Declan Rice y su capacidad para jugar 60 partidos por temporada
Declan Rice no quiere oír hablar de fatiga. Después de una temporada interminable con club y selección, coronada con la semifinal del Mundial con Inglaterra y un total de 69 partidos, el centrocampista de Arsenal insiste: su cuerpo aguanta el ritmo y su cabeza pide más.
El internacional inglés cerró el curso pasado extenuado, con tramos en los que se le vio justo físicamente con los Three Lions, tras haber sido también pieza clave en el camino de Arsenal hasta la final de la Champions League. Aun así, Rice rechaza cualquier alarma sobre su carga de minutos y se apoya en su propia trayectoria para defenderse.
“Creo que en las últimas seis temporadas, incluso desde mis días en West Ham cuando jugábamos en Europa, he disputado más de 60 partidos cada año”, recordó. “Así que creo que es sostenible porque ya he demostrado que puedo hacerlo”.
Para Rice, la clave no está en el número, sino en el nivel.
“Se trata de mantenerlo, de mantener el nivel y la consistencia en las actuaciones. Para mí, eso es lo principal: aparecer cada semana, dar una buena versión de mí mismo y ayudar al equipo a ganar. He tenido la suerte de poder hacerlo. Y tengo muchísima hambre de volver a hacerlo esta temporada”.
Liberado del lastre físico
El inicio de la nueva campaña ha traído alivio. Arsenal arrancó con buen pie la fase de liga en la Champions League gracias a un disparo de Martin Odegaard que selló el 1-0 ante Napoli, y Rice, más allá del resultado, celebra algo igual de importante: ha dejado atrás la molestia que condicionó su frescura durante el Mundial y que arrastró bajo las órdenes de Thomas Tuchel en Estados Unidos.
“Sí, fue duro”, admitió al repasar sus problemas físicos en la cita mundialista. “Creo que todo el mundo sabía que tenía un problema neural en el isquiotibial. Pero, además, venía de una temporada de Premier League muy exigente, de la Champions League, y luego jugar un Mundial en ese calor realmente pasa factura”.
Rice se define como un futbolista que solo concibe competir al máximo.
“Soy un jugador que sale al campo queriendo estar fresco y dar el 100 por ciento cada vez que me pongo la camiseta de Inglaterra”, explicó. Y ese estándar propio chocó con la realidad de su estado físico.
Hubo partidos en los que se sintió pleno. Otros, no tanto. “Sí, hubo momentos en los que me sentí realmente, realmente bien y momentos en los que sentía que no estaba bien”, reconoció. A todo eso se sumó una enfermedad justo antes del duelo contra Noruega, un contratiempo que terminó de lastrarle. “No ayudó”, resumió.
Esa mezcla de dolencias y desgaste le dejó una sensación clara: frustración consigo mismo. “Solo por no sentirme al 100 por ciento”, confesó. Aun así, también se agarró a los días buenos. “Hubo partidos en los que me sentí realmente bien, como contra Congo. Es una de esas cosas que simplemente tuve que gestionar”.
El punto de inflexión llegó en verano. Sin selecciones, sin giras, sin balón. “En verano me tomé un descanso completo”, explicó. Nada de medias tintas. Parar para volver más fuerte.
Ahora, con Arsenal lanzado en Europa y Rice de nuevo al mando en la medular, la pregunta ya no es cuántos partidos puede jugar, sino hasta dónde puede empujar el techo competitivo de este equipo si mantiene ese nivel de fiabilidad durante otro maratón de temporada.






