Aston Villa conquista Europa 44 años después
Cuarenta y cuatro años después de Múnich, Aston Villa volvió a reinar en Europa. Esta vez no fue Paul McGrath ni Peter Withe. Fue el equipo de Unai Emery, el técnico que ha convertido la Europa League en su territorio particular.
En Estambul, bajo las luces de Besiktas Park y con el Bósforo como telón de fondo, Villa arrasó a un Freiburg desbordado: 3-0, goles de Youri Tielemans, Emi Buendía y Morgan Rogers. Un marcador contundente, una final sin nervios, una noche que cierra un círculo imposible de imaginar cuando el club cayó al Championship en 2016.
De Preston a Estambul
La imagen que quedará para siempre es la de John McGinn levantando el trofeo, rodeado de compañeros que han recorrido con él un camino largo y empinado. El escocés, primer capitán de su país en una final europea grande desde Barry Ferguson en 2008 y el primero en hacerlo con un club inglés desde Graeme Souness en 1984, simboliza mejor que nadie la resurrección de Villa.
Hace siete años, McGinn era el pulmón de aquel equipo que derrotó al Derby County en Wembley para volver a la Premier League. Entonces los viajes eran a Preston entre semana. Hoy, las noches son en Estambul, con 11.000 aficionados claret and blue enloquecidos y hasta un futuro rey, el príncipe William, mezclado entre ellos.
A su lado, nombres que ya forman parte del núcleo duro de esta era: Tyrone Mings y Tammy Abraham, protagonistas de aquel ascenso; Ezri Konsa, Emi Martínez, Ollie Watkins, Matty Cash, llegados en los meses posteriores para construir un bloque que ha ido chocando una y otra vez contra el techo europeo. Semifinales de Conference League en 2024, cuartos de final de Champions la temporada pasada ante el Paris Saint-Germain, siempre a un paso del gran salto.
En Estambul, ese paso llegó. Y llegó con autoridad.
Emery, señor de la Europa League
Thomas Tuchel bromeó en 2021, antes de la Supercopa entre Chelsea y el Villarreal de Emery, diciendo que la UEFA podía rebautizar el trofeo con su nombre. Hoy la frase suena menos a chiste y más a descripción.
Con este título, Emery suma cinco Europa League con cuatro equipos distintos. Solo Carlo Ancelotti, con cinco Champions League, iguala ese número de grandes títulos continentales. El técnico vasco, además, es el primero en conquistar esta competición con tres clubes diferentes: Sevilla (tres veces), Villarreal y ahora Aston Villa.
Él insiste en que no es el “rey” del torneo. Pero para una grada que lo ha visto coger al equipo en el puesto 17 de la Premier y llevarlo a la Champions y a un título europeo en cuatro años, la palabra se queda corta. Emery no solo gana, impone un método. Y en Estambul se notó desde el primer minuto.
Resulta fácil olvidar que Villa no ganó ninguno de sus primeros cuatro partidos de la temporada y que no marcó hasta finales de septiembre. Desde ahí, el giro ha sido brutal: clasificación a la Champions y, como remate, un título europeo mayor. No es una buena racha. Es la obra de un entrenador que ya se sienta, por méritos propios, en la mesa de los grandes de su generación.
Un plan directo, tres golpes letales
El arranque de la final no prometía un festival. Los primeros 40 minutos fueron espesos, llenos de faltas, sin ritmo. Ninguno de los dos equipos encontraba continuidad. Parecía que Villa no acababa de arrancar, pero debajo de esa apariencia se escondía un plan muy claro: saltarse la presión de Freiburg con balones largos constantes hacia Ollie Watkins.
El partido se hacía duro para el espectador, hasta que apareció la pizarra de Austin MacPhee, el entrenador de jugadas a balón parado de Villa. Lucas Digne sacó un córner en corto, pilló despistada a la defensa alemana y Morgan Rogers, con calma de veterano, levantó la cabeza. Colgó el balón a la frontal del área, al espacio justo. Allí irrumpió Tielemans.
El belga enganchó una volea seca, perfecta, que cruzó el área y dejó clavado a Noah Atubolu. Primer golpe. La final, a partir de ese instante, tuvo dueño.
La temporada de Villa ha estado llena de goles espectaculares, con registros ofensivos por encima de lo que marcaban las estadísticas avanzadas. En Estambul volvieron a desafiar la lógica. Cuando Freiburg intentaba recomponerse, apareció Buendía en la frontal. Control, medio metro de espacio y un latigazo con la pierna “mala”, la izquierda, directo a la escuadra.
La parábola de la pelota, girando fuera del alcance de la mano estirada de Atubolu hasta besar la red lateral, fue uno de esos momentos que congelan un estadio. François Letexier ni siquiera dejó sacar de centro: pitó el descanso en cuanto el balón tocó la red. Villa se marchaba al vestuario con un 2-0 que olía a sentencia.
La segunda parte confirmó la sensación. Freiburg corrió más —2,5 kilómetros más como equipo, 102,9 por 100,4—, pero corrió detrás del balón y del resultado. Villa manejó el partido con frialdad, sin conceder espacios, esperando el instante para cerrar la final.
El tercero llegó con la firma de Morgan Rogers, que con 23 años y 298 días se convirtió en el inglés más joven en marcar en una gran final UEFA desde Steven Gerrard en 2001. No fue tan espectacular como los dos primeros, pero sí igual de decisivo. Un remate rápido, clínico, que puso el 3-0 y borró cualquier duda residual.
Curiosamente, las últimas tres finales de Europa League en las que un equipo se fue al descanso con dos goles de ventaja han terminado 3-0: Atlético de Madrid ante Athletic Club en 2012, Atalanta contra Bayer Leverkusen en 2024 y ahora Aston Villa frente a Freiburg. Cuando este torneo se rompe, se rompe del todo.
Un club que vuelve a mirarse en Europa
La victoria en Estambul es el primer gran título de Villa desde la Copa de la Liga de 1996 ante el Leeds United. Tres décadas de espera, treinta años de altibajos, culminan en la que ya es la cota más alta de la historia moderna del club.
El dato pone la hazaña en contexto: el club ha tardado 44 años en regresar a una gran final europea, la tercera mayor sequía de este tipo, solo por detrás de Manchester City (51 años, de 1970 a 2021) y West Ham United (47 años, de 1976 a 2023). No es solo una noche grande; es una corrección histórica.
También es un guiño a una Premier League que domina el mapa continental. Con el título del Tottenham Hotspur el año pasado, es la primera vez desde las dos primeras ediciones de la antigua UEFA Cup, en 1971-72 (Spurs) y 1972-73 (Liverpool), que clubes ingleses se coronan de manera consecutiva en esta competición.
En medio de esa constelación, otro dato singular: Jadon Sancho se convirtió en el primer futbolista en disputar la final de las tres grandes competiciones europeas en tres temporadas seguidas: Champions League en 2023-24, Conference League en 2024-25 y ahora Europa League en 2025-26 con Aston Villa. Tres caminos distintos, un mismo escenario: la última noche.
Cuando los jugadores se retiraban hacia el vestuario, la sensación era clara. Este título no es un accidente. Es el punto más alto, hasta ahora, de un proyecto que ha pasado de sobrevivir en la parte baja de la tabla a discutirle a cualquiera en Europa.
La pregunta ya no es si Aston Villa ha vuelto. La cuestión es cuánto tiempo piensa quedarse en la élite continental.






