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España-Bélgica: un duelo histórico en cuartos de final

La Copa del Mundo entra en zona de verdad. España, campeona de Europa y única selección que aún no ha encajado un gol en el torneo, se mide a una Bélgica que llega lanzada tras eliminar a los coanfitriones Estados Unidos con un contundente 4-1. El premio es mayúsculo: una plaza en semifinales ante Francia, el martes, en el AT&T Stadium de Arlington.

El escenario, SoFi Stadium en Inglewood (California). La cita, este viernes 10 de julio, con inicio a las 12.00 hora local de la Costa Oeste, las 20.00 en Reino Unido. Un cuarto de final que enfrenta al número 3 del ranking FIFA (España) contra el 8 (Bélgica). Sobre el papel, favorito claro. Sobre el césped, otra historia.

España: un muro que aún no ha sido puesto a prueba del todo

El camino de la selección de Luis de la Fuente ha sido impecable en números y sobrio en sensaciones. Primero, liderato en el Grupo H con siete puntos: 0-0 inicial ante Cabo Verde, goleada 4-0 a Arabia Saudí y un trabajado 1-0 contra Uruguay. Después, 3-0 a Austria en dieciseisavos y un 1-0 a Portugal en octavos, resuelto en el descuento con el cabezazo de Mikel Merino.

El dato que manda es otro: cinco partidos, cinco porterías a cero. Unai Simón encadena 609 minutos sin encajar entre este Mundial y el de 2022, una nueva marca histórica. Aymeric Laporte y Pau Cubarsí han sostenido la zaga con una autoridad que encaja con la identidad del equipo: mandar con balón, comprimir el campo con una presión alta coordinada y recuperar muy arriba. España domina por posesión, pero también por territorio.

El matiz está arriba. El ataque no ha tenido la continuidad del sistema defensivo. Mikel Oyarzabal firmó dos dobletes, ante Arabia Saudí y Austria, pero frente a Uruguay y Portugal al equipo le faltó filo en los metros finales. La estructura funciona; la pegada, no siempre.

Hay señales, no obstante. Lamine Yamal, que cumple 19 años el lunes, y Rodri han ido creciendo en ritmo y sensaciones conforme avanzaba el torneo. El extremo del Barcelona aún no ha explotado en esta Copa del Mundo, contenido por Nuno Mendes primero y por Nelson Semedo después en el duelo de octavos. La sensación es que está cargando el muelle.

La gran duda de De la Fuente se concentra en la mediapunta. Dani Olmo ha firmado un torneo correcto y fue de los pocos atacantes que brilló ante Portugal, pero Merino reclama minutos tras su gol decisivo en el 91. Otra pieza en cuestión es Pedri, lejos de su mejor nivel: la puerta se le abre a Fabián Ruiz. En la izquierda, Álex Baena parece haber ganado el sitio gracias a su fiabilidad y su entendimiento con Marc Cucurella.

España llega sin ruido, sin goleadas escandalosas, pero con la sensación de estar afinando justo cuando la competición se estrecha.

Bélgica: un giro de guion que ha cambiado la cara del torneo

El recorrido belga ha sido mucho más accidentado. Líder del Grupo G con cinco puntos, sí, pero dejando dudas: 1-1 ante Egipto, 0-0 frente a Irán y un 5-1 final contra Nueva Zelanda que maquilló un arranque sin identidad clara.

Todo cambió en el tramo final del cruce de treintaidosavos frente a Senegal. Bélgica perdía 2-0 a falta de cinco minutos para el 90. Estaba fuera. Entonces, Rudi Garcia rompió el libreto: sentó a Jeremy Doku, dio entrada a Dodi Lukebakio, retiró a Kevin De Bruyne y apostó por Nicolas Raskin, un centrocampista más de recuperación que de pase definitivo. Sobre el papel, un movimiento conservador. En el césped, un punto de inflexión.

Romelu Lukaku y Youri Tielemans forzaron la prórroga con dos goles en el tramo final y el propio Tielemans, desde el punto de penalti, cerró el 3-2. Ese giro táctico se consolidó después. Ante Estados Unidos, Raskin repitió como titular junto a Amadou Onana y Tielemans, dando equilibrio y piernas a un equipo que antes sufría para presionar y para ganar segundas jugadas.

La mala noticia para Bélgica fue la lesión de Onana, que se rompió el ligamento cruzado anterior en el minuto 21 de su primer partido como titular en el torneo. Entró Hans Vanaken y el equipo no perdió el control ni la autoridad en la zona ancha. Desde ahí, Bélgica manejó a los estadounidenses y remató con contundencia (4-1), apoyada de nuevo en la profundidad de banquillo: Lukaku y Doku, lanzados cuando el partido ya se había abierto.

El nuevo orden tiene una consecuencia pesada: De Bruyne y Doku apuntan de nuevo al banquillo ante España, como ya ocurrió frente a Estados Unidos. García ha encontrado una base más sólida, menos dependiente del talento individual, a la que puede añadir chispazos de sus estrellas cuando el partido esté maduro.

Duelos clave: bandas encendidas y una batalla sin balón

El partido huele a resolverse en los costados. Lamine Yamal es uno de los mayores desequilibrios individuales del torneo, aunque aún no haya encendido del todo la mecha. Su sociedad con Pedro Porro por la derecha deja destellos de lo que puede ser un tormento para cualquier lateral. Si Bélgica, que ya ha mostrado grietas atrás, no ajusta bien, la noche puede hacerse muy larga.

