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Stuttgart derrota a Everton en un amistoso lleno de ocasiones fallidas

En el MHPArena, bajo un sol de agosto que no perdona, Everton cerró su gira alemana con una derrota que dice mucho más que el 3-1 final ante VfB Stuttgart. El marcador cuenta una historia; las ocasiones desperdiciadas, otra muy distinta.

Un arranque torpe y un castigo inevitable

Jarrad Branthwaite, con el brazalete, encabezó al equipo en un once en el que Hayden Hackney debutaba de inicio y Christian Nørgaard seguía ausente del grupo. O’Brien y Branthwaite formaban la pareja de centrales, con Röhl improvisado en el lateral derecho. James Garner, todavía en recuperación tras su cirugía de ingle, volvía a quedarse fuera.

Stuttgart tomó el control desde el saque inicial. Movió la pelota con comodidad, obligó a Everton a correr detrás de las sombras y, muy pronto, dejó claro que el margen de error iba a ser mínimo. Branthwaite frenó una transición peligrosísima y de ahí nació la primera chispa azul: Beto se fabricó una carrera poderosa, ganó metros, pero su último toque regaló el balón a un defensor. Un síntoma de lo que vendría.

O’Brien concedió un córner que casi termina en gol local, con un disparo desde ángulo cerrado que se marchó fuera. Dibling intentó responder con una conducción tímida, sin confianza. Hackney buscó un pase vertical demasiado optimista y Stuttgart volvió a cargar. Tras los primeros diez minutos, al menos Everton empezó a tocar más, a respirar.

El portero de Stuttgart regaló un balón a Alcaraz en la frontal. Era oro puro. El argentino habilitó a Beto y el delantero, con tiempo y espacio, cruzó un remate muy desviado. El equipo inglés robaba bien en el medio, pero perdía el balón con la misma rapidez. El ritmo era bueno; la toma de decisiones, no.

La primera gran ocasión clara para los de Liverpool llegó tras una buena circulación. Hackney se animó desde la frontal y su disparo se fue rozando el palo. Aviso serio. Pero el gol cayó en el otro área, como si estuviera escrito desde el primer minuto. Nartey cazó un balón suelto y lo reventó a la escuadra, por encima de Travers, que solo pudo mirar cómo la pelota se colaba por el techo de la red. Stuttgart 1, Everton 0, y sensación de justicia.

Poco después, Iroegbunam tuvo que abandonar el campo por lesión y dio paso a Keane, rompiendo de golpe la sociedad O’Brien-Branthwaite. Dibling cayó en el área tras una internada, sin respuesta del árbitro, y Stuttgart respondió con una contra mal finalizada. El intercambio de golpes empezaba a animar un amistoso que ya no lo parecía tanto.

Branthwaite lideró una salida desde atrás que terminó en un disparo bloqueado de Röhl. Beto probó una chilena acrobática que se quedó en intento. Alcaraz se liberó por izquierda y sirvió un centro raso y venenoso que Beto no alcanzó por centímetros. Everton empezaba a llegar con continuidad.

Dibling mejoró sus sensaciones, pero su centro careció de fuerza y fue despejado sin apuros. Acto seguido, una cascada de ocasiones se estrelló contra el mismo problema: nadie acertaba en el último toque. Dibling volvió a internarse, tardó un segundo de más en centrar y el disparo de Alcaraz chocó con un defensor.

Röhl, muy activo desde la derecha, encontró a Beto con un pase profundo. El portugués, en lugar de fusilar, decidió centrar al segundo palo. Dibling nunca tuvo opción de llegar. La jugada que resumió la tarde llegó poco después: saque largo de Travers, peinada magnífica de Beto para Röhl, centro medido de vuelta al área… y Beto, solo, frente al gol, se quedó golpeando aire. Increíble. Imposible de explicar para un delantero de su jerarquía.

Everton insistió. Röhl centró de nuevo, Dibling remató y obligó al portero a una estirada abajo junto al poste. En el córner posterior, Beto cabeceó por encima cuando solo necesitaba rozar la pelota. Stuttgart respondió con un latigazo de Mittelstädt desde 25 metros que se fue alto, antes de encontrar una fase de dominio que puso a prueba a Travers.

El guardameta sostuvo a los suyos con una mano prodigiosa a un cabezazo que se colaba en la escuadra, y luego sacó con el pie un disparo raso a quemarropa. Everton volvió a salir con Alcaraz y Röhl combinando bien, pero el último pase hacia Beto seguía sin precisión. El delantero, en otra transición prometedora, frenó inexplicablemente y dejó morir la jugada. El descanso llegó con una sensación clara: el partido podía ir ganando por varios goles… si alguien hubiera sabido definir.

