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Florentino Pérez reelecto y el regreso de Mourinho al Real Madrid

Florentino Pérez vuelve a ganar. Y lo hace con autoridad. El presidente de Real Madrid ha sido reelegido con un 65 por ciento de los votos, un respaldo rotundo de los socios que le permite encarar un nuevo mandato con una decisión mayúscula sobre la mesa: el regreso de José Mourinho al banquillo del Santiago Bernabéu.

A sus 79 años, y tras 23 años en la presidencia repartidos en dos etapas, Pérez derrotó con claridad a su joven rival, Enrique Riquelme, de 37, según anunció el club este domingo. La vieja guardia se impuso al aspirante renovador en una votación que marca el rumbo deportivo inmediato de la entidad.

“Hemos ganado las elecciones y seguiremos trabajando para seguir ganando títulos”, proclamó Pérez en su discurso de victoria, sin rodeos, marcando el tono de un mandato que arranca bajo presión tras dos temporadas consecutivas en blanco, sin un solo gran título en 2025-26.

Mourinho, a un paso del segundo acto

La consecuencia política tiene traducción inmediata en el césped. El resultado abre la vía para que Mourinho sea anunciado como nuevo entrenador de Real Madrid tan pronto como este lunes. El técnico portugués, de 63 años, está listo para regresar trece años después de su última etapa en Chamartín.

Madrid pagará a Benfica una cláusula de rescisión que se sitúa en torno a los 15 millones de euros, una inversión considerable por un entrenador que ya conoce la casa, el entorno y la exigencia. No es un fichaje cualquiera. Es una apuesta.

Pérez no se escondió en su mensaje al madridismo. “Seguiremos sintiendo orgullo por el estadio Santiago Bernabéu, el mejor estadio del mundo”, afirmó, antes de enlazar directamente con el nombre propio del día. “Orgullosos de tener a los mejores jugadores del mundo, orgullosos de volver a acoger a uno de los mejores entrenadores del mundo, un madridista como José Mourinho”.

El guiño no es casual. La campaña ya había dejado pistas claras. En un breve vídeo difundido en la cuenta oficial de Instagram de la candidatura de Pérez la semana pasada, Mourinho aparecía con una camiseta de Real Madrid y una sola palabra: “Yes”. Un gesto mínimo, pero elocuente. El pacto estaba en marcha.

Recuerdos de 2010 y una rivalidad feroz

Mourinho llegó por primera vez a Real Madrid en 2010. Permaneció tres temporadas intensas, de alto voltaje emocional y futbolístico. Se llevó una Liga, una Copa del Rey y una Supercopa de España en plena era de dominio del Barcelona de Pep Guardiola. Aquella etapa dejó títulos, tensión, divisiones internas y una rivalidad con el Barça que marcó una época.

Ahora vuelve a un club que no levanta un gran trofeo desde hace dos campañas. El contexto es distinto, pero la exigencia es la misma. Quizá mayor. Apostar por un técnico tan carismático como divisivo supone un riesgo evidente para Pérez, que se la juega con una figura que genera adhesiones inquebrantables y críticas feroces a partes iguales.

El presidente, sin embargo, insiste en la misma línea de siempre: ganar. “Seguiremos trabajando para que Real Madrid siga ganando títulos”, reiteró. Y elevó el listón sin disimulo: “Y lucharemos hasta el final para lograr la 16ª Copa de Europa”.

Ese es el encargo. Ese es el listón para Mourinho.

Riquelme, Haaland y un proyecto que no fue

En el otro lado de la papeleta quedó Enrique Riquelme, derrotado pero con un mensaje que resonó durante la campaña: la promesa de fichar a Erling Haaland, delantero de Manchester City y estrella de la selección de Noruega, si alcanzaba la presidencia. El gancho electoral no fue suficiente para desbancar al actual mandatario, pero reveló el tono ambicioso del debate interno.

La masa social, sin embargo, optó por la continuidad. Real Madrid sigue en manos de sus socios, únicos propietarios del club y responsables, con su voto, de decidir el rumbo institucional. Pérez quiso subrayar ese vínculo en uno de los momentos clave de la noche: “Tened la seguridad de que, conmigo como presidente, Real Madrid ha sido, es y seguirá siendo siempre propiedad de sus socios”.

No es solo una frase. Es la base del poder que le permite ahora cerrar la vuelta de Mourinho y diseñar un nuevo proyecto deportivo sin tutelas externas.

La pregunta ya no es si volverá el portugués. Es cómo será recibido en un Bernabéu remodelado, más imponente que nunca, y cuánto tiempo tardará en convertir esa promesa de la 16ª Copa de Europa en una amenaza real para el resto del continente.