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Escocia se prepara para un debut complicado en el Mundial contra Haití

Steve Clarke ya había recibido el aviso mucho antes de que el resto levantara la vista. El 4-0 de Haití a Nueva Zelanda en Fort Lauderdale sacudió a más de uno en el mundo del fútbol, pero no sorprendió al seleccionador de Escocia. Él tenía claro desde hace tiempo que el debut mundialista en Foxborough no será ningún paseo.

Escocia apura en New Jersey su última parada antes del gran salto. El sábado, amistoso ante Bolivia. Después, ya sin red, estreno en la fase de grupos contra Haití, el rival que, sobre el papel, ofrece la mejor opción de sumar tres puntos en un grupo que también incluye a la campeona de África, Marruecos, y a Brasil. Sobre el papel. Porque lo que se vio en el Chase Stadium obliga a borrar cualquier condescendencia.

Clarke habló en el Sports Illustrated Stadium con la serenidad de quien se siente avisado desde hace tiempo. “Estuvieron realmente bien la otra noche”, dijo sobre Haití. No son palabras de cortesía. Son una advertencia hacia dentro y hacia fuera.

El técnico escocés apuntó a un viejo vicio británico: subestimar. “Tenemos una costumbre terrible, no solo en Escocia, sino en el Reino Unido en general, de mirar a estas selecciones y pensar que no son muy buenas, o fijarnos en su ranking”, lamentó. Para él, el número al lado del nombre —Haití figura en el puesto 81 del mundo— explica poco. Lo que cuenta es el contexto competitivo. “Juegan en una sección distinta del mundo, así que quizá en su sección sean realmente buenos”.

El amistoso contra Nueva Zelanda reforzó su tesis. “Si los viste jugar la otra noche contra Nueva Zelanda, fueron mucho mejores que Nueva Zelanda”, subrayó. Y ahí se detuvo en el perfil del rival: “Grandes, fuertes, físicos, pero no solo grandes, fuertes, físicos… también técnicos”. Un cóctel incómodo para cualquiera que llegue confiado.

Clarke recordó que la plantilla haitiana no es una colección de desconocidos. “Tienen buenos jugadores que juegan en buenas ligas”, remarcó. Su mensaje, entre líneas, fue claro: quien siga viendo a Haití como la “cenicienta” del grupo no ha estado prestando atención. “Nunca tuve la ilusión de que fuera a ser un partido fácil, y probablemente está bien que alguna gente haya visto cómo jugaron la otra noche, porque va a ser un partido difícil para nosotros”.

Mientras el seleccionador afina el plan para el debut, no piensa levantar el pie en el amistoso ante Bolivia. Ni siquiera el golpe anímico de la lesión de Billy Gilmour le hace cambiar de idea. El centrocampista se perderá el Mundial tras dañarse la rodilla en el 4-1 frente a Curazao el pasado fin de semana, un mazazo para un grupo que regresa a una Copa del Mundo por primera vez desde 1998 y que sueña, por fin, con superar la fase de grupos.

Clarke, con pasado en Reading, West Brom y Kilmarnock, no contempló en ningún momento bajar la intensidad. “¿Quieres que los envuelva en algodón y no entrenen? Hay que trabajar”, lanzó, sin rodeos. Para él, el riesgo forma parte del oficio. “Las lesiones son parte del fútbol. Cuando ocurren, especialmente en las circunstancias en las que le pasó a Billy, es realmente decepcionante”. Hubo un suspiro colectivo, pero el seleccionador no permitirá que el lamento se alargue. “Todos tienen que tomar aire profundamente y seguir adelante”.

El amistoso contra Bolivia, entonces, no será un trámite blando, sino una pieza más del plan. “La selección es sencilla. Tenemos que hacer lo que tenemos que hacer para prepararnos para el partido contra Haití”, explicó. Y eso incluye carga de minutos y pruebas específicas. “Los jugadores necesitan minutos. Necesito ver la posición de uno o dos jugadores en el campo”.

El calendario le concede después una semana completa de trabajo antes del estreno en Foxborough. Siete días para ajustar detalles, pulir sociedades y, sobre todo, reforzar la idea de que nada estará regalado. “Se trata de preparación. No se trata de intentar proteger jugadores ni nada por el estilo”, sentenció.

Escocia vuelve al gran escenario dos décadas largas después. Lo hace con ilusión, con cicatrices recientes y con un seleccionador que rehúye la complacencia. Si alguien aún pensaba que Haití era el rival “amable” del grupo, el 4-0 a Nueva Zelanda y las palabras de Clarke deberían bastar para desterrar la palabra “fácil” del vocabulario de este Mundial.