Kevin Ellison: del rechazo en Liverpool al sueño en Leicester
“I had four touches and I fouled Paul Scholes”. Kevin Ellison se ríe al recordarlo. Fue su único partido en la Premier League, con Leicester City, en Old Trafford, en 2001. Cuatro toques, una falta a Scholes, un sueño cumplido… y un 2-0 en contra ante el Manchester United. Nunca más volvió a pisar la élite.
Lo llamativo es todo lo que hubo antes. Y todo lo que vino después.
Del rechazo en Liverpool al sueño en Leicester
Ellison creció en Anfield, a cinco minutos a pie del estadio de Liverpool. Jugó para los equipos escolares de la ciudad y pasó por el centro de excelencia del club junto a Michael Owen y Steven Gerrard. Los domingos, de niño, esperaba fuera del Kop a que los acomodadores abrieran las puertas en los últimos minutos. Cuando los aficionados salían, él corría hacia dentro para ver el final de los partidos. Se empapó de John Barnes, de Ian Rush, de ambiente y de ilusión.
Hasta que llegó la carta.
A los 15 años, Liverpool le comunicó que no seguiría en el club. “Gracias por todo tu esfuerzo en los últimos siete años y buena suerte en el futuro”. Frío, directo. Demoledor. “Fue desgarrador, pensé: ‘ya está, nunca voy a ser futbolista’”, recuerda. En casa, su madre no le dejó hundirse: “arremángate, sigue trabajando duro y tu oportunidad llegará”.
La oportunidad tardó, y no fue glamourosa. Primero, fútbol de domingo. Después, Southport, en la quinta categoría, con Ronnie Moore en el banquillo. Debut con 18 años saliendo desde el banquillo en una derrota 1-0 ante Telford, en marzo de 1997. Cuatro partidos, 65 libras en dietas. Luego Chorley, Conwy United en la League of Wales y, finalmente, Altrincham.
Allí empezó a llamar la atención: 23 goles en 54 partidos de liga. Pero el fútbol era solo media jornada. “Aprendí por las malas”, admite. Trabajaba a tiempo completo en una obra y también repartiendo muebles: sofás, camas, armarios. Todo lo que hiciera falta para llegar a fin de mes.
En 2001, por fin, el giro que cambia una vida: Leicester City paga 50.000 libras por él. El club venía de ganar la League Cup con Martin O’Neill. De la obra a la Premier en un salto.
“Me ofrecieron 650 libras a la semana y mi agente pidió más”, recuerda Ellison. Lo echaron de la sala. A solas, le dijeron que firmara o se marchara. Rascaron 50 libras más. Su agente argumentaba que ya estaba en cifras similares combinando su trabajo y el fútbol a tiempo parcial. A Ellison le daba igual: “de niño en Anfield, lo único que quería era ser jugador a tiempo completo”.
Un mes después de llegar, con 22 años, salía al césped de Old Trafford en el minuto 84, frente a Roy Keane, Ole Gunnar Solskjaer y Paul Scholes. Leicester perdió 2-0. Él sumó cuatro toques y una falta al mítico centrocampista del United. Y ahí se cerró su capítulo en la Premier.
Descenso, depresión y un volante en la M6
El sueño se torció rápido. De un contrato de dos años y medio con los Foxes, Ellison pasó a caer de nuevo por las divisiones, a preocuparse por el dinero, a encadenar contratos cortos. Y, en paralelo, su vida personal se agrietaba.
“La peor noche fue conduciendo por la M6”, confiesa. “Lo recuerdo como si fuera ayer. Pensaba: ‘¿la vida de la gente a mi alrededor sería mejor si estrellara el coche contra la mediana a 100 millas por hora?’. Así de profundo llegué a caer”.
La depresión lo fue cercando. Muerte de familiares y amigos cercanos, inseguridad laboral, la presión de mantener a una familia. El miedo a ser juzgado por admitir que no estaba bien. “Tenía un trabajo de ensueño y se supone que debía estar bien, sin que nadie se diera cuenta de que soy un ser humano con sentimientos como todos”.
