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Labyad en Corinthians: un gesto que encierra un mensaje

En Montevideo, Zakaria Labyad marcó mucho más que un gol. Encendió un debate.

El centrocampista marroquí salvó un empate continental clave ante Peñarol y, en cuanto el balón dejó de rodar, apuntó a otro frente de batalla: el futuro de Memphis Depay en Corinthians. El festejo lo delató. Dedos en los oídos, la celebración icónica del neerlandés. Un mensaje directo para la grada, para el vestuario y, sobre todo, para los despachos de São Paulo.

Un gol, un gesto y un recado

Nada fue casual. Labyad explicó después, ante los micrófonos de ESPN, que el gesto era un tributo explícito a Memphis. Y aprovechó ese altavoz para poner presión a la dirigencia.

“Es muy importante para el club dar el siguiente paso para que se quede”, reclamó, recordando el impacto del ex atacante del Barcelona desde que aterrizó en Sudamérica. Dos años, tres títulos, un equipo rescatado del abismo del descenso y un vestuario que gira a su alrededor. Un líder competitivo y cultural.

Labyad no habló solo por él. Habló por todos. “Para el club, para nosotros los jugadores, nos encantaría que se quedara en Corinthians”, remarcó, convirtiendo el deseo individual en postura colectiva. El vestuario se ha alineado: quieren a su talismán dentro, no como un recuerdo prematuro.

Contrato al límite y directivos a contrarreloj

El problema está en el calendario. El contrato de Memphis expira a finales de julio. El reloj aprieta y los directores corporativos viven días de negociación frenética, buscando cerrar un acuerdo de renovación que, por dimensión económica, necesita el respaldo total de tres socios comerciales externos.

No hay margen para errores. Se trata de blindar a la figura que cambió la cara del club, con una operación millonaria que debe quedar completamente cubierta por patrocinadores. Mientras los ejecutivos discuten cifras y plazos, el ruido en torno al futuro del neerlandés crece en la calle y en el vestuario.

Un regreso minado por contratiempos

La temporada de Memphis, sin embargo, no ha sido sencilla. Una larga estancia en la sala de fisioterapia lo sacó de circulación desde finales de marzo, en medio de un complejo periodo de transición física. El cuerpo pasó factura.

Cuando parecía acercarse el regreso, otro frenazo. Un leve problema muscular en la pierna izquierda, detectado en el entrenamiento del lunes, interrumpió su reintegración definitiva al grupo. Nada grave, según el departamento médico, que considera este tipo de desajuste algo habitual en un futbolista de élite que vuelve tras una inactividad prolongada.

No deja de ser un recordatorio: Memphis sigue en construcción. Pero su sola sombra ya condiciona planes, sistemas y decisiones de alto nivel dentro del club.

Calendario salvaje y una incógnita en el ataque

El contexto deportivo no da respiro. Corinthians encara una semana brutal: tres partidos físicos, de máxima exigencia, en apenas siete días. Primero, una prueba dura en casa por el Brasileirao ante Atlético-MG, el domingo 24 de mayo. Después, un duelo decisivo en la fase de grupos de la Copa Libertadores frente a Platense. Y, para cerrar, un viaje a Porto Alegre para medirse a Grêmio el 30 de mayo.

Mientras el equipo se prepara para esa secuencia que puede marcar la temporada, el club vive una doble carrera contrarreloj: recuperar a Memphis para que llegue en condiciones a reforzar la campaña doméstica y, al mismo tiempo, cerrar el marco administrativo de su renovación.

El neerlandés, por ahora, tiene una sola misión: completar los últimos hitos de su rehabilitación física. El resto se discute en oficinas y salas de juntas. Pero la pregunta ya flota en el ambiente de São Paulo: ¿se atreverá Corinthians a dejar escapar al hombre que cambió su destino justo cuando más lo necesita?