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Escocia regresa al fútbol internacional y quiere más

Escocia tardó 28 años en volver al mayor escaparate del fútbol de selecciones. La espera fue larga, casi interminable. El sueño, breve. La selección quedó fuera en la fase de grupos y el país pasó, en cuestión de días, del éxtasis a esa punzada conocida de decepción.

En medio de ese vaivén emocional aparece la voz de Ryan Christie, centrocampista de Bournemouth, uno de los que no se perdió ni un minuto del viaje en la liguilla. Él lo resume sin rodeos: valió la pena.

“Fue una experiencia increíble”, explicó a BBC Scotland. Y no hablaba solo de los partidos. Hablaba de lo que rodeó al equipo, de una marea de aficionados que tiñó de azul cada ciudad que pisó Escocia. “Ver a todos los aficionados de Escocia allí fue increíble. La atmósfera era eléctrica”, recordó.

El golpe llegó después. Cuando se apagan los himnos, cuando las maletas vuelven a casa antes de tiempo. “Las primeras 72 horas después te sientes un poco destrozado porque estábamos desesperados por salir del grupo y no pudo ser”, admitió. Tres días de vacío, de repasar ocasiones falladas, detalles, decisiones. Tres días en los que el sueño se escapa por centímetros.

Pero ese mismo vestuario que sufrió la eliminación sostiene ahora la mirada. Christie se aferra a algo que no aparece en las estadísticas: el vínculo de un grupo que lleva años creciendo junto. “Lo pasé tan bien con ese grupo de chicos que han estado juntos durante tantos años”, dijo. Ahí, en esa frase, se entiende buena parte del presente de Escocia: no es una generación improvisada, es un bloque que ha aprendido a competir y a convivir.

Y cuando el torneo termina, no llega el alivio. Llega el hambre. “Cuando terminas, solo tienes más hambre”, confesó el mediocampista. No es nostalgia, es ambición. No es conformismo por haber vuelto a una gran cita casi tres décadas después, es la exigencia de repetir y mejorar.

Christie no se esconde: “Ahora estoy desesperado por ir a más torneos, solo pienso: ¿cuándo es el próximo?”. La pregunta flota en el aire, mezcla de impaciencia y desafío.

Escocia ya rompió una barrera histórica. La siguiente, para este grupo, está clara: dejar de ser invitado ocasional y convertirse en fijo en la mesa grande. Y esta vez, no marcharse tras la fase de grupos.