Cierre de mercado desata crisis en Everton
La ventana de fichajes de Everton no ha terminado: ha estallado. Lo que debía ser el remate a un verano de reconstrucción se ha convertido en una crisis abierta que apunta directamente a The Friedkin Group y al director ejecutivo Angus Kinnear. La palabra que utilizó la propiedad para definir la ausencia de competiciones europeas la pasada temporada —“fracaso”— ahora rebota sobre ellos.
De Harrison Armstrong al incendio general
La mecha ya estaba encendida. La posible venta de Harrison Armstrong, canterano de 19 años y considerado por muchos el mayor talento salido de la academia desde Wayne Rooney, a Nottingham Forest desató la furia del aficionado. El traspaso, finalmente bloqueado por el propio consejo de Everton ante la reacción tóxica del entorno, dejó claro el clima: la confianza estaba al límite.
El último día de mercado lo rompió todo.
El culebrón Balogun, de fichaje estrella a papelón monumental
Folarin Balogun debía ser el golpe sobre la mesa. Un acuerdo de 40 millones de libras con AS Monaco, el jugador de 25 años dispuesto a dar el salto y los documentos firmados por ambas partes para completar la operación tras el cierre oficial del mercado del martes a las 23.00 BST.
Todo encarrilado. Sobre el papel.
Everton había programado un vuelo a las 8 de la mañana para llevar al delantero a Merseyside. Balogun llegó más tarde de lo previsto y el club, además, se desesperó por la demora en la documentación que debía enviar Monaco. El día empezó torcido y terminó siendo un desastre.
Durante el reconocimiento médico surgieron problemas. A partir de ahí, el plan se desmoronó. Everton intentó reconducir el acuerdo renegociando las condiciones: menos pago inicial, una estructura de variables ligadas al rendimiento y sin tocar las condiciones personales del jugador.
Mientras tanto, el club abrió frentes de urgencia: pidió la cesión de Joshua Zirkzee, que estaba dispuesto a firmar, pero Manchester United se negó a dejarle salir de Old Trafford. También tanteó a Tammy Abraham, pero el delantero decidió seguir en Aston Villa. Ninguna puerta se abrió.
Cuando por fin Everton y Monaco alcanzaron un nuevo acuerdo, a minutos del cierre definitivo, llegó el golpe final: Balogun decidió marcharse de Finch Farm sin firmar. El propio director deportivo de Monaco, Thiago Scuro, explicó después en rueda de prensa que el delantero estadounidense “no estaba cómodo” con el trato recibido durante el reconocimiento médico.
Everton sostiene que apoyó al jugador durante todo el proceso, que fue transparente con los problemas detectados y que se mostró dispuesto a trabajar con Monaco para encontrar una solución que permitiera completar el fichaje. Nada de eso evitó la estampida del delantero ni la imagen de club desordenado.
Un delantero menos… y sin recambio
El bochorno se amplificó por el contexto. Horas antes, Everton había dado luz verde a la salida de Beto rumbo a Fiorentina por 15,5 millones de libras. Y mientras todo se derrumbaba con Balogun, Iliman Ndiaye, el futbolista más creativo de la plantilla, cerraba su traspaso a Manchester City por 65 millones.
Resultado: sin Beto, sin Balogun, sin Ndiaye. Y con una pregunta evidente: ¿cómo es posible llegar al último día de mercado con problemas estructurales tan claros sin tener un plan sólido?
Kinnear, en una entrevista reciente con BBC Radio Merseyside que ahora suena casi irónica, aseguró que la plantilla estaba “en un buen lugar” y que el objetivo era tener “al mejor jugador posible en cada posición” al cierre del mercado. También transmitió el mensaje de los propietarios estadounidenses: no entrar en Europa había sido un “fracaso”. David Moyes admitió que esas palabras le sorprendieron.
Hoy, el término “fracaso” se asocia al palco, no al banquillo.
Moyes, con una plantilla corta y desequilibrada
El “buen lugar” al que se refería Kinnear ha dejado a Moyes en una situación delicada: solo un delantero centro, el aún verde Thierno Barry, y únicamente 18 jugadores de campo senior. Un escenario temerario para un técnico de 63 años que ya había dejado entrever su malestar con el alcance del mercado estival.
