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Martin O’Neill regresa a Celtic como técnico permanente

Veintiséis años después de que Dermot Desmond lo convenciera por primera vez para dejar Leicester y hacerse cargo de Celtic, Martin O’Neill está a punto de firmar otro capítulo en Glasgow. A sus 74 años, el norirlandés ha aceptado un contrato de un año para convertirse en técnico permanente del club, con opción para una segunda temporada.

No es un nombramiento nostálgico. Es la consecuencia lógica de una temporada en la que O’Neill, llamado dos veces como solución de emergencia, terminó levantando un doblete doméstico y defendiendo con éxito el título de la Premiership.

Del interinato al mando definitivo

O’Neill regresó a Celtic Park el pasado octubre, cuando Brendan Rodgers presentó su dimisión. El veterano técnico asumió como interino, apagó el incendio y devolvió estabilidad a un vestuario golpeado.

Después llegó el experimento. Wilfried Nancy tomó el relevo con la etiqueta de apuesta de futuro. Duró ocho partidos. Un mandato desastroso que obligó al club a volver a marcar el número de O’Neill. El viejo conocido respondió, retomó el timón y llevó al equipo hasta el título liguero y la Copa de Escocia, coronada con la victoria en la final ante Dunfermline.

Tras ese triunfo, O’Neill pidió tiempo. Quería reflexionar sobre su futuro, medir fuerzas, valorar si estaba dispuesto a algo más que un último servicio. La sensación en el entorno del club, sin embargo, nunca se movió demasiado: el norirlandés quería seguir. Solo necesitaba que se lo pidieran de la forma adecuada.

La vía Robbie Keane se incendia

Mientras O’Neill se tomaba unos días, Celtic exploró otro camino. Robbie Keane, nombre querido por parte de la grada durante su etapa como jugador, pasó a primer plano en los despachos. Mantuvo conversaciones con Dermot Desmond a comienzos de semana y llegó a perfilarse como candidato serio al banquillo.

Ahí estalló la tormenta.

Un sector significativo de la afición reaccionó con furia ante la posibilidad de verlo como entrenador. El rechazo no tenía que ver con su pasado como futbolista, sino con su trayectoria reciente en los banquillos: su etapa en Israel al frente de Maccabi Tel Aviv y su posterior paso por Ferencvaros, del que dimitió a finales de mayo, encendieron las alarmas en parte del público de Celtic Park.

El ruido fue inmediato y contundente. La resistencia a Keane dejó claro que el margen de maniobra de la directiva era limitado. El club necesitaba una figura capaz de calmar aguas y sostener la exigencia competitiva. El nombre ya estaba en casa.

El peso de la historia

El acuerdo con O’Neill, a punto de anunciarse, no solo responde al presente. Arrastra un pasado poderoso. Su primera etapa en Celtic es uno de los periodos dorados recientes del club: tres títulos de liga, tres Copas de Escocia y dos Copas de la Liga, además de la final de la Uefa Cup de 2003, perdida ante el Porto de José Mourinho, marcaron una era.

Ese legado pesa. Y da credibilidad. Para una directiva sometida al escrutinio constante, apostar por O’Neill significa apoyarse en un técnico que ya ha demostrado que sabe manejar la presión, el tamaño del club y la expectativa permanente de ganar.

Ahora, con un contrato de un año y la opción de extenderlo, O’Neill afronta un desafío distinto: no solo rescatar, sino construir. No solo apagar fuegos, sino diseñar un equipo que pueda competir con continuidad, con la sombra de su propio pasado como referencia.

Celtic ha elegido volver a lo conocido. La pregunta, a partir de hoy, es si este regreso puede abrir una nueva era o si será el último gran servicio de uno de los entrenadores más influyentes en la historia moderna del club.

Martin O’Neill regresa a Celtic como técnico permanente