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Nigeria busca revalidar su trono africano y clasificar al Mundial

La campeona de África no toca casi nada. Justine Madugu ha mirado al vestuario que levantó la décima corona continental y, salvo contadas excepciones, ha decidido volver a confiar en las mismas manos, las mismas piernas, los mismos liderazgos. Rasheedat Ajibade seguirá llevando el brazalete, Chiamaka Nnadozie custodiará la portería y Asisat Oshoala encabezará una vez más el frente de ataque en una lista de 25 jugadoras que mezcla jerarquía y hambre.

El objetivo es doble y no admite distracciones: defender el título de la Women's Africa Cup of Nations en Marruecos y asegurar el billete para el Mundial de 2027 en Brasil. El camino empieza el 26 de julio y se estira hasta el 16 de agosto. Nigeria llega como siempre: con la presión de su historia y la obligación de ampliarla.

Un gigante sin Plumptre

La gran ausencia duele. Ashleigh Plumptre no se ha recuperado de la lesión que sufrió en marzo y se queda fuera de la defensa del título. Lo explicó ella misma en redes sociales, con un mensaje claro: el cuerpo pide más tiempo y hay que escucharlo. No habrá su zancada elegante en la zaga, ni su experiencia en noches calientes de torneo. Pero sí habrá respaldo desde la distancia y una llamada directa a apoyar a las que sí estarán sobre el césped.

Madugu pierde una pieza de peso, pero no se queda desnudo atrás. La lista mantiene el esqueleto del equipo que derrotó 3-2 a la anfitriona Marruecos en la final del año pasado. Osinachi Ohale, Michelle Alozie, Glory Ogbonna, Oluwatosin Demehin o Rofiat Imuran sostienen una línea defensiva que conoce de memoria este tipo de escenarios. A su lado, nombres como Sikiratu Isah o Shukurat Oladipo apuntalan una retaguardia que tendrá que sobrevivir sin la figura de Plumptre, pero no sin oficio.

Nnadozie bajo palos, Ajibade al mando

En la portería, pocas dudas. Chiamaka Nnadozie, considerada por muchos la mejor guardameta del continente, volverá a ser el seguro de vida de las Super Falcons. La acompañan Comfort Erhabor y la única jugadora del fútbol local en la convocatoria, Fatima Oloko, del Abia Angels. Un detalle que subraya otra realidad: 24 de las 25 convocadas llegan desde clubes de Europa, Norteamérica, Asia o Medio Oriente. La élite nigeriana ya se mide cada semana con la élite mundial.

En la sala de máquinas, Madugu apuesta por continuidad y músculo competitivo. Rasheedat Ajibade, listada como centrocampista, es mucho más que eso: es capitana, termómetro emocional y primera chispa ofensiva. A su alrededor se mueven Halimatu Ayinde, Toni Payne, Christy Ucheibe —registrada como defensora pero con una influencia enorme en la medular—, y dos nombres llamados a marcar el futuro inmediato del equipo: Jennifer Echegini y Deborah Abiodun.

Ellas representan la nueva ola. Futbolistas que ya no solo acompañan, sino que empiezan a asumir peso en los partidos grandes. Lo mismo ocurre en ataque con Gift Monday, Esther Okoronkwo y Omorinsola Babajide, llamadas a convivir con la jerarquía de Oshoala y a sostener el relevo cuando la veterana estrella ya no esté.

El reto del onceavo título… y del Mundial

Nigeria no es una selección más en África. Es el equipo. Diez títulos de la WAFCON la señalan como referencia absoluta del continente. Y hay un dato que la coloca en un pedestal todavía más alto: es la única nación africana que ha disputado todas las ediciones de la FIFA Women's World Cup desde 1991, una racha que solo comparten otros seis países en todo el planeta.

Esa continuidad está en juego en Marruecos. El formato es claro: las cuatro semifinalistas se clasifican de forma automática para el Mundial de 2027 en Brasil. La quinta plaza llevará a un repechaje intercontinental. Madugu no se esconde: el primer objetivo es alcanzar esas semifinales y sellar el pasaporte mundialista. Solo después, dice, llegará el momento de pensar en la defensa del título africano.

La presión es evidente. Ser campeón convierte a Nigeria en el rival a batir. “Sostienen algo precioso que todos quieren arrebatarles”, como resume el propio seleccionador. Esa condición de objetivo número uno obliga a un nivel de concentración distinto. Cada error se paga más caro. Cada desconexión alimenta a un rival extra motivado.

Grupo C: trampas y debutantes

El sorteo ha colocado a Nigeria en el Grupo C junto a Egipto, Zambia y la debutante Malawi. A priori, un grupo superable para una potencia de este calibre. Pero los torneos se han encargado demasiadas veces de recordar que los favoritismos no ganan partidos. Zambia, con su crecimiento reciente, amenaza con incomodar. Egipto quiere recuperar peso en el fútbol femenino africano. Malawi llega sin historia, pero con el impulso de quien no tiene nada que perder.

Todos los partidos de la fase de grupos se disputarán en Rabat. Un mismo escenario, tres exámenes, cero margen para la relajación. Nigeria sabe que un tropiezo temprano puede complicar el cruce de cuartos y, con él, el acceso a las ansiadas semifinales que garantizan el Mundial.

Veteranas, juventud y una misión clara

La lista de Madugu respira equilibrio competitivo. Oshoala, Ajibade, Ohale, Alozie, Ayinde, Ucheibe o Nnadozie forman un núcleo de veteranas que ha sobrevivido a mil batallas. A su alrededor, Echegini, Abiodun, Monday, Okoronkwo o Babajide aportan piernas frescas, desparpajo y un punto de irreverencia necesario para romper partidos cerrados.

El mensaje del seleccionador es directo: primero, Mundial; después, título. No hay lugar para distracciones románticas. Nigeria quiere ser la primera campeona en defender con éxito el trofeo en el nuevo formato de 16 selecciones. Quiere estirar su dominio en África y, al mismo tiempo, asegurarse de que su nombre siga apareciendo, sin interrupciones, en el cuadro final de la gran cita global.

La pregunta ya no es si tiene talento para lograrlo. La verdadera incógnita es otra: ¿será capaz este grupo de soportar una vez más el peso de su propia historia cuando el balón empiece a rodar en Rabat?