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Lamine Yamal y su futuro en el Mundial: lesiones y expectativas

La rodilla en el césped, la mano al banquillo y el silencio en el estadio. Lamine Yamal acababa de marcar, de penalti, el gol que daba la victoria del Barça ante el Celta el 22 de abril… y segundos después encendía todas las alarmas. La celebración se congeló. El gesto del chico lo decía todo: algo no iba bien.

Desde entonces, ni un solo minuto más de competición. Nada. Solo partes médicos, rumores y un gran interrogante sobre su estado real a menos de dos semanas del debut de España en el Mundial.

Un curso brillante… y roto

El diagnóstico inicial asustó al Barça: posible rotura de isquiotibiales en la pierna izquierda. Lesión traicionera, con plazos que podían irse hasta las ocho semanas y sin garantía de que el jugador llegara con ritmo a una cita tan salvaje como un Mundial. En el club, sin embargo, se aferraron a un mensaje claro: llegaría.

El comunicado fue tajante: pruebas que confirman lesión en el isquio izquierdo, tratamiento conservador, adiós a lo que quedaba de Liga… pero previsión de estar disponible para el Mundial. Hansi Flick respaldó públicamente ese plan. No era solo un deseo: era una declaración de cuánto significa Yamal para la selección.

El problema es que no se trata de un susto aislado. Su temporada, con apenas la mayoría de edad en el horizonte, ha estado salpicada de parones físicos. Ya al inicio del curso se perdió cinco partidos por pubalgia, esa dolencia crónica en la zona inguinal que también castigó a Cole Palmer en el Chelsea. Una pesadilla para futbolistas explosivos, de giro corto y arranque violento, como los extremos que viven del uno contra uno. Y más aún para jóvenes que acaban de aterrizar en la élite y cuyo cuerpo todavía se está adaptando a esa exigencia.

En septiembre, la situación se envenenó. Yamal, concentrado con España, agravó esa pubalgia y estalló el clásico conflicto club-selección. Desde Barcelona se acusó a la federación de no “cuidar” al jugador. La respuesta fue contundente: en noviembre no viajó con La Roja. El recuerdo de aquel episodio pesa hoy en cada conversación médica entre ambas partes. Nadie quiere un déjà vu, y menos en un Mundial.

El vídeo que cambió el ánimo

El gran giro llegó a finales de mayo. Yamal publicó un vídeo entrenando sobre el césped de la Ciudad Deportiva, ya con balón, ya con gestos de fútbol real. En una de las acciones, se ve al extremo levantar la pelota con un toque de tacón por encima de un muñeco de entrenamiento y descargarla con una naturalidad insultante. Un mensaje visual, directo: la magia sigue ahí.

Dos días después, su nombre aparecía, como todos esperaban, en la lista definitiva de España para el Mundial. De la Fuente no dudó. Con casi tres semanas por delante antes del estreno ante Cabo Verde el 15 de junio, el seleccionador decidió que el riesgo merecía la pena.

El contexto no es nuevo: la historia de los Mundiales está llena de entrenadores que se la juegan con estrellas tocadas. Yamal apunta a ser uno de los casos más sonados de los últimos tiempos. Informaciones en España apuntan a que podría no estar disponible hasta el tercer partido de la fase de grupos, el 27 de junio, ante Uruguay.

Según Mundo Deportivo, los médicos del Barça y de la federación mantienen una comunicación constante y han alcanzado una conclusión común: no conviene forzarle en los dos primeros encuentros. La idea médica es clara. La deportiva, no tanto.

Luis de la Fuente, en cambio, había dejado caer en rueda de prensa una visión algo más optimista: esperaba contar con Lamine, Nico Williams y Mikel Merino desde el primer duelo, o como mucho desde el segundo. “Las lesiones nos aprietan”, admitió. Cada pequeño contratiempo a estas alturas puede dejar fuera a un jugador para medio torneo.

España sin Yamal: margen… y límite

¿Qué supone realmente perder a Yamal en el arranque? Sobre el papel, España debería tener recursos de sobra para superar la primera fase sin su gran talento generacional. El sorteo ha sido amable con los campeones de Europa: Cabo Verde y Arabia Saudí antes de medirse a la Uruguay de Marcelo Bielsa. Un grupo que invita a gestionar esfuerzos.

