Inglaterra arranca el Mundial 2026 con victoria 4-2 sobre Croacia
Inglaterra no solo arrancó el Mundial 2026 con una victoria. Lo hizo con una declaración de intenciones. En Dallas, en un ambiente a medio camino entre una eliminatoria de FA Cup y un espectáculo de Super Bowl, el equipo de Thomas Tuchel remontó sus dudas iniciales para tumbar 4-2 a Croacia y encender un país entero.
Harry Kane igualó el récord de Gary Lineker con 10 goles en Mundiales, Jude Bellingham jugó como si llevara una vida entera en este escenario y Marcus Rashford cerró la noche con un gol que desató el “Football’s Coming Home” en el llamado “Palace in Dallas”. Y todo, tras un descanso en el que el vestuario inglés cambió de piel.
Kane, el “paquete completo” que no se rinde
Kane está en una carrera silenciosa pero feroz. Mira de reojo a Kylian Mbappé y Erling Haaland, que comenzaron el torneo con sendos dobletes, y responde con otro. El capitán inglés quiere algo que nadie ha logrado: ser Bota de Oro en dos Mundiales, tras su coronación en 2018.
“Vi a los chicos marcar sus goles… como delantero solo quiero entrar cuanto antes en la lista de goleadores”, admitió el atacante de Bayern Munich, consciente de que esa competencia le empuja “a subir el nivel” en cada partido.
Tuchel fue aún más contundente al valorar su actuación. Para el técnico alemán, Kane es el “paquete completo”: un líder que no solo vive del área. Lo demostró en la prórroga, lanzándose al suelo para bloquear un disparo tras un balón parado, una acción defensiva que su seleccionador señaló como símbolo de su compromiso total, físico y mental.
El descanso que lo cambió todo
El 2-2 al descanso dejaba a Inglaterra expuesta. El partido pedía algo más que paciencia. Pedía personalidad desde el banquillo. Y ahí apareció Tuchel.
Kyle Walker, uno de los veteranos del grupo, no escondió la comparación con el pasado. Explicó que la gran diferencia con la era Gareth Southgate está en la capacidad del alemán para tocar el partido en marcha: cambios en el momento justo, piernas frescas, mensajes claros. “A veces, en el campo, piensas: ‘venga, haz un cambio, haz algo’”, escribió. Esta vez, el técnico lo hizo.
En el vestuario, el discurso fue simple y directo, según reveló Kane: “Nos dijo que nos quitáramos las cadenas, que nos calmáramos y saliéramos. ‘¿Qué es lo peor que puede pasar? Mostrad al mundo quiénes podemos ser’”. Inglaterra volvió al césped “a fondo”, en palabras de su capitán. Y Croacia no pudo seguir ese ritmo.
Bellingham, del ruido a la respuesta
El primer mazazo de la segunda parte llegó muy pronto. Apenas habían pasado dos minutos cuando Jude Bellingham apareció para firmar el 3-2 y cambiar la inercia del partido. A partir de ahí, Inglaterra jugó a la velocidad y con la confianza que se espera de un aspirante serio.
Bellingham llegó a este Mundial rodeado de ruido. Lesiones que le dejaron fuera de las convocatorias de septiembre y octubre, dudas sobre su encaje en la “hermandad” que predica Tuchel e incluso unas palabras del propio seleccionador que, según se recordó, llegaron a incomodar a su entorno familiar. Su presencia en la lista generó debate; su lugar en el once, aún más, con un Morgan Rogers al alza apretando por el puesto.
El centrocampista de Real Madrid asumió el contexto a su manera: con un “chip en el hombro”, como él mismo lo definió. Admitió que la temporada ha sido dura, pero que esa sensación de tener algo que demostrar le ayuda a encontrar el foco y la intensidad desde el primer minuto. En Dallas, lo respaldó con fútbol.
“Era importante dejar a un lado el ruido y mostrar a mi país y a mis compañeros lo comprometido que estoy”, explicó. No hubo rencor en sus palabras hacia las críticas: las aceptó como parte del oficio y aprovechó la noche para “recordar a la gente” de qué va su juego.
Tuchel, que reconoció que Bellingham no tenía garantizada la titularidad antes del choque, fue claro tras el encuentro: “Se la ganó y eso es lo que tiene que hacer para pelear por su sitio”. Dietmar Hamann, crítico con él en su etapa en Borussia Dortmund, también dio marcha atrás tras verlo en este debut y subrayó que, cuando se pone al servicio del equipo, el inglés alcanza una altura distinta.
