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José Mourinho y la gestión de Diomande: equilibrio y paciencia

José Mourinho está cumpliendo dos objetivos a la vez con su gestión del marfileño. Le está dando el tiempo que necesita para adaptarse. Y, al mismo tiempo, está siendo justo con jugadores como Arda Guler y Brahim Diaz, que firmaron una pretemporada sobresaliente y que, con los años, se han ganado su sitio en la plantilla.

Ese equilibrio no siempre existió. Xabi Alonso, por ejemplo, lo rompió. Apostó de forma decidida por el recién llegado Mastantuono y dejó en un segundo plano a Rodrygo, al propio Diaz e incluso a Vinicius. Forzó demasiado pronto a su joven argentino, que todavía no estaba preparado para sostener el peso de ser titular fijo. El resultado fue doble: quemó al futbolista y perdió el control del vestuario.

Mourinho ha tomado nota de ese tipo de errores. Su plan blinda a Diomande para que pueda brillar más adelante. La idea es simple, pero firme: minutos dosificados, una escalera peldaño a peldaño hasta el once inicial, siempre que el rendimiento acompañe y sin cargarle con una presión innecesaria.

El trabajo de verdad se está haciendo puertas adentro. En los entrenamientos, Mourinho invierte horas en el marfileño, repitiendo automatismos, corrigiendo movimientos, afinando su comprensión de la dinámica colectiva hasta que encaje sin fisuras en el sistema.

Diomande ha entendido el mensaje. Confía en su entrenador, mantiene la sonrisa, se le ve sereno. No es un recién llegado cualquiera: viene con pedigrí de alto nivel. La temporada pasada disputó 33 de los 34 partidos de la Bundesliga con Leipzig, fue titular en 28 de ellos y firmó 12 goles y 8 asistencias.

Con ese bagaje, la paciencia no es un freno, es una inversión. Y Mourinho lo sabe.