ligahoy full logo

Las viejas heridas de Chelsea: la presión sobre Beever-Jones

Las viejas heridas de Chelsea vuelven a abrirse

La nueva temporada de la WSL apenas ha echado a andar y en Chelsea ya se respira un déjà vu incómodo. No es solo la falta de pegada. Es la lista de lesionadas. Otra vez.

El curso pasado el equipo jugó prácticamente sin una delantera centro de referencia: Mayra Ramirez se perdió toda la campaña, Sam Kerr arrancó a medio gas tras su rotura de cruzado y jugadoras clave como Lauren James también pasaron semanas fuera. Cuando por fin parecía que la enfermería empezaba a vaciarse, llegó el turno de Aggie Beever-Jones: un problema de tobillo a comienzos de año la dejó en solo dos titularidades en toda la segunda vuelta.

“Fue durísimo. Era mi primera gran lesión”, confesó este verano a BBC Sport. Un golpe mental y físico del que aún está terminando de salir.

Ahora, el escenario se repite. Ramirez sigue sin estar disponible: en el club no quieren dar ni un paso en falso con su recuperación. Melvine Malard, fichaje estrella del verano y capaz de jugar tanto de ‘9’ como en banda, encadena su segundo partido ausente después de estrenarse en la fase previa de Champions con un doblete. “Debería volver pronto, pero es difícil concretar un plazo”, admitió Sonia Bompastor.

Resultado: el foco del ataque blue apunta directamente a Beever-Jones.

Una oportunidad… y una presión enorme

Con el Mundial femenino de 2027 asomando en el horizonte, el contexto es ideal para que la delantera dé un salto definitivo. Hace un año, en un escenario parecido, respondió con madurez: marcó en sus cuatro primeros partidos de liga y se ganó un nuevo contrato de cuatro temporadas que firmó este verano. Chelsea mataría ahora mismo por recuperar esa versión.

El sábado dejó destellos de esa futbolista. Su movilidad en la punta fue constante, inteligente, abriendo líneas de pase y cayendo a los espacios justos. Obligó a Okuma a una gran intervención en su primer palo en los minutos iniciales y apareció una y otra vez en el área para prolongar centros y mantener vivas las jugadas.

Las ocasiones claras, las que deciden partidos, se le resistieron. Tuvo dos que, a su nivel, debería haber resuelto mejor: en una optó por un disparo colocado que acabó manso en las manos de Okuma cuando un golpeo más potente parecía la solución; en la otra no atacó con la suficiente agresividad el centro tenso de Ellie Carpenter, lo que permitió a Lucy Parker, impecable toda la tarde, llegar antes al balón.

Son acciones que esta semana se revisarán al detalle en Cobham. Vídeo, repeticiones, correcciones. Lo positivo, el viejo tópico que en este caso tiene sentido, es que llega. Se coloca donde duele. Y eso no se entrena tan fácilmente.

Ahora falta lo que marca la diferencia en la élite: convertir.

Chelsea necesita filo. Beever-Jones necesita gol. Después de un 2026 áspero, con altibajos y frenos constantes, ver su nombre en el marcador sería un impulso enorme para su confianza y su estado físico.

Una delantera sola ante el peligro

Para Bompastor, cada partido se convierte en un ejercicio de encaje de piezas. Ramirez no está cerca de ser protagonista; el plan con ella es paciente, casi quirúrgico. El regreso de Malard sigue sin fecha. Manaka Matsukubo, internacional japonesa fichada desde North Carolina Courage, todavía no ha debutado en la WSL y el equipo echa en falta justo lo que ella ofrecía en Estados Unidos: creatividad entre líneas y llegada desde la posición de ‘10’.

El margen de maniobra se estrecha. Y no solo para Chelsea.

Entra en escena Inglaterra. Las Lionesses afrontan el mes que viene un clasificatorio clave para el Mundial contra Grecia y, a día de hoy, con Michelle Agyemang aún en plena recuperación de su cruzado, Beever-Jones es la única alternativa natural a Alessia Russo. En un año que se prevé cargado, la selección necesitará darle descanso a su ‘9’ titular.

Si la delantera de Chelsea encadena una buena racha, Sarina Wiegman lo celebrará casi tanto como Bompastor. Le ofrecería un recurso real en el banquillo para sortear esta incómoda ruta de play-off y, de paso, reforzaría las opciones de Beever-Jones de subirse al avión rumbo a Brasil el próximo verano, siempre que las subcampeonas de 2023 confirmen su billete para 2027.

El próximo examen llega ya

El domingo espera un Manchester United que apunta a un curso áspero, lleno de dudas. Precisamente el tipo de rival al que una delantera quiere hincarle el diente para cambiar su dinámica.

Cuando el balón le caiga en el área, Beever-Jones no pensará en la enfermería, ni en las repeticiones de vídeo, ni en los clasificatorios mundialistas. Pensará en por qué el club le dio ese contrato largo, en por qué aguantó los meses de rehabilitación.

Y en que, esta vez, la ocasión no puede escaparse.