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Lionel Messi brilla con hat-trick en Kansas City

KANSAS CITY, MO. — Lionel Scaloni ha visto casi todo en el fútbol. Campeón del mundo con Argentina en 2022, hombre de mil batallas en La Liga y la Copa del Rey con aquel inolvidable Deportivo La Coruña. Pero lo que vivió el martes en Kansas City lo desbordó.

Cuando Lionel Messi salió del campo, después de firmar un hat-trick en el 3-0 ante Argelia, el seleccionador argentino lo abrazó. Y se quebró.

No era una final. Ni una semifinal. Era apenas el primer partido de un torneo que Argentina imagina largo, de ocho escalones hasta la gloria. Pero Messi tiene ese efecto: desarma a los rivales, enmudece estadios, emociona a entrenadores campeones del mundo.

Scaloni no esconde sus sentimientos. Nunca lo hizo. Aun así, sorprendió verlo tan tocado en una noche que, sobre el papel, debía ser de trámite. Pero Messi altera los planes. También los emocionales.

El técnico lo explicó a su manera: Messi tiene a su alrededor “un grupo de amigos” dispuesto a darlo todo por él. Lo ven como un dios, pero también como el pibe del barrio. Esa dualidad alimenta algo difícil de describir, una energía que se respira a diario en la concentración. Una atmósfera. Un aura.

El hat-trick que reescribe la historia

Lo del martes no fue un día más. Messi se empeñó en que no lo fuera. Marcó tres goles, su primer hat-trick en una Copa del Mundo, y desplazó el doblete de Kylian Mbappé a segundo plano en cuestión de horas. Con esos tantos, dejó atrás a Ronaldo y alcanzó a Miroslav Klose en la cima de la tabla histórica de goleadores del Mundial masculino.

Un registro monumental. Pero él lo pisoteó con naturalidad.

Consultado por los números, Messi respondió con frialdad quirúrgica. Dijo que es un honor estar al lado de Klose, con Ronaldo cerca, pero que al final “es una estadística y nada más”. Recordó que Mbappé había marcado dos goles ese mismo día y lanzó una reflexión tan simple como contundente: para él, Ronaldo fue “muy grande” y ni siquiera está primero. Lo que demuestra, remarcó, lo que es una estadística.

Mientras el planeta discute quién es el máximo goleador, Messi se corre de la conversación. No necesita esa tabla para sostener su legado. Lo suyo va mucho más allá del número.

Cosas de Messi

Su impacto no se mide solo en goles. El martes lo dejó otra vez en evidencia. Tres tantos, sí, pero también un dominio invisible del partido, esa manera de inclinar la cancha que no entra en los resúmenes estadísticos.

Ibrahim Maza, atacante argelino, lo resumió con una expresión que ya es casi un género propio: “cosas de Messi”. Cuando le pidieron que explicara, se negó. No hacía falta, dijo. Bastaba con ver el partido.

Ahí estaba todo: la determinación para iniciar y terminar una jugada de gol, la capacidad de desaparecer entre líneas cuando todo el estadio lo está mirando, la arrancada desde la mitad de la cancha, todavía con una velocidad cuesta abajo que muchos no sospechan a su edad. Y también ese toque de fortuna que suele acompañar a los elegidos: una falta que pudo ser tarjeta y quedó en nada, una pelota que rebota donde debe.

Messi convierte un encuentro parejo en un desequilibrio brutal. Desarma planes, rompe libretas, obliga a los rivales a admitir que hicieron “un buen partido”… hasta que aparecieron esas cosas que solo él hace.

Un día difícil, una respuesta implacable

Messi reveló que el día había sido especialmente duro para Scaloni por un asunto extrafutbolístico. El contexto, lejos de ablandar al equipo, pareció endurecerlo. El capitán, a sus 36 años, encontró en esa carga un combustible más.

Su pasión, dijo, lo sigue empujando pese a ser mayor que todos sus compañeros. Se nota. Corre, presiona, pide la pelota siempre. No juega como quien estira una carrera; juega como quien no está dispuesto a soltarla.

En la tribuna, 69.045 personas llenaron el estadio. Vinieron a ver al campeón del mundo. Se fueron con la sensación de haber presenciado algo que se cuenta, no se explica. Y, aun así, nadie en el entorno argentino se permite pensar que este fue el punto máximo del torneo. Debe ser el prólogo, no el clímax.

Argentina no se relaja

Las dudas físicas que arrastraba Messi tras su lesión con Inter Miami alimentaron la preocupación en la previa. La respuesta fue un hat-trick. Tan simple como eso. Tan brutal como eso.

Pero Argentina sabe que no alcanza con esperar el milagro permanente de su capitán. El propio Scaloni lo repite puertas adentro: los que sienten el aura de Messi tienen que sostener ese nivel, o elevarlo, si quieren volver a levantar un trofeo. El equipo no puede recostarse sobre la leyenda.

Messi lo dejó claro al mirar hacia adelante. Nada de proyecciones grandilocuentes. Nada de hablar de la final. El siguiente objetivo tiene fecha y lugar: 22 de junio, frente a Austria, en el norte de Texas. Y punto.

“Esta selección está para competir. No nos adelantamos. Vamos partido a partido”, insistió. Subrayó que el grupo demuestra que no se relaja, que compite siempre igual, sin importar el rival. A veces mejor, a veces peor, pero siempre compitiendo. Y lanzó una promesa que suena a advertencia: “Vamos a luchar hasta que no podamos”.

Ahí está la hoja de ruta. Si Argentina sostiene esa ferocidad competitiva y Messi se mantiene sano y brillante, las lágrimas de Scaloni en Kansas City no serán un desahogo aislado. Serán el anticipo de otra escena conocida: un entrenador quebrado, un capitán en el centro de todo y un país preguntándose cuánto tiempo más podrá seguir escribiendo esta historia.

Lionel Messi brilla con hat-trick en Kansas City