West Ham y su lucha por el ascenso en el Championship
Diez veranos en el London Stadium. Y ahora, el invierno más crudo llega en pleno agosto.
West Ham arranca temporada el sábado con un duelo de Carabao Cup ante Portsmouth que suena a bofetada de realidad: primera ronda, Championship, un gigante reciente de Europa reducido a pelear por salir del barro. El descenso de la Premier League aún resuena en las gradas y en los despachos, donde el club vive un verano de turbulencias que han oscurecido cualquier atisbo de ilusión.
Un gigante de Europa, atrapado en el Championship
Hace no tanto, en 2011-12, el club ya utilizó la segunda categoría como trampolín, ascendiendo a la primera con Sam Allardyce al primer intento. Entonces el Championship fue una pausa, un reseteo. La gran incógnita es si West Ham 2026 puede repetir ese guion.
Las casas de apuestas lo señalan como favorito al ascenso. El papel dice una cosa. El ambiente, otra. El club llega a la nueva campaña con el ánimo erosionado, una estructura de poder en disputa y un propietario convertido en epicentro de la tormenta.
Portsmouth llevará 9.000 aficionados al London Stadium. Habrá ruido, habrá color. La duda es si estará David Sullivan. Los gestores del estadio han recomendado que el ex copresidente, aún copropietario, no acuda por “el potencial de manifestaciones y comportamientos antisociales de algunos espectadores”. Un aviso duro, pero sintomático.
Se espera, sin embargo, que Sullivan aparezca. Pese a que la junta asesora de aficionados ha advertido de que su presencia causaría “ofensa y malestar”. La lectura es clara: quiere vivir la temporada como hincha, mantener su 38,8% y ganar tiempo antes de plantearse vender. A nivel personal, su presencia sería un acto de desafío. El 25 de mayo, el día en que se confirmó el descenso pese a la victoria ante Leeds, tuvo que abandonar el estadio antes del final por motivos de seguridad.
Sullivan, del poder absoluto al banquillo de los acusados
Sobre Sullivan pesa mucho más que un descenso. Niega las acusaciones de conducta sexualmente explotadora y depredadora hacia mujeres, reveladas por un documental de Panorama de la BBC a principios de junio. Antes de la emisión, dimitió de su puesto para “evitar una distracción al club mientras aborda el asunto en privado”. El daño reputacional, sin embargo, ya estaba hecho.
Incluso antes de esas revelaciones, Sullivan era el pararrayos perfecto. Se le acusa de haber pilotado la caída en picado de un club que, en mayo de 2023, levantó la Europa Conference League. El verano siguiente, los 100 millones de libras ingresados por la venta de Declan Rice se diluyeron sin dejar una estructura sólida. El contraste duele.
De aquella noche gloriosa en Praga se mantiene Jarrod Bowen, hoy capitán y figura indiscutible. Ha prometido seguir y liderar el regreso a la élite. Su compromiso es una de las pocas certezas en un entorno plagado de dudas.
Hasta su caída en desgracia, Sullivan actuó en la práctica como director deportivo, para desesperación de técnicos y ejecutivos. Su gran aliada, Karren Brady, se marchó en abril, cortando una relación profesional que venía desde 1990. La vieja guardia se deshace, pero el vacío de poder aún no se ha llenado.
50.000 fieles… y un dueño sin crédito
Pese al descenso, el músculo social sigue ahí: 50.000 abonos vendidos para el asalto al ascenso. La grada no abandona. Lo que sí quiere abandonar es a Sullivan. La prioridad más ruidosa del aficionado es que el propietario desaparezca del mapa del club. Su salida del cargo ejecutivo había encendido una pequeña luz de optimismo. Pero la sucesión se ha convertido en un laberinto.
Daniel Kretinsky, multimillonario checo y dueño de un 27% del club desde 2021, aparecía como heredero natural. Con la dimisión de Sullivan, muchos esperaban su movimiento definitivo. La realidad ha sido más enrevesada: esta semana redujo su participación a justo por debajo del 25%. No es una retirada, sino una maniobra calculada.
En paralelo ha surgido otro rostro muy conocido en la Premier League: Amanda Staveley. Salió de Newcastle en julio de 2024, después de su papel clave en la llegada del fondo soberano saudí, y quiere volver al negocio del fútbol. El pasado septiembre se la vinculó con un intento de entrada en Tottenham; ahora su objetivo es West Ham, con una estructura de financiación similar a la que ya manejó.
