Tottenham coquetea con el descenso tras empate con Leeds
Durante buena parte de la segunda parte, Tottenham tuvo la salvación en la mano. El golazo de Mathys Tel parecía abrir una rendija de luz en una temporada oscura, un disparo enroscado desde unos 20 metros que se coló con una clase impropia de un equipo atrapado en la pelea por no descender. Un instante de talento puro. Un respiro.
Duró poco.
El joven francés, héroe por un rato, terminó convertido en símbolo de la fragilidad defensiva de los ‘Spurs’. En una acción tan espectacular como imprudente, intentó una chilena dentro de su propia área. No midió. Acabó golpeando a Ethan Ampadu y, tras la revisión del VAR, el árbitro señaló un penalti que cambió el partido y el ánimo de todo el estadio.
Dominic Calvert-Lewin no perdonó desde los once metros. Empate para Leeds, castigo máximo para un Tottenham que había olido por fin algo de tranquilidad: la victoria lo habría colocado cuatro puntos por encima del 18º, West Ham. En lugar de eso, la tarde terminó con la sensación de ocasión desperdiciada y con un equipo que sigue mirando de reojo la zona roja.
Kinsky evita el desastre total
El golpe emocional del penalti dejó a Tottenham tambaleando. Leeds olió el miedo y se lanzó a por el partido. En ese tramo final, cuando el empate parecía incluso demasiado premio para los locales, apareció Antonin Kinsky.
El guardameta sostuvo al equipo con una parada descomunal en los últimos minutos, una intervención que vale algo más que un simple punto: evitó una derrota que habría tenido un impacto psicológico devastador en la recta final del curso. Sin Kinsky, el relato de la tarde habría sido el de un hundimiento en directo.
De Zerbi, entre la bronca y la contención
Roberto De Zerbi no escondió su malestar con el arbitraje. Su enfado se centró en una acción clave: un posible penalti sobre James Maddison en los instantes finales que el VAR revisó, pero que el colegiado dejó sin sancionar.
El técnico italiano, en declaraciones a BBC Match of the Day, comparó la jugada con la polémica del West Ham–Arsenal del día anterior, que sí terminó en falta tras la intervención del VAR. Admitió que ni siquiera había vuelto a ver la acción de Maddison y evitó entrar en una guerra abierta, pero dejó un mensaje nítido: vio a un árbitro nervioso, afectado por la presión del contexto reciente.
Aun así, De Zerbi rebajó el tono y se centró en lo que viene. Recalcó que el colegiado estuvo “bien en el campo” y giró el discurso hacia lo que de verdad le obsesiona: los dos últimos partidos del calendario.
Un punto que sabe a poco… pero suma
La tabla no engaña. El empate deja a Tottenham apenas dos puntos por encima del descenso, incapaz de sacar rédito del revés reciente de West Ham frente a Arsenal. Era una oportunidad para poner tierra de por medio. Se escapó.
De Zerbi, no obstante, se agarró a la producción futbolística de los suyos. Recordó que el equipo ha sumado ocho puntos en los últimos cuatro encuentros, una pequeña racha que, en un contexto de angustia, tiene valor. Subrayó que el rendimiento fue bueno, que el equipo compite y que el punto, aunque insuficiente en apariencia, mantiene la línea de resultados recientes.
No olvidó elogiar a Leeds, al que felicitó por el partido y por la intensidad mostrada. Recordó también que los de Ampadu y Calvert-Lewin aún deben visitar a West Ham en la última jornada, un duelo que puede influir directamente en el destino de Tottenham. Nada está cerrado. Ni mucho menos.
Chelsea en el horizonte y una defensa al límite
El calendario no concede tregua. El 19 de mayo, Tottenham visita a Chelsea en un duelo que se siente más pesado de lo que indica la clasificación. Cada punto cuenta, cada error se paga, y actuaciones como la de Tel en su propia área señalan el principal problema del equipo: la indisciplina defensiva en momentos críticos.
La buena noticia para De Zerbi es el regreso de James Maddison. El centrocampista dejó sensaciones muy positivas en su primera aparición tras una grave lesión de rodilla sufrida en pretemporada. Se movió entre líneas, pidió la pelota, agitó el ataque. Es el tipo de futbolista que puede cambiar un partido y, quizá, una temporada.
Pero no basta con el talento. Con solo dos jornadas por disputarse, Tottenham necesita algo que no ha tenido con continuidad: solidez. Orden. Frialdad en su propia área. Si no la encuentra de inmediato, este equipo, que durante años se miró en el espejo de la parte alta de la tabla, puede despertar en un escenario impensado hace no tanto: una caída traumática al Championship.
La pregunta ya no es solo si tiene calidad para salvarse. Es si tiene carácter para soportar el peso de estos dos últimos partidos.