Rashford, impacto desde el banquillo
El cuarto gol, el que desató definitivamente la euforia en las gradas y en los pubs, llevó la firma de Marcus Rashford. Entró desde el banquillo, respondió con un tanto en el minuto 85 y cambió el sonido del estadio: de la tensión a la celebración desatada.
Tuchel ya había destacado su actitud en la concentración: 16 días de trabajo intenso, implicado en cada reunión, rápido para trasladar las ideas tácticas al campo y en una pugna sana con Anthony Gordon por el puesto. “Está en un muy buen momento”, señaló el técnico, que vio cómo esa inversión se traducía en un gol que sentenció el choque y reforzó la profundidad de su plantilla.
El país se vuelca: pubs llenos, controles en carretera
Mientras Inglaterra se soltaba en Dallas, el país vivía el debut a su manera. En Durham, la policía montó controles de alcoholemia aleatorios en plena hora punta del jueves por la mañana. La preocupación es clara: los partidos en Norteamérica arrancan más tarde de lo habitual para el público británico, y el riesgo de que muchos conductores sigan por encima del límite a la mañana siguiente aumenta.
Las estadísticas de la policía de Durham hablan de un 20% más de colisiones en días de partido de la selección. Ninguno de los conductores parados mientras estaba presente la agencia de prensa dio positivo, aunque uno se quedó cerca del límite. “El mensaje es que el alcohol puede seguir en tu sistema a la mañana siguiente. Por favor, no bebáis y conduzcáis, es así de simple”, advirtió la sargento Sarah Manser.
Al otro lado del Atlántico, el ambiente fue aún más desbordado. En Dallas, el Londoner Pub se convirtió en un pequeño Wembley. Centenares de aficionados ingleses arrasaron con más de 5.000 cervezas, 2.352 de ellas en botella, en una sola noche. Las cifras de ventas rondaron las 30.000 libras, pero el éxito tuvo un coste: el local terminó clausurado temporalmente por orden del jefe de bomberos, desbordado por la “algazara” y los daños en el mobiliario y el entorno.
El pub, ubicado en un complejo con otros negocios y viviendas en Mockingbird Station, agradeció el apoyo, pero recordó a sus clientes que no está aislado del resto de la ciudad. La fiesta tuvo sus límites.
Un Mundial que ya huele a algo grande
El impacto del 4-2 no se midió solo en emociones. También en cuotas. Las casas de apuestas reaccionaron de inmediato: la victoria ante Croacia rebajó la cuota de Inglaterra para ganar el Mundial de 8/1 a 13/2. Para Lewis Knowles, portavoz de Betway, el segundo tiempo fue “una auténtica declaración” de los hombres de Tuchel, capaz de cambiar la percepción de un equipo que llegaba entre dudas.
En Dallas, la atmósfera fue la de un gran acontecimiento mundial. Himnos improvisados, “Hey Jude”, “Wonderwall”, “Sweet Caroline”, y un “Football’s Coming Home” que retumbó tras el gol de Rashford. Entre los aficionados, historias cruzadas: como la de Jessica Long, estadounidense, ex participante en el maratón de Londres, emocionada por ver el Mundial llegar a su ciudad y por la mezcla de culturas alrededor del balón.
Mientras tanto, el torneo sigue su curso. México y Corea del Sur se juegan hoy un billete virtual a las rondas eliminatorias en el Grupo A, con la tensión disparada tras un incidente insólito: un dron no registrado fue derribado por el ejército cerca del campo de entrenamiento surcoreano en México. El seleccionador Hong Myung-bo lo calificó de “desafortunado”, aunque aseguró que no afectó a la sesión táctica.
En el horizonte, más historias: la República Checa contra Sudáfrica a vida o muerte, un Grupo B comprimido con Suiza, Bosnia-Herzegovina, Canadá y Qatar todos igualados, y un Cristiano Ronaldo que arrancó su sexto Mundial frustrado ante la República Democrática del Congo, con voces en Portugal cuestionando si Roberto Martínez se atreverá algún día a sentarlo.
Inglaterra, mientras tanto, ya ha dado su primer golpe. Kane compite con Mbappé y Haaland por la Bota de Oro, Bellingham juega con esa espina clavada que le mantiene alerta y Tuchel demuestra que puede cambiar partidos desde la banda.
La pregunta, a partir de ahora, es sencilla y brutal: ¿fue este solo un gran estreno o el primer capítulo de algo que, esta vez sí, puede acabar con la copa en sus manos?






