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West Ham y su batalla corporativa en Championship

West Ham se asoma a su primera temporada en Championship en 14 años con un aire renovado sobre el césped… y un auténtico laberinto en los despachos. Mientras el equipo se rearma, el control del club se ha convertido en una batalla corporativa tan enrevesada como decisiva para su futuro.

Ilusión en el campo, ruido en el palco

El verano había arrancado con buenas señales deportivas. Nuno Espírito Santo confirmó que sigue al mando, Jarrod Bowen hizo lo propio como capitán y referentes del vestuario, y las llegadas de Manor Solomon y Joel Veltman aportaron experiencia a una plantilla que necesita carácter para afrontar el ascenso.

No todo fueron altas. Mateus Fernandes se marchó a Tottenham y Crysencio Summerville puso rumbo a Al Hilal, en la Saudi Pro League. Pese a las salidas y al golpe anímico del descenso, la respuesta de la afición ha sido poderosa: 50.000 abonos de temporada vendidos. Un mensaje claro de que la grada no piensa abandonar al equipo.

Pero mientras el balón empieza a rodar, el futuro del club se decide en otra cancha.

El vacío que dejó Sullivan y la guerra por las acciones

Hace dos meses, David Sullivan dimitió como copresidente tras ser acusado por siete mujeres de comportamiento sexualmente explotador y depredador, acusaciones que él niega categóricamente. Su salida del cargo abrió la puerta a un reajuste accionarial que, sobre el papel, parecía sencillo.

Los otros copresidentes, Vanessa Gold y Daniel Kretinsky, prometieron proteger al club. El plan inicial era claro: aumentar la participación del magnate checo Kretinsky hasta convertirlo en el accionista dominante.

Ese guion duró poco.

La decisión de Gold de vender su paquete accionarial a un consorcio liderado por Amanda Staveley, ex copropietaria de Newcastle United, transformó el proceso en una batalla corporativa de alto voltaje. A partir de ahí, cada movimiento ha añadido una capa más de incertidumbre.

Kretinsky respondió vendiendo un 2% de sus acciones a su compatriota Jakub Havrlant. Un gesto pequeño en porcentaje, enorme en interrogantes: ¿cómo encaja esa operación en los acuerdos de preferencia entre accionistas que rigen cualquier cambio de control en West Ham?

Comunicados, reproches y un acuerdo que nunca llegó

El 13 de junio, una semana después de la renuncia de Sullivan como copresidente y director para centrarse en lo que describió como “acusaciones falsas” tras una investigación conjunta de BBC Panorama y The Times, Gold y Kretinsky emitieron un comunicado conjunto.

En él se declaraban “profundamente preocupados” por las revelaciones y mostraban su apoyo a las mujeres que habían alzado la voz. Condenaban “cualquier abuso de poder” y prometían centrar todos sus esfuerzos en “proteger el futuro de este club de fútbol”.

Pese a esa declaración de intenciones, Sullivan sigue siendo el mayor accionista, con un 38,8%. Y no se ha escondido. Ignoró las recomendaciones de los responsables del London Stadium y las peticiones de grupos de aficionados para que no acudiera al partido de EFL Cup ante Portsmouth.

West Ham ganó 3-1, ante 53.369 espectadores, un registro que destrozó el récord de asistencia en una primera ronda de la competición por más de 18.000 personas. La imagen sobre el césped fue sólida. La sensación en la grada, mucho más ambigua.

A medida que se acerca el debut liguero en Burnley, aquel comunicado de tranquilidad de Gold y Kretinsky parece muy lejano.

Upton Park, el Estadio Olímpico y viejas heridas abiertas

Sullivan arrastra desde hace años una fuerte oposición de parte de la hinchada por su gestión. Junto a su antiguo socio y copresidente David Gold, fallecido en 2023, y Baroness Karren Brady, nunca fue perdonado por un sector de la afición por la mudanza de Upton Park al antiguo Estadio Olímpico en 2016. Para muchos, aquella decisión rompió algo más que un vínculo sentimental.

Brady dejó su cargo de vicepresidenta el 21 de abril para centrarse en otros negocios. Otro nombre histórico que se aparta, otro hueco en la estructura.

En junio, Kretinsky, dueño del 27%, y Gold, con un 25,1%, anunciaron que habían alcanzado un acuerdo para que el checo, también propietario de Royal Mail, pasara a ser el principal accionista de West Ham con un 43%. Los otros socios relevantes —Tripp Smith, Daniel Harris y Terry Brown— estaban, según se explicó entonces, alineados con la operación.

Nada de eso se materializó.

El giro de Gold y el golpe de Staveley

El 1 de agosto, Gold, que había puesto sus acciones en venta en octubre de 2023, confirmó que “el acuerdo original y otras alternativas no pudieron llevarse a término” y anunció que había pactado la venta de toda su participación a un consorcio encabezado por Amanda Staveley.

La reacción de Kretinsky fue de evidente malestar. Admitió que estaba “considerando sus opciones”. Tres días después, se supo que Havrlant había adquirido algo más del 2% de su paquete accionarial.

Aquí empiezan los matices legales. La venta de Kretinsky está sometida a las mismas cláusulas de derechos de tanteo que la de Gold. Y hay debate sobre si esta maniobra podría interpretarse jurídicamente como un intento de bordear obligaciones contractuales ya firmadas.

Como si no hubiera suficientes frentes abiertos, han surgido versiones que apuntan a que el consorcio de Staveley también habría presentado una oferta por la participación de Sullivan. Nada de esto ha sido confirmado públicamente.

Lo cierto es que ni Sullivan, ni Gold, ni Kretinsky, ni Staveley han expuesto aún una estrategia global clara. Cada comunicado resuelve una duda y genera dos nuevas.

Una afición atrapada en una trama sin final

El resultado es un club dividido en los despachos y una grada que no sabe hacia dónde mirar. ¿A quién apoyar? ¿Qué proyecto representa de verdad el futuro de West Ham?

“Este verano teníamos una oportunidad real para pasar página de un periodo bastante miserable, poner a todo el mundo remando en la misma dirección y lanzarnos de verdad a por la temporada”, resume un aficionado veterano, con amplio conocimiento interno del club.

“En lugar de eso, tenemos otro culebrón de West Ham en el palco. Es como Eastenders”.

Mientras Nuno Espírito Santo prepara el once para Burnley y el equipo se acostumbra a los campos de Championship, la pregunta es evidente: ¿quién mandará realmente en West Ham cuando llegue el momento decisivo del ascenso?