Malik Tillman: de jugador ornamental a interior moderno
Malik Tillman salió del Mundial convertido en otra cosa. No en el mediapunta fino y ornamental que se vio en PSV, sino en un interior moderno, moldeado por Mauricio Pochettino como un auténtico ‘8’ de élite: presión, conducción, metros ganados con balón. El toque y la fantasía siguen ahí, claro. Lo recuerdan dos faltas directas que ya forman parte de la memoria reciente de la USMNT.
El problema llega ahora, con el regreso al día a día. El Bayer Leverkusen que dejó hace un año ya no existe. Entonces era un equipo de Champions, todavía con la resaca feliz de haber roto el dominio del Bayern en la Bundesliga en 2024. Hoy es otra cosa: un bloque golpeado por una temporada gris, que terminó conformándose con la Europa League. Y dentro de ese contexto, Tillman nunca terminó de despegar: seis goles y una asistencia en toda la campaña. Muy poco para un jugador llamado a marcar diferencias.
Por eso este curso se le presenta casi como un reinicio. El club ha apostado por Carles Martínez Novell, técnico que en Toulouse se acostumbró a hacer mucho con muy poco durante cuatro años. Perfil ascendente, apuesta lógica para un Leverkusen que quiere reconstruirse sin perder ambición. Su idea es clara: fútbol progresivo, balón hacia adelante, ritmo alto. Un ecosistema donde Tillman encaja, ya sea como interior tipo Pochettino o como mediapunta clásico, más cercano al área y al último pase.
Hay hueco para él. Y el calendario le ofrece una rampa de lanzamiento: Elversberg, recién llegado a la Bundesliga. Un rival ideal para que el estadounidense empiece a reescribir su historia en Alemania.
Brenden Aaronson, esfuerzo infinito y una deuda con el gol
Brenden Aaronson siempre deja algo: carreras, ayudas, presión, movimiento constante. Es de esos futbolistas que agotan al rival solo con su energía. Pero los números cuentan otra historia, más fría: 33 goles y 31 asistencias en 268 partidos de liga. Da la sensación de que debería haber más.
Aun así, Daniel Farke confía en él. Y no es poca cosa después de los vaivenes que vivió en Leeds. Este año, al menos de inicio, se ha ganado un sitio como titular indiscutible en el sistema del técnico alemán. Su debut de temporada fue discreto con balón, pero muy reconocible en el resto: partido aplicado desde la banda izquierda en el 1-0 ante Nottingham Forest. Ni una ocasión creada, sí siete acciones defensivas, 14 sprints y seis recuperaciones. Aaronson en estado puro.
La pregunta de siempre vuelve a aparecer: ¿basta con eso? Leeds ha incorporado a Harry Wilson para el costado derecho, un fichaje que debería descargar a Aaronson de parte de la responsabilidad creativa que nunca ha sido su fuerte. Pero el equipo sigue necesitando chispa en los metros finales, un punto de maldad en el área rival. Y el próximo examen no invita al error: un Brentford ordenado, duro de desarmar, que castiga cada decisión pobre cerca del área.
Si Aaronson quiere que su impacto vaya más allá de los datos físicos, este tipo de partidos son los que tiene que empezar a torcer a su favor.
Antonee Robinson y el caos controlado de Arbeloa en Fulham
El estreno de Álvaro Arbeloa al frente de Fulham fue un pequeño tornado. Un 3-2 ante Chelsea que dejó derrota, sí, pero también una sensación clara: este equipo no se va a aburrir. Plantilla con talento ofensivo, jóvenes con imaginación y un entrenador que, tras su experiencia en un vestuario cargado de egos como el de Real Madrid, parece haber encontrado un escenario hecho a su medida.
Antonee Robinson se movió justo en el centro de ese plan. Arbeloa quiere caos controlado arriba y laterales desatados, agresivos, casi extremos. Un traje perfecto para un lateral cuya seña de identidad siempre ha sido su capacidad para ganar metros y generar juego desde atrás. Ante Chelsea, Robinson lo demostró: dio más pases rompelines que el propio extremo zurdo, César Palacios. El problema fue el otro lado del balón.
Cole Palmer lo desnudó una y otra vez. Noche de exhibición del atacante de Chelsea, noche incómoda para Robinson, que casi nunca consiguió ajustar distancias ni temporizar. Fulham divirtió, sí, pero perdió. Y el lateral izquierdo terminó el encuentro con la sensación de necesitar una respuesta inmediata, sobre todo en defensa.
Esa oportunidad llega ante un Sunderland extraño. Los Black Cats, contra todo pronóstico, se metieron en Europa la temporada pasada y ahora deben dosificar esfuerzos pensando en una Europa League que les va a exprimir. Huelen a equipo vulnerable, con la mente dividida. El escenario perfecto para que Robinson combine lo que siempre ha tenido —profundidad, atrevimiento— con lo que Arbeloa le va a exigir: fiabilidad atrás.
Ricardo Pepi, goles en PSV y la sensación de estar en pausa
El Mundial debía ser el trampolín de Ricardo Pepi. Se presentaba en igualdad de condiciones con Folarin Balogun para el puesto de ‘9’ titular y terminó el torneo con una losa: cero goles, cero asistencias en unos 200 minutos. Para un delantero que apuntaba a explosión definitiva, el golpe fue duro.
Su 2024 ha seguido un guion extraño. En enero se habló de un traspaso a la Premier League, operación que parecía encarrilada. Luego llegó una fractura de brazo, la recuperación, los goles con PSV… y la sensación de que el salto de nivel se posponía otra vez. Este verano tampoco se concretó ningún movimiento. Pepi marca, progresa, pero da la impresión de que corre en una cinta estática.
Para PSV, eso cambia poco: es su referencia ofensiva y lo necesitan enchufado. El club defiende título de liga y tiene una Champions exigente en el horizonte. Antes de eso, toca mantener el pulso en el campeonato doméstico. Llega Utrecht al Philips Stadion, y Pepi aterriza en el partido con dos goles en sus tres primeros encuentros de Eredivisie.
Si sostiene ese ritmo, la pregunta no será si está listo para un escalón superior, sino cuánto tiempo podrá PSV retener a un delantero que, pese a todos los tropiezos recientes, sigue teniendo el gol como mejor argumento.





