Tuchel reconoce error táctico contra Argentina: el cambio a 5-4-1 fue prematuro
Anthony Gordon había encendido la ilusión. Inglaterra mandaba en el marcador y el plan parecía bajo control. Pero el sueño mundialista acabó hecho trizas bajo una remontada furiosa de Argentina. Lo que durante meses se leyó como un problema estructural del fútbol inglés, Thomas Tuchel ya lo asume como un error propio en el banquillo.
En el documental de la FA, Reflections: England's World Cup Journey, el seleccionador rompe el guion habitual y señala directamente a su pizarra. Aquel giro temprano hacia una postura defensiva, pensado para proteger a un grupo agotado y superado por el contexto, terminó por entregar el mando del partido a los sudamericanos.
“Agonía en proporciones épicas”, admite Tuchel en la pieza. A día de hoy, ni siquiera ha sido capaz de ver el encuentro completo ante Argentina. Solo hace unos días, en St George’s Park, se atrevió a repasar algunos clips junto a su cuerpo técnico. “Lo vi con mis entrenadores la semana pasada cuando estábamos en SGP. Mi mente siempre va hacia adelante, hacia adelante. Doloroso. Lo veo ahora por primera vez desde el punto de vista de los comentaristas. Es mi cicatriz, la cicatriz de los jugadores, tengo que vivir con ello. Nadie está más herido que yo. Es una tortura”.
El cambio al 5-4-1 y el miedo a “no sobrevivir”
Tuchel relata con crudeza el momento exacto en el que sintió que el partido se le escapaba. Todo nace de una ocasión concedida justo antes de una pausa para hidratación. Ahí, dice, se apoderó del banquillo una sensación de colapso inminente.
“Concedimos una ocasión justo antes del parón para el agua. Pensé que no íbamos a sobrevivir. Esto es la muerte”, confiesa. “Pensé: ‘Vale, cambiemos a línea de cinco atrás, un 5-4-1’. Fue demasiado pronto para ese estado mental”.
El técnico contextualiza esa decisión en el desgaste acumulado por un calendario extremo: viajes entre diferentes husos horarios, cambios de clima, partidos en altitud. “Fue Congo, Miami y Noruega y luego México y la altitud. Estábamos súper cansados”, recuerda. Quiso blindarse. Acabó encerrado.
Ese repliegue adelantado, diseñado para resistir, dio aire a Argentina. Les cedió metros, balón y, sobre todo, el impulso emocional que tanto pesa en un partido de eliminatoria. Inglaterra se metió atrás media hora antes de lo que pedía el reloj.
El “tackle” de Djed Spence y el giro mental
Para Tuchel, el partido cambia de tono nada más arrancar la segunda parte. No por un gol, ni por una expulsión. Por una entrada. Un choque que, en su cabeza y en la de sus jugadores, encendió todas las alarmas.
“Hay que tener calidad futbolística. Nos preparamos muy bien. Creo que hicimos un buen primer tiempo, fue un partido bastante igualado y sentí que estábamos ahí”, explica. “Pero desde el inicio de la segunda parte vi un cambio. La famosa entrada de Djed Spence. Y me hizo algo a mí, les hizo algo a los jugadores y fue un cambio de mentalidad. Jugamos como si quedaran cuatro minutos, pero quedaba media hora”.
Inglaterra, dice, dejó de jugar el partido que tenía delante y empezó a jugar el que temía. Se aferró a la “hermandad, la mentalidad, la calidad individual” como único salvavidas. Pero al otro lado, Argentina respondía con las mismas armas… y una marcha más.
“Argentina también tiene eso: hermandad, mentalidad, lo ponen todo sobre la mesa y significa el mundo para ellos. Argentina jugó muy, muy rápido. No tenían nada que perder”, reconoce el seleccionador.
El resultado fue una remontada que dejó al grupo roto y a Tuchel marcado. Esa mezcla de miedo, cansancio y repliegue táctico se ha convertido en su referencia negativa, en la escena que no quiere volver a repetir.
Del golpe ante Argentina al bronce contra Francia
Pese al derrumbe anímico, Inglaterra logró levantarse lo justo para asegurar un tercer puesto ante Francia. No era la meta soñada, pero sí una respuesta mínima tras el golpe.
“Aprendes como entrenador. Tienes que jugar como si fuera 0-0. Eso me incluye a mí también”, subraya Tuchel. La lección, para él, es tan táctica como emocional: no adelantar la mentalidad de equipo acorralado cuando el partido aún pide cabeza fría.
El seleccionador cuenta incluso cómo su medalla de tercer puesto se ha convertido en un símbolo inesperado. “Tengo a mucha gente que quiere ver mi medalla. No conseguimos lo que queríamos. Pero sigo muy orgulloso de lo que logramos. Estos jugadores volverán con hambre”.
Esa es la promesa que deja Tuchel entre líneas. La cicatriz no se borrará. Pero el próximo gran torneo dirá si Inglaterra aprendió a no refugiarse demasiado pronto… o si aquella noche ante Argentina será recordada como el inicio de una nueva versión de los Three Lions.






