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Alex Young: La lucha del defensor de los All Whites contra el cáncer

Alex Young, el zaguero que nunca se escondió, encara ahora el partido más duro de su vida. El histórico defensor de los All Whites y leyenda de Tauranga City AFC, de 77 años, ha sido diagnosticado con cáncer en etapa cuatro. El tratamiento que puede darle una opción real de pelea no está completamente cubierto por el sistema de salud, y sus amigos se han movilizado para reunir los 50.000 dólares necesarios.

Todo comenzó con algo pequeño. Un bulto en la ingle izquierda. Young fue al médico, le derivaron al hospital, y ahí llegó el golpe: un melanoma interno que ya se ha extendido. Hoy el cáncer está en el hígado, en un pulmón y en el pecho. Directo, sin rodeos, como siempre fue él en la cancha.

Durante seis meses recibió Keytruda, un fármaco de inmunoterapia. Pero el efecto se detuvo. La medicina dejó de responder, y Young tuvo que cambiar de táctica. El siguiente paso se llama ipilimumab, un medicamento que en su caso no está financiado por Pharmac.

“Tuve mi primer procedimiento con eso, que cuesta dinero, obviamente. Creo que el primero fueron 10.400 dólares”, explicó. Un inicio de tratamiento que ya marca la magnitud del esfuerzo económico que se viene.

Ipilimumab sí está cubierto para ciertos tipos de cáncer, pero no para la condición específica de Young. Aun así, no se rinde. Este miércoles tiene programada su segunda sesión en Canopy Cancer Care, en Tauranga. En total necesita cuatro tratamientos.

De Escocia a los All Whites

El fútbol ha sido el hilo conductor de la vida de Alex Young. Emigró desde Escocia con unos 16 años y fue escalando categorías hasta convertirse en figura de Hamilton City, donde compartió vestuario con nombres como Keith Nelson. Ahí empezó a forjarse su reputación.

“Soccer es mi deporte y mi vida, supongo”, dice. Una frase sencilla, pero que resume décadas de canchas, viajes y vestuarios.

Su altura —alrededor de 1,93 metros— lo convirtió en un defensor imponente. Firme por arriba, duro al choque. Sus actuaciones ante equipos ingleses de gira, como Bournemouth y Luton Town, llamaron la atención a nivel nacional. En 1977 llegó el premio mayor: fue convocado a la selección de los All Whites.

Más tarde se transformó en jugador-entrenador de Tauranga, donde dejó otra huella: lideró al club a una temporada invicta. Un año perfecto para un equipo que todavía hoy lo recuerda como uno de los suyos.

“Un defensor sin florituras”

En Tauranga City AFC, su nombre no se pronuncia a la ligera. Mark Bougen, socio vitalicio del club y excompañero de Young en los años 70, aún procesa la noticia del cáncer.

Dijo que se quedó helado cuando se enteró. Para él, la imagen de Alex sigue siendo la del central rocoso de antaño. “Lo llamarías un defensor sin florituras, un hombre duro escocés”, recordó Bougen. “Cuando jugaba, no hacía prisioneros”.

Ese carácter, ese rigor competitivo, ahora se proyecta en una lucha muy distinta. La diferencia es que esta vez el rival no está enfrente, sino dentro.

Una comunidad que no lo deja solo

Para ayudar a costear el tratamiento, amigos y cercanos han creado una página en Givealittle. El objetivo es claro: alcanzar los 50.000 dólares necesarios “para darle a Alex la mejor oportunidad posible” frente a la enfermedad.

Los organizadores subrayan algo que muchas familias conocen bien: el peso económico de un tratamiento no financiado es “demasiado para que una sola persona o familia lo soporte, especialmente mientras se lidia con el impacto físico y emocional de un diagnóstico de cáncer”.

Young no aceptó de inmediato la idea de una campaña. No le gusta ser el centro de la atención por algo así. Pero la insistencia y la dedicación de sus amigos lo hicieron cambiar de opinión.

“Cuando vinieron a verme, fueron tan buenos y tenían tantas buenas ideas… Pensé: bueno, si están dispuestos a tomarse todas estas molestias, lo intentaré”, contó.

Hasta el momento de redactar estas líneas, las donaciones rondaban los 2.000 dólares. Una cifra aún lejana del objetivo, pero cargada de significado para alguien que siempre se sintió más cómodo despejando centros que recibiendo ayuda.

Young se declara profundamente conmovido por cada aporte. “Me gustaría agradecerles desde el fondo de mi corazón. Probablemente sean desconocidos. Gracias a todos ellos”, dijo.

El defensor que durante años despejó balones y protegió su área ahora depende de una red distinta: la de una comunidad que se niega a verlo pelear solo. La pregunta es si ese espíritu solidario logrará transformar esta batalla médica en otra de esas remontadas que el fútbol, y la vida, a veces todavía permiten.