Thomas Tuchel y su llegada a Ciudad de México: experiencia agradable
Thomas Tuchel no llegó a México buscando excusas. Llegó a un país que vive el fútbol al límite, a una ciudad que no duerme y a un cruce de octavos de final que puede marcar un Mundial. Y, lejos de alimentar el ruido exterior, el seleccionador de Inglaterra se encargó de apagarlo.
“Ha sido más agradable de lo que esperaba”, admitió el técnico al hablar del trato recibido por la afición local. Nada de ambiente hostil, nada de guerra psicológica desatada. Al menos, no de momento.
Entre vítores, abucheos y blindaje policial
El sábado, la selección inglesa salió de su hotel hacia el entrenamiento con un recibimiento tan caótico como previsible: mezcla de aplausos, abucheos, teléfonos móviles en alto y cánticos cruzados. La escena, típica de un Mundial en territorio futbolero, se jugó esta vez bajo un dispositivo de seguridad reforzado.
A raíz de la queja formal de Ecuador ante Fifa —los sudamericanos denunciaron ruidos de altavoces, motos y bocinas durante la noche previa a su duelo de octavos ante México, que terminó 2-0 para el anfitrión—, el entorno de Inglaterra se blindó.
Miembros de la Guardia Nacional de México formaron un cordón en la entrada del hotel inglés. En la calle, policías antidisturbios custodiaban las vallas que separaban a los aficionados del acceso principal. Un decorado de partido grande.
Tuchel, sin embargo, rebajó cualquier dramatismo: “No tuvimos problemas esta noche y creo que Fifa se ocupó de la situación. Tenemos seguridad alrededor del hotel, así que esperamos dormir bien”.
No quiso alimentar el relato de la selección acosada: “No quiero hablar de problemas que aún no existen. Si llegan, los aceptaremos. La mejor manera de afrontarlo es estar relajados y tranquilos.”
El ruido, el horario y la calma de Tuchel
El técnico fue directo cuando le preguntaron por la posibilidad de noches en vela provocadas por el entorno: restó importancia, incluso tiró de lógica competitiva.
“Tenemos un partido a las seis de la tarde, así que si perdemos algunas horas de sueño, tendremos tiempo para recuperarlas a media mañana”, explicó. Frío, calculador, sin rastro de nerviosismo.
Tuchel insistió en que, hasta ahora, la experiencia en México ha desmentido los peores presagios: “Lo que he vivido hasta ahora ha sido muy respetuoso, muy emocional y muy de apoyo hacia nuestros equipos. Han sido muy respetuosos con todos. Esperamos ser tratados con respeto, y así ha sido. Ha sido incluso más agradable de lo que esperaba.”
La energía de una ciudad que respira Mundial
El entrenador alemán no escondió que el escenario le inspira. Ciudad de México, su ruido, su altitud, su historia futbolística. Todo suma.
“La energía aquí se siente. Te atrapa en cuanto aterrizas y ves la emoción”, confesó. Y ahí elevó el tono: “Este será un partido de Mundial de verdad. Estamos en un lugar icónico, en un estadio icónico y en un cruce de eliminación directa enorme.”
Tuchel habló de “gran escenario” y de cómo eso afila el instinto competitivo de su vestuario: “Lo sientes. Te hace estar más alerta, saca lo mejor de ti. Te hace sentir vivo.”
El lío del horario y un vestuario impermeable
En las horas previas, el partido también se jugó en los despachos. Fifa llegó a plantearse adelantar el encuentro seis horas, de las 18:00 a las 12:00 hora local, antes de dar marcha atrás y mantener el horario original.
Desde fuera, caos. Dentro, según Tuchel, silencio absoluto.
“Dentro de la burbuja fue bastante tranquilo”, relató. “Los jugadores ni siquiera sabían que existía la posibilidad de cambiar la hora del partido.”
Para el alemán, el episodio sirve como recordatorio de algo básico: controlar solo lo controlable. “Este ejemplo demuestra que no debes perder la cabeza. No podemos influir en eso. Tres horas y media más tarde, aterrizas en México y la hora del partido sigue siendo la misma. No merece la pena volverse loco por ello.”
Altitud, ambiente y una idea fija
La altitud de Ciudad de México, el empuje de la grada local, la presión de un Mundial en casa para México. Todo eso está sobre la mesa. Tuchel no lo niega, pero tampoco lo dramatiza.
“Altitud: es lo que es. Afición local: es lo que es”, resumió, casi como un mantra. Y enseguida viró hacia lo que considera la verdadera fortaleza de Inglaterra: “Tenemos espíritu, tenemos compromiso, tenemos pura voluntad y el pegamento en el equipo para superar estas cosas. Sabemos lo que viene. Pero ahí está la belleza de todo esto.”
Inglaterra se prepara para un cruce de octavos que huele a clásico mundialista: un anfitrión envalentonado, un gigante europeo bajo la lupa, un estadio encendido y una ciudad que no entiende de silencios.
El ruido está fuera. Tuchel, por ahora, ha decidido que su equipo viva en otra frecuencia. La noche del domingo dirá si esa calma se convierte en ventaja o en oportunidad perdida.