Everton ha logrado el regreso de Jack Grealish en calidad de cedido y, por fin, ha resuelto un problema histórico en el lateral derecho con la llegada de Ashley Maitland-Niles desde Lyon por 3 millones de libras. Pero el balance general es demoledor para TFG y Kinnear: la sensación dominante es de enorme bochorno.
Ni siquiera el fichaje del lateral derecho estuvo exento de tropiezos. El club tenía un acuerdo de 9,4 millones por Kenny Tete, de Fulham, pero el traspaso se cayó cuando los londinenses no encontraron sustituto. Maitland-Niles se anunció oficialmente poco después de la medianoche, como solución de emergencia.
El dibujo final de la plantilla habla por sí solo: un único delantero (Barry), un solo lateral derecho (Maitland-Niles) y un solo lateral izquierdo (Vitaliy Mykolenko), después de que el joven Adam Aznou se marchara cedido a Málaga.
La afición se planta
En los últimos días, Everton esquivó por poco un escándalo mayúsculo cancelando la venta de Armstrong. Pero, acto seguido, se metió de lleno en otro, igual de dañino, con el sainete de Balogun y el desmantelamiento de la delantera.
Tras la victoria en la segunda ronda de la Carabao Cup ante Preston North End, Moyes ya había avisado: “Creo que todavía tenemos mucho trabajo por hacer. Necesitamos más jugadores. Nuestra plantilla no es lo suficientemente grande y necesitamos más calidad en algunas áreas si podemos conseguirla”. Sus palabras hoy suenan como un diagnóstico premonitorio.
Las peñas y grupos de aficionados no han tardado en reaccionar. Una petición para pedir la dimisión de Kinnear ya circula entre la hinchada.
“El Everton Fans’ Forum” emitió un duro comunicado denunciando que la plantilla se ha quedado “peligrosamente corta” en posiciones clave. El texto va al corazón del problema: “El final de la ventana de fichajes de este verano deja a los aficionados de Everton con serias preguntas sobre la planificación, el reclutamiento y la toma de decisiones del club. Esto no va de exigir que Everton gaste de forma imprudente. Los aficionados entienden las restricciones financieras bajo las que opera el club. No estamos pidiendo fichajes de relumbrón por el simple hecho de hacerlos. Estamos exigiendo competencia, preparación y responsabilidad”.
“El 1878s”, grupo de voluntarios responsable de las enormes banderas, tifos y coreografías que han dado color al nuevo Hill Dickinson Stadium —y que Moyes llegó a calificar de “increíbles”—, ha dado un paso aún más contundente: anunció que “se retira por el futuro inmediato” en señal de protesta.
En su comunicado, expresan su “decepción y disgusto” por cómo ha transcurrido el mercado, especialmente su tramo final. También explican que no pueden plasmar mensajes ofensivos o derogatorios en sus banderas por las normas del estadio: “Si pudiéramos llenar el campo de banderas para mostrar nuestro descontento, decepción y enfado por toda esta situación, creednos, lo haríamos, pero simplemente no está permitido”.
Fichajes que no tapan el agujero
Entre tanto ruido, Everton sí cerró varias incorporaciones. Llegó Hayden Hackney, elegido PFA Championship Player of the Year, procedente de Middlesbrough. Christian Norgaard fue reclutado desde Arsenal para ocupar el hueco dejado por Idrissa Gueye, aunque el mediocentro danés, de 32 años, está lesionado y sin fecha de regreso.
Se oficializaron también los acuerdos por el joven alemán Merlin Röhl y por el extremo sub-21 inglés Tyrique George, que ya estuvo cedido la pasada campaña. Brennan Johnson aterrizó desde Crystal Palace en un intercambio directo por Dwight McNeil.
Nada de eso, sin embargo, ha logrado tapar la imagen final del mercado: un día de cierre de fichajes convertido en fiasco, una plantilla que, en términos globales, parece más débil que al inicio del verano y una fractura evidente entre grada y palco.
Everton aún no ha emitido un comunicado público que responda a las críticas, a la rebelión de sus aficionados y al golpe a la credibilidad de The Friedkin Group. Las vallas que hay que reparar son muchas.
La cuestión es si el club tiene tiempo —y margen deportivo— para reconstruir algo más que su plantilla antes de que la temporada dicte sentencia.






