Caos en el final del partido de Danubio
Lo que debía ser un cierre rutinario de partido en la Copa Uruguay terminó en un episodio tan violento como inquietante. En el último minuto, un intruso encapuchado irrumpió en la cancha y fue directamente a confrontar físicamente a varios jugadores de Danubio, desatando el caos en el campo.
El árbitro detuvo el juego durante tres minutos, mientras el desconcierto se apoderaba de todos. Desde las tribunas, cámaras de aficionados registraron una respuesta policial lenta, casi ausente, con los futbolistas obligados a hacer de escudo ante la turba que comenzaba a invadir el terreno. Ante ese panorama, los jueces optaron por adelantar el pitazo final para proteger a los protagonistas.
En lo deportivo, la noche ya venía torcida. Un doblete de Nahuel Da Silva en el segundo tiempo sentenció el 2-0 y dejó a Danubio golpeado en todos los frentes: en el marcador, en la tabla y en el ánimo. El equipo queda tercero en el Grupo A de la Copa Uruguay, con tres puntos en dos partidos, una producción muy por debajo de las expectativas para un club cuatro veces campeón de la Primera División.
La bronca que estalló en la cancha es el reflejo de un malestar que viene creciendo hace semanas. La campaña es pobre. En el torneo local, Danubio marcha 11.º, con apenas 18 puntos en 15 fechas, demasiado poco para su historia y su peso específico en el fútbol uruguayo. La paciencia se agota y la presión sobre el plantel se hace sentir, alimentada por actuaciones discretas tanto en la liga como en la copa.
Ahora el club deberá lidiar con algo más que la pelota. Se avecina un inevitable proceso disciplinario por parte de la Asociación Uruguaya de Fútbol, que analizará los incidentes y la seguridad del espectáculo. Las sanciones pueden golpear aún más a un equipo que ya llega tocado desde lo deportivo.
No hay tiempo para lamentos. Danubio debe recomponerse de inmediato para volver al campeonato local, con un desafío mayúsculo en el horizonte: el sábado 5 de septiembre recibirá a Peñarol. Un gigante tradicional, un rival que no perdona distracciones, y un examen que llega en el momento más delicado.
El encuentro ante los aurinegros se perfila como mucho más que un simple partido de liga. Es una oportunidad –quizá la última a corto plazo– para frenar la caída, recuperar algo de orgullo y empezar a reconstruir la confianza de un equipo y de una hinchada que hoy viven al borde del colapso.