En esa gestión entra un plan B claro en la banda derecha: Yeremy Pino, el atacante del Crystal Palace, puede ocupar ese carril y ofrecer trabajo, desborde y llegada. Víctor Muñoz, de Osasuna, también conoce bien esa zona. No es un vacío sin alternativas.

El matiz incómodo llega por la otra banda. Nico Williams también anda saliendo de una lesión muscular en los isquiotibiales. Dos extremos titulares entre algodones no es precisamente el escenario soñado, aunque De la Fuente se ha blindado con perfiles versátiles: Álex Baena, del Atlético de Madrid, y Mikel Oyarzabal, de la Real Sociedad, pueden moverse por todo el frente de ataque. Hay piezas. Falta ver si basta para marcar diferencias cuando el torneo suba de temperatura.

Porque el verdadero problema no está en los primeros 270 minutos de fútbol. Está en lo que viene después.

El mapa del Mundial y el papel de Lamine

Si España cumple la lógica y se lleva el primer puesto del Grupo H, el cuadro dibuja un camino áspero desde la primera eliminatoria. En el cruce de dieciseisavos, el rival saldría, en principio, del segundo puesto del Grupo J: Austria o Argelia asoman como amenazas más probables, con la sombra de una Argentina despistada como opción de guion de película… y reencuentro con Lionel Messi.

Después, una posible cita con Croacia o Colombia en octavos. Bélgica, eterna candidata, en un hipotético cuarto de final. Francia en unas semifinales de choque de trenes. Y, si todo sale perfecto, una final ante una Inglaterra lanzada a por su gran título pendiente.

En ese escenario, la diferencia entre tener a Yamal al 60% o al 95% es abismal. España puede sobrevivir a la fase de grupos sin su futbolista más desequilibrante. Ganar un Mundial sin él a pleno rendimiento ya es otra cosa.

La Eurocopa 2024 dejó una pista clarísima. Tras un inicio discreto, el joven del Barça se encendió cuando el torneo entró en su zona caliente: asistencias en octavos, cuartos y final, y ese gol inolvidable ante Francia en semifinales, un disparo para la hemeroteca que cambió la historia de la noche en un segundo. Eso es lo que se le pide ahora: que vuelva a ser el jugador que inclina partidos grandes con una sola acción.

De la Fuente no descarta un rol de “arma secreta” si el físico no le permite ser titular desde el primer día. Lo explicó en abril: en una convocatoria se contemplan todos los escenarios, desde ir ganando hasta ir a remolque o jugar contra diez. Hay futbolistas que no te dan una hora, pero te regalan veinte minutos de altísimo nivel. Y eso, en un Mundial, puede decidir un cruce.

La prioridad del seleccionador es clara: llegar con el mejor equipo posible al momento decisivo. Aunque eso implique contener la ansiedad por ver a Lamine desde el primer minuto del primer partido.

El mundo espera a su nuevo artista

Más allá de España, el planeta fútbol aguarda. Jugadores como Yamal son el motivo por el que millones de aficionados se sientan frente al televisor durante un Mundial. No solo quieren resultados: buscan algo que recordar. Una jugada. Un regate. Un gol imposible.

El extremo del Barça tiene todo ese repertorio: regate eléctrico, cintura de calle, trucos de potrero y una capacidad casi insolente para cambiar un partido con una sola aparición. Ya lo ha hecho. Y lo hará más veces.

De la Fuente lo describió hace poco en RTVE con una mezcla de admiración y exigencia: está ilusionado, tiene muchas ganas, es muy joven pero muy maduro, y sabe que este es su momento. En el fútbol, las ventanas no se abren eternamente. Un Mundial hoy no garantiza otro mañana. Las carreras se tuercen, los cuerpos fallan, las generaciones se renuevan.

Yamal no cumplirá 19 años hasta seis días antes de la final. Aun así, llega a Norteamérica con la posibilidad real de salir del torneo como el futbolista más naturalmente dotado del planeta. La pregunta es si su cuerpo le permitirá agarrar ese destino con las dos manos o si la oportunidad pasará rozándole, como un centro que se marcha por delante del nueve sin que nadie llegue a empujarla.