Travers resiste, Beto marca… y la defensa se desploma

Sin cambios, Alcaraz puso el balón en juego en la segunda parte. El guion, sin embargo, giró hacia el lado local. Stuttgart salió con más filo, obligando a Travers a multiplicarse. En un córner, el portero tuvo que salvar incluso un cabezazo de Alcaraz hacia su propia portería, corrigiendo el error del compañero sobre la línea.

Dibling empezó a mostrar más carácter, conduciendo hacia adelante, aunque Beto quedó atrapado entre dos centrales. Una falta señalada a Keane devolvió a Stuttgart al campo rival. Dibling siguió intentándolo, pero sus descargas llegaban siempre un segundo tarde.

Cuando el juego se aceleró, Everton encontró una buena combinación: Dibling filtró un pase para la carrera de Röhl, cuyo centro no encontró rematador. El propio Dibling robó arriba y forzó una falta peligrosa, que el equipo decidió jugar hacia atrás, diluyendo la oportunidad. Stuttgart respondió con un disparo seco al palo, con Travers ya batido. El aviso era serio.

Mykolenko arruinó otra acción prometedora con un centro pésimo. Keane, en cambio, conectó un envío largo perfecto hacia Beto, que protegió bien… para acabar entregando el balón a un defensor con un pase blando. El contraste entre la construcción y el desenlace se hacía ya rutina.

Dibling conectó esta vez con Armstrong, que no logró forzar el córner. Al otro lado, una secuencia de pases rápidos de Stuttgart terminó solo en saque de esquina, justo antes de que el técnico alemán agitara el banquillo en masa pasada la hora de juego. Los locales tuvieron que defender dos córners consecutivos; en el segundo, un cabezazo manso, con King vendido, se marchó por muy poco.

Con los cambios de Everton —Dewsbury-Hall, Ndiaye, Barry y otros entrando desde el banquillo— el partido se fragmentó. Ndiaye soltó rápido a Barry por la derecha, pero el extremo se quedó sin línea de pase y perdió la pelota. Branthwaite se llevó la mano al muslo —o quizá a la rodilla— y encendió las alarmas, aunque aseguró a los fisios que estaba bien.

El premio para Beto llegó en una acción que generará debate. Una buena combinación acercó a Everton al área, el delantero voló por encima del portero en una disputa mínima y el árbitro señaló un penalti muy blando. Beto no dudó desde los once metros y empató el partido en el 72'. Gol de delantero centro, frío, seco. Y, aun así, con un asterisco.

Stuttgart no se descompuso. Encadenó otra serie de pases precisos y rozó el 2-1 con un cabezazo que rozó la parte superior del larguero de King, ya en el campo por Travers. El propio King respondió luego con una parada sencilla a un disparo escorado.

Con la oleada final de cambios, el juego perdió forma. Las líneas se estiraron, los espacios se abrieron y el partido se convirtió en un intercambio desordenado. Stuttgart siguió llegando y fallando, hasta que un despeje defectuoso de Keane regresó al área con intereses. La defensa se quedó mirando, la definición fue fácil y el 3-1 terminó por sellar la tarde.

Everton aún tuvo una última ráfaga en el descuento, tan exagerado como desconcertante: diez minutos añadidos. En un córner, Keane cabeceó y el portero sacó sobre la línea; Ndiaye insistió dos veces en el rechace, con una de las acciones dando la sensación de haber podido cruzar el gol, pero sin tecnología ni concesiones del colegiado. Otro saque de esquina, otro remate —esta vez de Dewsbury-Hall— que botó cerca del palo y se marchó fuera. Y nada más.

Buen ensayo, vieja pesadilla

El pitido final cerró un “buen entrenamiento” en lo físico, con muchos jugadores sumando minutos, roles mezclados —Röhl como lateral, O’Brien retrasado, Hackney asumiendo galones— y un Travers muy sólido hasta su sustitución. Pero la imagen que se queda es otra: un equipo capaz de generar ocasiones suficientes para ganar sobrado… y al mismo tiempo de fallarlas con una facilidad alarmante.

La gira alemana termina con una pregunta que ya no se puede esquivar: ¿cuánto tiempo más puede permitirse Everton dominar partidos y salir derrotado por su propia ineficacia en el área rival?