España aplasta a Inglaterra y la deja al borde del repechaje
Solo un milagro menor separa ya a la campeona de Europa de un paso por los temidos playoffs. Inglaterra no solo perdió en Mallorca: fue arrollada. Un 4-0 demoledor de la vigente campeona del mundo, una exhibición de España que deja a las Lionesses al borde del precipicio camino del próximo Mundial.
El escenario era claro: una derrota por un gol mantenía vivo el sueño de acabar líderes de grupo. Incluso un 1-0, calcando el marcador del duelo de ida, dejaba a Inglaterra con margen. Pero el fútbol no entiende de cálculos cuando un equipo se descompone. Con el criterio del enfrentamiento directo como desempate, este golpe cambia el mapa: con este resultado, a España le basta con ganar a Islandia el martes para asegurar el primer puesto y mandar a Inglaterra a la ruta larga.
Y, siendo honestos, se lo ha ganado. El equipo de Sonia Bermúdez no se limitó a ganar; pasó por encima de Inglaterra. La sometió con la pelota —más del 61% de posesión—, la encerró en su propio campo y vivió en su área: 39 toques en la zona de peligro rival frente a los escasos siete de las visitantes. Un monólogo.
Un golpe temprano, nacido de la furia
Era una misión enorme para Inglaterra, ganar a domicilio a esta España que se siente invencible en casa. Incluso un empate habría sido oro. Pero el plan saltó por los aires antes del descanso.
Los primeros 15 minutos no fueron un desastre inglés. Pero sí revelaron algo inquietante: pases imprecisos, falta de chispa, un ritmo bajo que delataba las casi tres semanas sin competición desde el final de la WSL. El contraste con una España recién salida de su liga, con el núcleo del Barcelona eufórico tras su cuarta Champions, fue brutal. Y para este nivel no hay coartadas.
El primer golpe llegó antes del minuto 20 y llevó sello mallorquín. Un pase erróneo de Lucy Bronze en la salida fue oro para Patri Guijarro. La centrocampista, nacida en la isla, arrancó con determinación, se deshizo de Georgia Stanway con un caño sin perder un ápice de velocidad y soltó un disparo raso desde unos 25 metros. El balón tocó en Esme Morgan, descolocó por completo a Hannah Hampton y terminó en la red.
Las celebraciones de Guijarro destilaban rabia. Segundos antes reclamaba una falta que no le habían concedido. Respondió de la manera más contundente posible.
El tanto dejó tocado al equipo de Sarina Wiegman. Al descanso, el dato era demoledor: una sola acción de Inglaterra en el área rival por 18 de España. Si Salma Paralluelo hubiera estado más fina, el castigo habría sido aún mayor mucho antes.
Putellas huele la sangre
El segundo gol, en el minuto 36, retrató la desconexión defensiva inglesa. Alex Greenwood rompió la línea, se quedó descolgada y habilitó a Alexia Putellas. La estrella española atacó el espacio por la izquierda, se plantó ante Hampton y soltó un zurdazo feroz. La guardameta del Chelsea llegó a tocar, pero el balón se le escapó, dibujó una parábola cruel y cruzó la línea de gol.
Hampton pudo hacer más. Greenwood, también. Y no fueron las únicas. La lista de jugadoras por debajo de su nivel se alargó demasiado para un partido de este calibre.
En la previa, Bronze había asegurado que España “saca lo mejor de nosotras” y que la rivalidad había elevado a ambas selecciones. En el Estadi Mallorca Son Moix, esa frase quedó en evidencia. España volaba; Inglaterra se arrastraba.
El tercer gol fue casi una humillación táctica. Ona Batlle ganó la carrera a Lauren James por la derecha; la inglesa resbaló en la línea de fondo y la lateral española aprovechó para poner el pase atrás. El primer remate de Putellas lo sacó Bronze sobre la línea, el balón dio en el poste, se coló entre las piernas de Greenwood y ahí apareció, de nuevo, Alexia. Más rápida, más despierta, se lanzó al suelo y empujó el 3-0.
Un gol que dolió tanto en el marcador como en el orgullo.
Cambios sin respuesta, fiesta en Palma
Wiegman reaccionó tras el tercer tanto. Entraron Chloe Kelly y Beth Mead por James y Ella Toone. Alessia Russo retrasó su posición para ocupar el rol de mediapunta y, sin una ‘9’ pura en el banquillo —Aggie Beever-Jones se quedó fuera de la convocatoria por decisión técnica—, Lauren Hemp pasó a ejercer como referencia ofensiva, flanqueada por las recién ingresadas.
El dibujo cambió. El guion, no tanto.
Las aproximaciones inglesas fueron tímidas, casi anecdóticas. El verdadero impacto llegó desde el banquillo local. La grada de Palma disfrutaba ya de la exhibición cuando, en el minuto 78, las suplentes cerraron la noche. Aitana Bonmatí, recién incorporada, encontró a Clàudia Pina. La delantera encaró, se perfiló hacia la derecha de Lotte Wubben-Moy y cruzó un disparo imparable. 4-0. Orgía futbolística.
España se permitió incluso algún lujo en los minutos finales, combinaciones largas, toques de más, gestos de confianza. No era solo una victoria. Era una respuesta, casi una venganza simbólica, contra el equipo que la había doblegado en la final de la Euro 2025 menos de un año atrás y que la había derrotado 1-0 en abril en territorio inglés.
Inglaterra, mientras tanto, parecía una sombra de sí misma. Nada quedaba de la solidez que la llevó a aquel título europeo histórico. Ni rastro de la autoridad mostrada en la fase de clasificación antes de aterrizar en Mallorca.
Un examen incómodo y un futuro en duda
La coartada de las lesiones tampoco aguanta demasiado el análisis. Solo falta una pieza capital: la capitana Leah Williamson. El resto del bloque campeón está ahí. Y, sin embargo, el equipo se derrumbó.
Lo que viene ahora para Inglaterra no es solo un partido decisivo ni un simple repechaje en el horizonte. Se avecina una autocrítica profunda. Un análisis incómodo de un grupo que, a un año del Mundial, ha pasado de candidato al título a rezar para no quedarse fuera en una repesca.
España, por su parte, tiene el destino en la mano. Si vence a Islandia, sellará el liderato del grupo y confirmará lo que en Palma ya se vio con crudeza: hoy manda en Europa y ha dejado a la campeona continental mirando de reojo el abismo.





