La encrucijada de Pedri: de estrella a revulsivo en el Mundial
Durante meses, la idea sedujo a todo un país: un doble pivote Rodri–Pedri como columna vertebral de una España capaz de sumar un título mundial al trono europeo conquistado en Alemania hace dos años. Sobre el papel, era casi perfecto. En la hierba de Norteamérica, la realidad ha sido bastante más incómoda para el canario.
Rodri ha vuelto a su versión de Balón de Oro, mandón, limpio en la salida, dueño del ritmo en cada eliminatoria. Pedri, en cambio, se ha convertido en tema de tertulia permanente en casa.
Un talento bajo el microscopio
El torneo arrancó con un dato que, en otras circunstancias, habría blindado cualquier debate: ante Cabo Verde, en ese gris 0-0 del debut, Pedri generó cinco ocasiones de gol, más que nadie sobre el césped. No bastó. El listón que él mismo se ha impuesto es tan alto que el análisis no se quedó en las cifras, sino en la sensación de que no tiró de la selección cuando más lo necesitaba.
Los posteriores resultados de Cabo Verde han matizado aquella decepción inicial de España. Pero el foco sobre Pedri se ha ido estrechando a medida que avanzaba el campeonato: demasiada elaboración, poca pegada. Ningún gol. Ninguna asistencia.
En paralelo, al otro lado de la trinchera emocional del fútbol español, la comparación ha sido inevitable. Mientras Jude Bellingham se ha adueñado de los titulares con actuaciones decisivas una tras otra, parte del madridismo ha disfrutado subrayando que su estrella está “encendiendo” el Mundial mientras el principal generador de juego del Barcelona apenas logra dejar huella. Son futbolistas distintos, roles distintos, alturas de campo distintas. Pero el marcador es implacable: Bellingham marca y asiste; Pedri, de momento, no.
Una suplencia que sacude el tablero
Por eso sorprendió tanto ver el nombre de Pedri fuera del once. Cinco titularidades seguidas en este Mundial, nueve si se cuenta desde Qatar, parecían blindarle. Luis de la Fuente decidió lo contrario. Y lo explicó con una lógica fría: España va sobrada de talento, sobre todo en el centro del campo.
El seleccionador incluso señaló a otro damnificado silencioso: Mikel Merino. Venía de dar un triunfo agónico ante Portugal y volvió a quedarse en el banquillo. No protestó. Entró, trabajó, y repitió como héroe con otro gol decisivo en el 2-1 frente a Bélgica. Ese es el ecosistema que ha construido De la Fuente: jerarquías flexibles, egos contenidos, rendimiento como único argumento.
“Es injusto que Mikel no juegue de inicio, pero también sería injusto dejar fuera a otro”, razonó el técnico. Once plazas, un vestuario lleno de titulares potenciales. Y un mensaje claro: nadie es intocable. Ni siquiera Pedri.
Un crack sin gesto, pero sin chispa
Nada indica que el canario haya encajado mal la decisión. Unai Simón lo desveló tras eliminar a Bélgica: “Lo ha llevado bien. Todos queremos jugar, pero no hay sitio para todos”. El propio guardameta recordó el caso de David Raya y Joan García, porteros de nivel mundial condenados al rol de espectadores de lujo. El objetivo común, ganar el Mundial, por encima de cualquier frustración individual.
La pregunta, sin embargo, ya no es cómo lo asume Pedri, sino qué puede ofrecer ahora. Su entrada ante Bélgica dejó más dudas que certezas. Falló un contragolpe clarísimo con un pase impropio de su precisión habitual, y no logró alterar el guion del partido. Mientras tanto, Fabián Ruiz se ha ganado algo más que una oportunidad: abrió el marcador en Los Ángeles y, como recordó Simón, llega con la autoridad de “un talento inmenso” que acaba de encadenar “dos Champions seguidas”.
De la Fuente lo sabe: Fabián está en un punto de madurez y confianza que pesa mucho cuando se elige un once para medirse a Francia.
Dos Pedris y un dilema
En el fondo, el propio seleccionador ha puesto palabras a una sensación extendida: hay dos Pedris. El de la selección y el del Barça. Ambos son el mismo jugador, pero con trajes distintos.
“Pedri es un jugador de clase, uno de los mejores del mundo, si no el mejor”, ha dicho el técnico, antes de añadir algo clave: “Pero no puede jugar como en el Barça, porque nosotros jugamos diferente. Tenemos a Rodri, así que su socio en el medio es distinto”.
Para De la Fuente, el canario puede actuar como 6, como 8 o como 10. Versatilidad absoluta. El problema es elegir qué versión conviene más ante cada rival. Y Francia no es un rival cualquiera.
España sabe que, si tiene una zona donde puede imponerse a los de Didier Deschamps, es precisamente el centro del campo. Rodri, Fabián, Pedri: tres futbolistas capaces de esconder la pelota durante minutos enteros. Con ellos, La Roja podría monopolizar la posesión y, de paso, reducir el radio de acción del demoledor frente de ataque francés.
El precio sería alto: dejar fuera a Dani Olmo, que se ha adueñado del puesto de mediapunta desde las rondas eliminatorias. Su impacto en el último tercio aún no se traduce en cifras deslumbrantes, pero su capacidad para recibir entre líneas, girarse y acelerar ataques le ha dado a España una vía distinta para dañar.
Titular, revulsivo o sacrificio
De la Fuente ha dejado pistas, aunque no una confesión definitiva. Le gusta el Pedri cercano al área rival, ese que se asocia en corto, engaña con el cuerpo y filtra pases imposibles. Le gusta también su capacidad para “marcar un tono muy bueno, esté o no en su mejor momento”. Pero sus decisiones recientes apuntan a un papel diferente: más revulsivo que director.
Tras el triunfo ante Bélgica, deslizó una idea que suena a plan: Pedri puede aprovechar el desgaste previo de Fabián. Es decir, un relevo de lujo cuando las piernas rivales pesan y los espacios se abren. Equipo por encima del nombre. Complemento más que eje.
La fortaleza de esta España reside precisamente ahí: en la disposición general a aceptar el rol que toque. Que la participación de Pedri esté en discusión resulta extraño, casi antinatural, pero encaja con la profundidad de una plantilla que se permite dejar fuera, de inicio, a futbolistas que serían indiscutibles en casi cualquier otra selección.
“Francia ya ha mostrado un potencial extraordinario, excepcional, pero nosotros también”, ha advertido De la Fuente. El técnico asume que el partido exigirá piernas frescas y la mejor versión de todos. Sin margen para concesiones sentimentales.
La cuestión es si, en este escenario de máximas exigencias, España verá por fin al Pedri del Barça… o si el Mundial quedará como un torneo en el que uno de sus mayores talentos nunca terminó de encontrarse.





