener al noruego.

Pero ya quedó claro que construir una candidatura al título casi exclusiva sobre un delantero es frágil. Al propio City le pasó la temporada pasada: cuando el flujo de ocasiones hacia Haaland se cortó, el equipo se quedó sin plan alternativo.

Omar Marmoush es un recurso útil, un delantero competente, pero está muy lejos del nivel del noruego. No puede sostener por sí solo un ataque campeón.

Maresca necesita diversificar. Activar más a los interiores, sacar más colmillo de los extremos, encontrar vías de gol desde segunda línea. Si el City vuelve a depender en exceso del número de toques de Haaland en el área, volverá a caminar por la cuerda floja.

Un vestuario cansado y un verano inquieto

A todo esto se suma el peaje del Mundial. El City envió a buena parte de su columna vertebral hasta las rondas finales, con seis titulares implicados en la última semana del torneo. Entre ellos, figuras como Haaland y Doku.

Resultado: una pretemporada con menos efectivos de los deseados y un mercado de fichajes todavía en movimiento. Maresca ha trabajado con un grupo corto y con la sensación de que la plantilla sigue en construcción.

La Community Shield fue un reflejo incómodo. El City se vio plano, sin chispa, muy por detrás de un Arsenal más fresco y afilado.

El propio Maresca lo admitió tras el partido: no sabía si el bajón era físico, pero recordó la cantidad de jugadores que llegaron tarde por el Mundial. Reconoció que la reacción tras el primer gol encajado fue buena, pero que el segundo tanto hizo el partido “más complicado”.

El telón se levanta el domingo. Sin Guardiola, sin Rodri, con dudas en la gestión de partidos y un vestuario que aún se sacude el cansancio. El City sigue teniendo una de las mejores plantillas del mundo. La pregunta ya no es si tiene talento, sino si Maresca será capaz de domarlo a tiempo para que la década post-Guardiola no empiece con un golpe seco en la mesa… o con un aterrizaje forzoso.