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Bayern se queda sin gol en Gelsenkirchen: Karius brilla

La decisión de dejar a Harry Kane y Michael Olise en el banquillo marcó el tono de la noche antes incluso de que rodara el balón en el Veltins-Arena. Las cejas se levantaron, las dudas se instalaron. Y cuando el Bayern se atascó una y otra vez ante el muro de Schalke, la apuesta de Vincent Kompany quedó bajo el microscopio.

El técnico belga se mantuvo firme. Kane y Olise, explicó después, llegaron “muy, muy tarde” de sus vacaciones tras el Mundial y arrastraban el desgaste del duelo copero en Osnabrück. No era, según su criterio, el momento de exigirles tres partidos completos seguidos. Rotación calculada. Fría. Y, a la vista del marcador, también cara.

Kane y Olise, demasiado tarde

El plan de Kompany fue aguantar sin ellos de inicio. Al descanso, con el 0-0 clavado en el marcador y el Bayern chocando contra un bloque bajo bien armado, ya no había margen para seguir esperando. Kane entró por Nathaniel Brown y el partido cambió de tono, pero no de resultado.

El delantero inglés rozó el gol que habría salvado la noche y prolongado la racha histórica. Cazó un balón lejos del área y soltó un disparo seco, violento, que voló directo hacia la escuadra. Parecía imparable. Hasta que apareció Loris Karius, se estiró al límite y desvió el balón por encima del larguero con una mano de reflejos felinos.

El impacto fue doble: el grito ahogado de los aficionados visitantes y la confirmación de que la portería de Schalke tenía dueño absoluto.

Olise, que había sustituido a Lennart Karl en la segunda parte, también dejó su huella. Se inventó una ocasión desde un ángulo casi imposible, forzando otra intervención de Karius. Bayern acumulaba llegadas, pero cada intento chocaba con el mismo nombre.

Fin de una era goleadora

Lo de Gelsenkirchen no fue un simple tropiezo. Fue el final de una era. Bayern había marcado en 59 partidos oficiales consecutivos antes de esta visita. Cincuenta y nueve. Una serie que se remontaba a julio de 2025, cuando cayó 2-0 ante Paris Saint-Germain en el Mundial de Clubes.

Desde entonces, el gol había sido una constante, casi una garantía contractual. Hasta que Karius decidió romper el guion.

Al no conseguir batir al guardameta alemán, el campeón vio cómo esa racha se estrellaba en seco. Nada de rebotes afortunados, nada de penaltis salvadores, nada de goles en el descuento. Solo un 0-0 frío que pesó mucho más de lo que decía el marcador.

Kompany, ya en sala de prensa, puso el foco en la falta de continuidad en la presión y en el ritmo con balón ante un rival replegado al límite.

“Cada partido tiene su propia historia”, analizó. “Nuestra historia fue que no marcamos y el rival se fue a casa sin un solo disparo. Pero eso no debería quitarle mérito a Schalke. He visto muchos partidos así. Necesitas 90 minutos de presión contra defensas como esta hasta que se rompen. Hoy no lo conseguimos del todo porque sacamos el ritmo del partido varias veces”.

El mensaje era claro: el Bayern no apretó de forma sostenida lo suficiente como para romper el candado.

Karius, el hombre de la noche

Entre todas las lecturas tácticas, un nombre se impuso sobre el resto. Karius. El portero, que ha reconstruido su carrera en la Bundesliga, firmó una actuación que rozó la perfección. No fue solo la parada a Kane. Fueron varias intervenciones de altísimo nivel, siempre bien colocado, siempre firme en el juego aéreo, siempre un segundo por delante.

Kompany no dudó en reconocerlo. También a todo Schalke.

“Fue un partido de fútbol precioso, con emoción y pasión”, señaló el entrenador del Bayern. “Hubo muchas situaciones defensivas en las que siempre tenía que pasar algo especial. Schalke lo logró esta noche, así que enhorabuena. Hicieron un gran trabajo y lo dieron todo. Se veía”.

El elogio no sonaba a cortesía vacía. El ambiente en el Veltins-Arena, la disciplina del bloque local y la noche inspirada de su portero habían convertido la visita del campeón en una prueba mucho más áspera de lo previsto.

Europa espera una respuesta

El calendario, sin embargo, no concede tiempo para lamentos. La frustración doméstica queda aparcada a la fuerza: la escena continental ya asoma por la puerta.

La próxima semana arranca la campaña europea del Bayern. El Allianz Arena recibirá al Bodo/Glimt el jueves, un estreno que llega con un matiz inesperado: el campeón alemán aterriza en la Champions League con su racha goleadora rota y la necesidad de una reacción inmediata.

El reto es doble. Volver a encontrar el gol y, de paso, despejar cualquier sombra de duda antes de regresar a la Bundesliga. Porque una noche sin marcar puede ser un accidente. Dos seguidas, con Europa de por medio, empezarían a sonar a algo muy distinto.