En la izquierda, Cucurella y Baena han construido una vía de agua para los rivales a través de las sobrecargas. Sus movimientos sin balón, los desmarques a la espalda y las llegadas desde segunda línea ya desbordaron a Austria. España no vive solo de la posesión; también de esos golpes inesperados desde la banda menos mediática.

Bélgica, por su parte, ha convertido las subidas de sus laterales en un arma recurrente. Las carreras sin balón para liberar a los extremos y atacar el área con centros rasos fueron decisivas en el 5-1 a Nueva Zelanda. No es casualidad que ambos equipos figuren entre los mejores del torneo en ocasiones generadas desde centros bajos: tres cada uno, el máximo junto a Países Bajos y Suiza.

Hay otro plano que puede inclinar el duelo: el trabajo sin balón. España contra-presiona con ferocidad en cuanto pierde la posesión. Esa reacción inmediata ha estrangulado a casi todos sus rivales. Bélgica, en cambio, ha sufrido cuando los contrarios han logrado superar su primera línea de presión. Suma seis errores que han terminado en disparo en contra, solo superada por Estados Unidos y Brasil, con siete. Ha concedido 53 tiros en total, casi el doble de los 29 que ha permitido España.

Si el partido se parte, el favoritismo español se multiplica. Si Bélgica consigue que el encuentro se juegue a ráfagas, con transiciones largas y espacios, la historia cambia.

Nombres propios: talento contenido y liderazgo silencioso

El foco mediático apunta a Yamal, pero España ha encontrado en Dani Olmo un faro cuando el ataque se atasca. Su movilidad entre líneas y su capacidad para acelerar la jugada han mejorado al equipo desde que entró en el once. Merino llega con la moral por las nubes tras su cabezazo ante Portugal, y Rodri mantiene el pulso del equipo con una autoridad que se ha vuelto costumbre.

En Bélgica, el brillo es coral. Romelu Lukaku y Kevin De Bruyne pueden no estar en el once, pero Leandro Trossard se ha erigido en generador principal: lidera el torneo en ocasiones creadas, con 17. Tielemans, además de su peso goleador en la remontada ante Senegal, aporta pausa, lectura y esas llegadas al área que desordenan cualquier sistema.

Hay un dato que retrata bien a esta Bélgica: ha visto cómo 32 de sus disparos eran bloqueados por rivales, más que ningún otro equipo. Solo 14 de sus 107 tiros han sido “claros”, con cero o un defensor entre el rematador y la portería. Ha marcado 13 de esos 14, una eficacia superior a la de Francia, Inglaterra y la propia España en ese tipo de situaciones. Cuando ven la portería limpia, castigan.

España también guarda una estadística que explica su identidad: ha tirado 18 veces la línea del fuera de juego con éxito, más que nadie. Y es el equipo que más veces ha recuperado el balón en el último tercio del campo, 36. Su fútbol nace del balón, pero se sostiene en el trabajo sin él.

Historia y cicatrices compartidas

España y Bélgica se conocen desde hace más de un siglo. Se han enfrentado 23 veces desde aquel 3-1 para los belgas en los Juegos Olímpicos de Amberes 1920. El duelo más recordado, hasta hoy, llegó en México 1986, también en cuartos de final. Jan Ceulemans adelantó a Bélgica con un cabezazo en plancha, Juan Señor igualó con un trallazo desde 30 metros a cinco del final y todo se decidió en los penaltis. Jean-Marie Pfaff detuvo el lanzamiento de Eloy Olaya y abrió una herida: desde entonces, España solo ha ganado una de cinco tandas mundialistas.

La revancha parcial llegó en Italia 1990, con un 2-1 en la fase de grupos que dio el liderato a España y dejó a Bélgica segunda. Ya en este siglo, la balanza se ha inclinado claramente hacia el lado español: cinco victorias en cinco partidos, incluidas dos en la fase de clasificación rumbo a Sudáfrica 2010. Aquel 5-0 en Riazor fue una declaración de intenciones de lo que vendría después.

El último precedente data de septiembre de 2016, un amistoso en Bruselas resuelto con un 0-2 para España. Aquella noche estuvieron sobre el césped Thibaut Courtois, Lukaku, Thomas Meunier y De Bruyne. Hoy, el peso de algunos de esos nombres es distinto, pero la memoria queda.

Mirada al silbato y al horizonte

El árbitro será Michael Oliver, que dirigirá su séptimo partido de Copa del Mundo, más que ningún otro colegiado inglés. Un escenario grande, un partido que promete alta tensión y dos selecciones que viven en el límite de la élite.

Los pronósticos de los analistas señalan una tendencia clara: muchos ven un 2-0 para España, apoyados en su solidez defensiva y en la sensación de que el talento de Yamal está a punto de desatarse. Otros imaginan un choque más abierto, con Bélgica golpeando primero y obligando a los de De la Fuente a remontar.

Lo único seguro es el desenlace inmediato: el ganador se medirá a Francia en semifinales, en un AT&T Stadium que espera otro gigante. La cuestión es quién llegará hasta allí: la España que avanza sin mancharse el traje o una Bélgica que ya ha demostrado que, cuando parece muerta, aún tiene vida en las piernas y pólvora en el área.

España-Bélgica: un duelo histórico en cuartos de final