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Rúben Amorim defiende a su Milan y enfría críticas antes de visitar a la Lazio

Rúben Amorim llegó a la sala de prensa con la misma calma con la que suele ordenar a su defensa. Por fuera, gesto sereno. Por dentro, un Milan zarandeado por las críticas tras el empate contra Juventus y un viaje incómodo a Roma en el horizonte.

El técnico portugués no esquivó nada: ni el debate sobre el juego, ni el papel de sus estrellas, ni el ruido que ya rodea a su proyecto en San Siro.

“Más que eso, es imposible”: las críticas y el recuerdo del United

Milan suma dos victorias y un empate en el arranque de la Serie A. Números sólidos, pero el 1-1 ante Juventus encendió la discusión: demasiado defensivo, demasiado estático, demasiado poco “Milan”, según parte del entorno.

Amorim lo ve distinto.

“El último partido no fue solo estático; creo que nos faltó energía”, admitió. “Controlamos bien el balón, sobre todo en la primera parte, pero luego nos faltó agresividad en el último tercio y dentro del área”.

El entrenador fue directo con su plantilla. Les enseñó cómo muchas ocasiones de la Juve nacieron de pérdidas absurdas, “a veces incluso sin presión. Un pase descuidado”. Detalles que cambian partidos, estados de ánimo y titulares.

Las críticas, sin embargo, no le sorprenden. “Es normal. Ya lo viví en mi antiguo club, Manchester United. Más que eso, es imposible”, lanzó, dejando claro que el ruido no le va a descentrar.

Su promesa, repetida casi como un mantra: “El equipo estará siempre en primer lugar”. La idea es clara: fútbol positivo, goles, intención de mandar. Otra cosa es que al frente esté un técnico como Luciano Spalletti y un bloque como la Juventus. “Tuvimos más balón que Juventus. A veces, incluso cuando tengo el balón, el otro es mejor que yo, pero eso no cambia la intención”.

Ramos, del elogio al foco crítico

Gonçalo Ramos también quedó señalado tras el duelo de Turín. El contraste fue evidente: brillante ante Torino y Venezia, mucho más apagado ante la Juve.

“Tenemos que mejorar como equipo”, subrayó Amorim. “Ramos lo hizo tan bien contra Torino y Venezia que, en un partido en el que no tiene el mismo rendimiento, se nota”.

No cargó contra el delantero. Prefirió abrir el plano: “Es más una cuestión de comprensión del juego por parte de todos los jugadores del equipo”. La idea, otra vez, por encima del individuo.

Cissé, entre San Siro, la Azzurra y el futuro

El otro gran foco de la rueda de prensa tuvo nombre propio: Aphadjo Cissé. Dos goles en las tres primeras jornadas, personalidad y, según varios informes en Italia, un billete casi asegurado para la próxima convocatoria de la selección.

Amorim no duda.

“Si pones a Cissé en el campo, va a jugar. No importa si está con la selección, con Bastoni o con estos chicos”, afirmó. “Va a jugar, libre. Para eso, está listo”.

El técnico, no obstante, marcó los tiempos. Cissé está preparado para competir, pero aún en fase de crecimiento. “Necesita tiempo para madurar. Vi un poco de diferencia cuando juega fuera y cuando juega en San Siro. San Siro es duro, así que tiene que ajustarse a esos pequeños detalles. Démosle tiempo”.

La personalidad del joven atacante, según Amorim, no se encoge ante los grandes escenarios. “Si lo pones a entrenar con la selección y jugando con la selección, no será tímido y va a querer el balón. Así que está listo, pero necesita tiempo para ser el jugador que puede llegar a ser. Tiene mucho que aprender”.

Pulisic, “molesto” y a la espera de su momento

En medio de ese nuevo Milan que se está armando, Christian Pulisic sigue esperando. El entrenador confirmó que el estadounidense tendrá sus primeros minutos de la temporada 2026-27, pero también reconoció que el atacante no está precisamente feliz con su rol actual.

Pulisic está “molesto” por la falta de protagonismo en las tres primeras jornadas. Amorim lo asume como parte natural de la competitividad interna de un vestuario grande. No prometió titularidades, sí oportunidades.

Identidad, patrones y el desafío de “enseñar” fútbol en Italia

Amorim sabe que su libreto táctico no es sencillo ni inmediato. “Si miras a nuestro equipo, siempre tenemos una intención; no ves nada al azar”, defendió. “A veces queremos ciertos patrones que son difíciles para los jugadores”.

Ahí entra también la sensibilidad cultural. El portugués es consciente de la resistencia que puede generar un técnico extranjero que llega a Italia a explicar “cómo jugar al fútbol”.

“Entiendo la presión. Entiendo que cuando ves a un tipo que viene de fuera a decir cómo jugar tu fútbol, es muy duro, y en el primer momento estás esperando para decírmelo a la cara”, reconoció, sin victimismo, casi con ironía.

Su respuesta es siempre la misma: el club primero, la idea por delante, el resultado como juez. “Quiero dominar los partidos, pero luego están Spalletti, Fàbregas, todos estos tipos, que son muy buenos y nos van a empujar”.

Y ahí dejó un detalle revelador sobre su manera de leer los encuentros: la obsesión por las jugadas a balón parado en los tramos finales. “Es muy importante estar bien en las últimas acciones a balón parado del partido porque, si ganamos, algunos tendrán que guardarse esa pregunta en el bolsillo una semana más”.

El espejo de Como y la respuesta de Amorim

El arranque de la Champions League añadió otro elemento al debate. Como 1907, dirigido por Cesc Fàbregas, fue el único club de la Serie A que ganó en la primera jornada, dominando con autoridad a RB Leipzig. El resultado disparó la comparación: ¿es Como un modelo para el Milan de largo plazo?

Amorim no compró la idea.

“Somos entrenadores diferentes, con trayectorias distintas y trabajamos para clubes diferentes”, respondió. “Mister Cardinale nunca me ha dicho que Como sea la inspiración, así que tienes que decírmelo tú, porque yo no lo sabía”.

El portugués no se esconde detrás de referentes ajenos. “Tengo mi manera de jugar; creo que llevará tiempo. Cada entrenador necesita tiempo. Lo viste contra Torino, en el amistoso contra United, estamos mejorando”.

Luego dejó una frase que marca territorio: “Si quieres un equipo que juegue como Como, tienes que comprar al entrenador de Como para jugar de la misma manera”.

No es arrogancia. Es identidad. “Soy completamente diferente; tengo mi estilo de juego, mi identidad. Entrenar al Milan es muy duro; entrenar al Como y hacer lo que están haciendo en la Champions es muy duro, y lo están haciendo muy bien, pero yo no me centro en cómo juega el Como; me centro en cómo debe jugar el Milan para ganar partidos”.

El mensaje, en vísperas de visitar a la Lazio, queda claro: el ruido sube, la crítica aprieta, la comparación acecha. Amorim, en cambio, se aferra a su plan, a sus patrones y a un Milan que todavía está aprendiendo a ser el equipo que él imagina. La próxima respuesta ya no será en la sala de prensa, sino sobre el césped.