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Zinedine Zidane nuevo seleccionador de Francia tras era Deschamps

La noticia que el fútbol francés llevaba años mascando por fin se hizo oficial. La Fédération Française de Football anunció en X que Zinedine Zidane será el nuevo seleccionador nacional. El mito baja del pedestal y se sienta en el banquillo más exigente del país.

El relevo llega apenas dos semanas después del final de la larga etapa de Didier Deschamps, que se cerró con un cuarto puesto en el Mundial y una despedida amarga: un 6-4 ante Inglaterra en su último partido al frente de Les Bleus. Catorce años de mando, 185 encuentros, 120 victorias y una colección de títulos que marcaron una generación.

Del césped al trono

Zidane, 54 años, regresa oficialmente a la escena internacional tras su exitoso paso por el banquillo del Real Madrid. No llega a cualquier sitio: llega a “su” selección, la que ayudó a coronar campeona del mundo en 1998 y que le vio levantar el Balón de Oro ese mismo año.

La conexión entre Zidane y Deschamps no es solo institucional. Compartieron vestuario, brazalete y gloria en aquel Mundial disputado en casa. Uno, cerebro y genio; el otro, capitán y ancla. Hoy, el relevo es simbólico y generacional: el arquitecto del juego toma la herencia del gestor implacable de resultados.

Deschamps deja una huella casi imposible de borrar: campeón del mundo en 2018, campeón de la Nations League 2020-21, finalista de la Euro 2016 y del Mundial 2022. Una era de estabilidad y competitividad constante que ahora entra en manos de un técnico que, en clubes, siempre vivió al filo de la excelencia.

Un estreno sin red

Zidane no tendrá demasiado margen para instalarse. Su etapa al frente de Francia arrancará con un duelo fuera de casa en la UEFA Nations League ante Turkiye, un estreno incómodo por definición. Después, el primer gran reencuentro con su público: Francia recibirá a Italia en el Stade de France el 2 de octubre, una cita con aroma de clásico europeo y escaparate perfecto para medir el pulso del nuevo proyecto.

La expectativa será brutal. No puede ser de otra manera cuando el hombre que toma el mando es uno de los símbolos máximos del fútbol francés. El país que le vio dominar el centro del campo ahora le exigirá que domine los banquillos.

Zidane ya sabe lo que es vivir con esa presión. La diferencia es que esta vez no podrá decidir con un control orientado o un golpeo a la escuadra. Tendrá que hacerlo con listas, pizarras y cambios a tiempo. Y en Francia, con esta generación y este legado, el listón no se mide en partidos ganados, sino en trofeos levantados.