En Newcastle, muchos lamentan su marcha por la energía y la red de contactos que aportó. En el este de Londres, una parte de la afición sueña con que pueda provocar el mismo efecto revulsivo.
El botín de los Gold y la partida de ajedrez
La pieza clave del rompecabezas es el 25% que pertenecía al fallecido David Gold, ex copresidente y socio histórico de Sullivan. Su hija, Vanessa Gold, actual copresidenta, controla ahora ese paquete.
Con Staveley en escena, Kretinsky parecía dispuesto a ejercer su derecho de tanteo para comprar ese 25%. Sumado a su 27%, superaría el 50,1% y se vería obligado a lanzar una oferta formal de adquisición total. Para evitar esa obligación, transfirió un 2% a un aliado checo, el empresario Jakub Havrlant, quedándose por debajo del umbral. Un movimiento quirúrgico.
Si Kretinsky adquiere la participación de los Gold, bloquearía de facto las aspiraciones de Staveley. Pero las acciones de Sullivan siguen siendo las que inclinan la balanza. El próximo movimiento de Staveley se espera con atención, casi como un partido más de la temporada.
Fichajes, ventas y una plantilla en reconstrucción
Mientras el palco arde, el césped espera respuestas. El primer refuerzo del verano ha sido Joël Veltman, defensa libre tras su etapa en Brighton y Ajax. Una llegada discreta, en contraste con las salidas millonarias.
Mateus Fernandes se marchó a Tottenham y Crysencio Summerville a Al-Hilal, dejando en caja unos 140 millones de libras, una cifra equivalente a un año de ingresos televisivos de la Premier. Un golpe contable necesario tras el descenso, pero que deja a la plantilla sin dos activos importantes.
La marcha de Freddie Potts, canterano, a Club Brugge por 10 millones ha dolido a una parte de la grada, que ve cómo se sacrifican jóvenes con potencial para cuadrar cuentas. La sensación es clara: “hay que vender para poder fichar”.
En la lista de deseos aparece Troy Parrott, héroe del repechaje mundialista con Irlanda y delantero de AZ Alkmaar. El problema es evidente: convencer a jugadores con mercado europeo para bajar al Championship nunca es sencillo, por mucho nombre que tenga West Ham.
Nuno, calma en medio del caos
En el banquillo sigue Nuno Espírito Santo, contra pronóstico. Muchos daban por hecho su salida tras el descenso, pero el portugués ha optado por quedarse. Su serenidad casi zen contrasta con el nerviosismo que se respira en el entorno del club.
La combinación de la situación de Sullivan, el descenso y la falta de grandes movimientos en el mercado ha disparado la ansiedad. El calendario tampoco ayuda: antes del 1 de septiembre, West Ham se medirá a Burnley, Charlton, Watford y Wolves en liga. Un arranque exigente para un vestuario que aún no sabe del todo quién manda arriba.
En la estructura ejecutiva, Karim Virani ha regresado como director ejecutivo interino. Ya trabajó en el club hasta 2020 y llega tras su paso por Glasgow Rangers. Su misión inmediata es clara: coser, como se pueda, los desgarros internos y presentar una imagen de unidad mínima.
Un estadio brillante… que nunca será del todo hogar
Mientras tanto, el London Stadium sigue recordando al club quién manda. Este verano ha acogido conciertos de Take That y Metallica, y en julio fue escenario de una reunión de la Diamond League en la que Josh Kerr batió el récord mundial de la milla. Este jueves se confirmó una candidatura para albergar el Mundial de Atletismo de 2029, después de un periodo de bloqueo entre el club y los propietarios del recinto.
Cada evento no futbolístico es un recordatorio: diez años después de abandonar el Boleyn Ground, West Ham sigue siendo inquilino, no dueño. Así se firmó en su día, con Sullivan, Gold padre y Brady al frente, y así lo sufre una afición que nunca ha terminado de aceptar el estadio.
El sábado, cuando Portsmouth y sus 9.000 seguidores invadan el este de Londres, el ruido será ensordecedor. La pregunta es si, entre tanto eco de conciertos, atletismo y protestas, el London Stadium volverá a escuchar algo parecido a un rugido de club unido… o si esta temporada será, simplemente, otro capítulo de un ex campeón de Europa tratando de recordar quién quiere ser.






