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Inter asegura futuro: renovaciones y ofensiva por Dimarco

El nuevo contrato de Pio Esposito hasta 2031 no es un simple movimiento de futuro. Es la señal de arranque de una operación mucho más amplia en el Inter, decidido a blindar el corazón de su plantilla antes de que los contratos empiecen a convertirse en un problema.

Según Corriere dello Sport, la directiva nerazzurra tiene ya marcada en rojo la agenda de renovaciones. La idea es clara: cuando se cierre oficialmente el mercado de verano, el club acelerará las negociaciones para asegurar a largo plazo a varias piezas clave del vestuario. Quieren anticiparse a cualquier fricción, ordenar las prioridades y entrar en otoño con el tablero contractual bajo control.

Dimarco, prioridad absoluta

En lo más alto de la lista aparece un nombre indiscutible: Federico Dimarco. El lateral izquierdo, elegido MVP del último Scudetto, tiene contrato hasta 2027, con opción del club para prolongarlo un año más. Sobre el papel, no hay urgencia. En la práctica, sí hay un mensaje que enviar.

Dimarco quiere que su contrato refleje su peso real en el proyecto. El internacional italiano estaría apuntando a un aumento de sueldo de los 4 a los 5 millones de euros por temporada, una cifra acorde con su impacto en la conquista del 21º Scudetto del club. Desde el entorno interista se insiste en que el jugador está totalmente centrado en el césped, pero abierto a alargar aún más su vínculo si se reconoce su estatus con una mejora salarial.

El Inter, tranquilo por la duración actual del acuerdo, entiende que esta es una renovación estratégica: no solo se trata de retener a un titular indiscutible, sino de reforzar el mensaje de que las estrellas de la casa son intocables.

Carlos Augusto, salario al alza y batalla por minutos

Otro dossier abierto desde hace meses es el de Carlos Augusto. El brasileño, capaz de rendir en varias posiciones, tiene sobre la mesa una propuesta de aumento hasta rondar los 3 millones de euros anuales.

Aquí el dinero no es el único factor. El verdadero punto de equilibrio pasa por su tiempo de juego. Con Alessandro Bastoni y el propio Dimarco compitiendo por los mismos carriles en el sistema de Cristian Chivu, el ex jugador de Monza debe decidir cuánto está dispuesto a pelear por minutos en un contexto de máxima competencia interna. El club le valora, le mejora el contrato, pero sabe que la continuidad deportiva será decisiva para cerrar el acuerdo.

Calhanoglu entra en zona caliente

Mientras tanto, Hakan Calhanoglu ha entrado oficialmente en el último año de su contrato. Un escenario que en cualquier otro club podría encender alarmas, pero que en el Inter viene acompañado de un respaldo público de alto nivel.

El presidente Beppe Marotta ha subrayado la importancia del mediocampista en el proyecto histórico del club. El mensaje es nítido: el turco no es un jugador más, es un pilar alrededor del cual se ha construido buena parte del fútbol del equipo en los últimos años. Con esa declaración de intenciones sobre la mesa, la renovación del cerebro del centro del campo se convierte en otro frente prioritario.

Una ola de vencimientos hasta 2028

Más allá de los casos más urgentes, en el despacho del San Siro se ve ya venir una ola de vencimientos que se extiende hacia 2028 y que exige planificación fina. Jugadores estructurales del actual Inter, como Alessandro Bastoni, Marcus Thuram, Manuel Akanji y Piotr Zielinski, forman parte de ese horizonte que el club no puede permitirse gestionar a última hora.

La dirección deportiva trabaja con varias variables a la vez: perfiles de edad, cargas físicas, jerarquía en el vestuario y, por supuesto, el encaje en la estructura financiera. El objetivo es proteger el proyecto deportivo sin romper el equilibrio económico que ha permitido al Inter competir al máximo nivel.

En Milán lo tienen claro: el mercado de fichajes tiene fechas de apertura y cierre. La temporada de renovaciones, en cambio, nunca termina. Y el próximo gran movimiento puede volver a llegar desde dentro del vestuario, no desde fuera.