Tardó en hablar. Demasiado, según él mismo admite. “Tuve pensamientos muy oscuros durante años sufriendo en silencio, cuando debería haberme abierto”. El giro llegó cuando pidió ayuda profesional y se sinceró con los suyos. “Hablar y buscar ayuda fue la única forma de atravesar esas nubes negras. No me avergüenzo de lo que he pasado. Estoy agradecido, porque me ha abierto los ojos a muchas cosas en la vida”.
Un veterano de mil batallas
Hoy, con 47 años, Ellison está más sano y más sereno. Y, sorprendentemente, sigue jugando.
Defiende la camiseta de Vauxhall Motors, club de Cheshire de las categorías no profesionales, en la Northern Premier League Division One West, octavo nivel del fútbol inglés. Si salta al campo este sábado en la ronda preliminar de la FA Cup frente a Thackley, será uno de los futbolistas de más edad en disputar el torneo.
“Todos dicen que debería estar en una residencia”, bromea. Lo cierto es que ha jugado en las ocho primeras categorías del fútbol inglés y forma parte de ese grupo mínimo de jugadores que han superado los 1.000 partidos en una carrera que ya suma 29 años y 18 clubes.
“He perdido la cuenta del número exacto de partidos”, admite. “Pero sigo teniendo fuego en el estómago y todavía me pongo un poco nervioso antes de los encuentros. Sigo aquí, jugando con 47. Estoy agradecido por eso”.
Entre sus mejores momentos, Ellison destaca el ascenso al Championship con Hull City en 2005, dos finales de play-off en Wembley con Rotherham United (2010) y Newport County (2021), y sus 124 goles en 553 partidos de liga en la cuarta categoría. Solo con Morecambe, entre 2011 y 2020, firmó 81 tantos en 352 apariciones.
No está nada mal para alguien que, a los 15 años, pensó que su sueño profesional había muerto.
No todo fueron celebraciones. Formó parte del Chester City que descendió de la Football League en 2009, antes de que el club se hundiera financieramente. Cada final de contrato, cada último semestre, traía la misma angustia: ¿habrá otra oportunidad?
El profe que jugó contra el mejor United
Hoy combina el fútbol con un trabajo en un instituto de Liverpool, en el área de protección y bienestar del alumnado. En los pasillos, los chicos no le dejan olvidar su breve paso por la élite.
“Se ríen y me dicen: ‘profe, solo jugaste una vez en la Premier League’”. Él responde con una sonrisa: “sí, pero fue contra el Manchester United, que entonces era el mejor equipo del mundo”.
Su mensaje ya no se limita al vestuario. También habla de salud mental, de pedir ayuda, de no esconder el dolor. “No te avergüences. Todo el mundo tiene problemas”, insiste. “Habla con tu familia y tus amigos. Ábrete, hay gente dispuesta a ayudar y a escuchar”.
Un reloj que no se detiene… y un hambre que tampoco
Con su 48º cumpleaños a seis meses vista, la pregunta es inevitable: ¿hasta cuándo piensa seguir?
“No lo sé”, responde con honestidad. Lo que sí tiene claro es que el cuerpo ya no regala nada. “Necesito trabajar el doble para seguir el ritmo de los jóvenes que vienen”. Pero la motivación no se ha ido: “el fútbol ha sido mi vida. Sigo aprendiendo y todavía tengo ese hambre y ese deseo de hacerlo bien. Mientras tenga eso, quiero seguir jugando”.
Mira hacia atrás y se ve en todos los escenarios posibles: desde Leicester City hasta Vauxhall Motors, pasando por todos los niveles del sistema inglés. “He jugado en las ocho primeras categorías. Algunos dirán que no he hecho un buen partido en ninguna de ellas”, suelta, entre risas.
Tal vez. O tal vez la verdadera victoria esté en seguir saliendo a jugar cuando muchos ya lo daban por acabado. Y en seguir levantándose después de cada caída, con las botas puestas y la mente, por fin, en paz.






