Real Madrid y el Teresa Herrera: análisis de un equipo en construcción
El Teresa Herrera se marcha a las vitrinas del Real Madrid. El problema, según los analistas, es que el trofeo amistoso no tapa lo que se vio en Riazor: un equipo pesado, previsible por momentos y con una carencia en el corazón del juego que amenaza con acompañarle toda la temporada.
El conjunto de José Mourinho, en su segunda etapa, se llevó la victoria ante el Deportivo La Coruña con un once de gala. No hubo excusas de rotaciones masivas ni de pruebas extremas. Y ahí, precisamente, es donde salta la alarma.
Un equipo a medio gas… y con un hueco en el medio
Antonio Romero lo explicó sin paños calientes en SER Deportivos. Recordó que leer la pretemporada siempre es delicado, que el Madrid está “al 20 o 30%” de su verdadero nivel. Pero la conclusión fue clara: falta un cerebro.
“Al Real Madrid le sigue faltando un organizador en el centro del campo. Tiene un equipo defensivo sobresaliente y una delantera casi imparable, pero en el medio hay margen de mejora”, subrayó. La sensación se repite partido tras partido de verano: el balón viaja de atrás hacia delante, pero sin una figura que dicte el ritmo ni que una líneas con continuidad.
Tomás Roncero fue un paso más allá y puso nombre al pecado original: el fallido fichaje de Rodri Hernández. Para él, el agujero no es un accidente, es una consecuencia.
“Si querías fichar a Rodri y no lo has hecho, eso significa que tienes que cubrir ese vacío. Si no terminas firmándole, vas a notar esa carencia toda la temporada”, advirtió, reclamando que el club deje de actuar como si el problema no existiera.
El “método Mourinho” y un candidato inesperado
Ante ese escenario, Romero lanzó una idea que bautizó como “el método Mourinho”. El portugués ya ha demostrado en otros banquillos que puede construir equipos ganadores saltándose ciertos dogmas del juego de posición clásico. Si alguien puede sobrevivir sin un mediocentro organizador puro, es él.
“Si hay un entrenador en el mundo capaz de saltarse el centro del campo para construir un equipo ganador, probablemente sea Mourinho. Pero no hace falta irse muy lejos para ver que el Madrid más exitoso de la historia tenía a Casemiro, Kroos y Modrić”, recordó, señalando la referencia inmediata que pesa sobre cualquier versión actual del equipo blanco.
Y ahí apareció un nombre propio para ese rol de sacrificio: Bernardo Silva. “Por lo que vi en La Coruña y por lo que le he visto en el City y por su experiencia, creo que Bernardo Silva aceptaría ese sacrificio”, apuntó Romero.
Le ve como un “soldado” para Mourinho, alguien dispuesto a bajar un escalón en el campo para sostener a Tchouaméni y ayudar en la creación. “Si le piden jugar al lado de Tchouaméni y dar un poco de soporte, me recuerda un poco a Modrić”, añadió, descartando expresamente a Camavinga, Arda Güler, Bellingham y Valverde para ese papel concreto.
El mensaje es nítido: el perfil existe, el mercado ofrece opciones, pero el tiempo corre y el centro del campo del Madrid sigue sin su nuevo faro.
Diomande, paciencia obligatoria
Entre tanto debate táctico, también hubo espacio para los nuevos. Romero pidió calma con Yan Diomande, todavía menor de veinte años y recién aterrizado en un universo que devora futbolistas sin piedad.
“Jugar en el Real Madrid es una tarea enorme, un mundo aparte de hacer cinco buenos minutos con el Leganés”, avisó. La advertencia va dirigida a una grada que acostumbra a exigir impacto inmediato a cualquier fichaje, tenga la edad que tenga o venga de donde venga.
El marfileño despierta curiosidad, pero el contexto no le ayuda: llega a un centro del campo en construcción, con jerarquías muy marcadas y con la lupa puesta en cada pérdida, en cada decisión.
Cucurella, la chispa de la banda
Y mientras Diomande genera debate, hay otro nombre que enciende la imaginación del madridismo: Cucurella. Romero fue rotundo al hablar del lateral.
“Diomande llama mucho la atención, pero el jugador al que todo el mundo tiene ganas de ver correr la banda en el Bernabéu es Cucurella. Es el tipo de futbolista al que hay que querer”, afirmó.
Su energía, su agresividad y su verticalidad conectan con una nostalgia muy concreta. “Desde Marcelo y Roberto Carlos tenemos la sensación en el Bernabéu de que podremos volver a disfrutar de un lateral izquierdo vertical”, remató.
Ahí se abre otra vía para este Madrid: si el centro del campo no termina de mandar, quizá el equipo necesite que los laterales dinamicen el juego, estiren el campo y liberen a los hombres de dentro.
La noche de Riazor deja un título más en la estantería y un viejo debate reabierto: ¿puede el Real Madrid aspirar a todo sin un nuevo dueño del mediocampo, o tendrá que volver a llamar a la puerta del mercado antes de que sea demasiado tarde?






